Celia Cruz cantaba con singular alegría: “La vida es un carnaval”. De manera semejante, Íñigo Pirfano tituló el penúltimo capítulo de su libro Inteligencia musical, con estas palabras: “El mundo es una fiesta”.
Pirfano recordó la importancia de cultivar el asombro para abrirnos al mundo en permanente fiesta: “Y nosotros, ciudadanos del siglo XXI, estamos llamados a descubrir cómo las galaxias, los insectos, una escultura de Bernini, la turbina de un avión, la anatomía de la mano humana o un quinteto de Schubert nos ofrecen ocasiones de sentirnos como invitados excepcionales de esta increíble celebración”.
Sin embargo, en el mundo de apariencias en que nos movemos, buscamos experiencias cada vez más novedosas. Por desgracia, una vez que poseemos lo que buscábamos, pierde totalmente su atractivo y ya no nos satisface.
Por eso, dijo Pirfano: “Una faceta importante de la inteligencia espiritual consiste en esta disposición interior para asistir con estupor al milagro de que el sol salga cada día”. Claro, para eso, recalcó, es fundamental desconectarse del smartphone.
Para vivir en el asombro, reiteró, es importante gozar de la amistad y del cultivo de la música. En cuanto a la primera, es fundamental fomentar nexos de unión y no motivos de separación. Pirfano compartió una anécdota que narró el director de orquesta, Benjamín Zender, sobre una mujer que sobrevivió a Auschwitz:
“Ella me contó que estaban en un tren, camino de Auschwitz, cuando miró hacia abajo, a su hermano, y vio que ya no tenía zapatos. Entonces le dijo “¿por qué eres tan estúpido? ¿es que no puedes cuidar tus cosas?”
Lamentablemente, su hermano no sobrevivió. Al salir de Auschwitz, ella hizo una promesa: dijo que “nunca diría nada que pudiera quedar como la última cosa que había dicho”.
¿Participo en la fiesta?