El jugador que no quiere tirar

21/07/2026 04:02
    Encontramos tiempo para comentar la declaración política del día, para indignarnos en redes sociales o para analizar el último conflicto público, pero no para sentarnos a diseñar la ciudad que queremos dentro de 20 años, no hay proyecto colectivo, no hay visión compartida, no hay una conversación seria sobre el Sinaloa que queremos construir cuando esta tormenta termine y lo más preocupante es que muchos de quienes podrían iniciarla permanecen en silencio.

    En “Inmune a la distracción”, el profesor de la Escuela de Negocios de Stanford Nir Eyal plantea una analogía tan sencilla como poderosa, imaginemos una mesa de billar, una bola de color termina dentro de una buchaca, la pregunta es, ¿qué produjo realmente ese resultado?

    Muchos responderán que fue la bola blanca, otros dirán que el taco, ambos son indispensables; sin ellos el tiro sería imposible, pero ninguno explica el origen de lo ocurrido, la causa de origen fue el jugador. Fue él quien eligió el ángulo, calculó la fuerza, decidió el momento y ejecutó el tiro, la bola blanca y el taco no son más que causas adyacentes; instrumentos necesarios, sí, pero incapaces de actuar por sí solos.

    Pensé mucho en esa analogía durante los últimos meses porque, me parece, describe con precisión el momento que vive Sinaloa, y cómo todos los días discutimos la bola blanca y el taco.

    La inseguridad, la incertidumbre económica, la política nacional, los mercados, la falta de inversión, las decisiones del Gobierno, las crisis internacionales y claro que todo ello influye, sería absurdo negarlo, pero mientras concentramos toda nuestra atención en las causas adyacentes, evitamos hablar de las causas de origen. Evitamos hablar de nosotros mismos, o, más precisamente, de quienes hoy ocupan las posiciones desde las cuales es posible mover la aguja.

    Me refiero a los dueños de empresas, a los presidentes de consejos, a los directores generales, a los rectores, a los dirigentes de cámaras empresariales, a los líderes de organismos civiles, a quienes presiden fundaciones, a los funcionarios que administran instituciones públicas, no porque sean más importantes que el resto de los ciudadanos, sino porque tienen algo que la mayoría no tiene, capacidad material para provocar cambios y esa capacidad implica una responsabilidad.

    Durante demasiado tiempo hemos aceptado una versión muy cómoda del liderazgo, aquella donde basta con que una empresa genere empleos, pague impuestos y obtenga utilidades, todo lo demás pareciera ser responsabilidad exclusiva del Gobierno.

    Creo que esa visión ya no alcanza, las sociedades complejas necesitan liderazgos complejos, necesitan empresarios que no sólo administren balances, sino que también ayuden a construir comunidad, necesitan universidades que no sólo entreguen títulos, sino pensamiento crítico, necesitan organismos empresariales que no únicamente reaccionen a las coyunturas, sino que propongan agendas de largo plazo, necesitan instituciones capaces de convocar, articular y generar proyectos compartidos y, sin embargo, pareciera que vivimos atrapados en una cultura de administración y no de liderazgo.

    Administramos problemas, administramos crisis, administramos la incertidumbre, pero cada vez construimos menos futuro, nos hemos acostumbrado a sobrevivir.

    Eso explica, quizá, por qué encontramos tiempo para comentar la declaración política del día, para indignarnos en redes sociales o para analizar el último conflicto público, pero no para sentarnos a diseñar la ciudad que queremos dentro de 20 años, no hay proyecto colectivo, no hay visión compartida, no hay una conversación seria sobre el Sinaloa que queremos construir cuando esta tormenta termine y lo más preocupante es que muchos de quienes podrían iniciarla permanecen en silencio. Tal vez porque consideran que no les corresponde, tal vez porque resulta más cómodo mantenerse al margen, tal vez porque intervenir implica asumir costos, pero la neutralidad también es una decisión, la inacción también produce consecuencias, no liderar también transforma una sociedad, solo que lo hace en favor de la inercia.

    Sé que existen causas externas enormes, nadie puede ignorarlas, hay factores económicos, políticos y de seguridad que exceden por mucho la voluntad de cualquier empresario o institución y precisamente por eso deberíamos concentrarnos con mayor disciplina en aquello que sí depende de nosotros.

    ¿Qué tipo de cultura organizacional estamos formando? ¿Qué valores estamos premiando dentro de nuestras empresas? ¿Qué proyectos estamos impulsando para fortalecer nuestras comunidades? ¿En qué y cómo estamos invirtiendo? ¿Qué valor estamos generando y qué problemas estamos solucionando? ¿Qué liderazgos jóvenes estamos formando? ¿Qué conversaciones importantes estamos evitando?

    Porque el verdadero liderazgo comienza cuando dejamos de preguntar qué está haciendo el Gobierno y empezamos a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros desde el lugar que ocupamos. Los grandes empresarios del mundo no transformaron únicamente industrias; ayudaron a transformar ciudades, universidades, ecosistemas de innovación y culturas empresariales, comprendieron que dirigir una organización también significa asumir una responsabilidad con el entorno que hizo posible esa organización.

    En Sinaloa contamos con empresarios extraordinarios, con instituciones sólidas y con personas profundamente capaces, lo que hoy parece escasear no es talento, ni recursos, ni inteligencia, lo que escasea es atención y decisión, hace falta alguien dispuesto a convocar, hace falta alguien dispuesto a construir proyectos que trasciendan su periodo, su empresa o incluso su propia vida.

    Hace falta liderazgo, porque mientras seguimos culpando al taco o a la bola blanca, la mesa permanece inmóvil y quizá la pregunta que deberíamos hacernos ya no sea quién provocó el último problema, ni quién tuvo la culpa de la última crisis.

    La pregunta verdaderamente incómoda es otra, si nosotros somos el jugador... ¿por qué seguimos con el taco en la mano sin atrevernos a tirar?

    Gracias por leer hasta aquí, nos leemos pronto.

    Es cuánto.