El osado ataque al Coronel Bravo
Dos versiones y una sola realidad

OBSERVATORIO
28/01/2026 04:02
    Haya sido como haya sido, es la ráfaga que continúa siendo disparada contra instituciones y personas a cuyo cargo está la responsabilidad de proteger a los sinaloenses.

    Aunque la Vocería de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa lo informó como resultado de la participación del Coronel Alejandro Bravo Martínez en el operativo para contener a un grupo armado en el sector Aeropuerto, la conversación pública lo tradujo en ataque dirigido al Jefe de la Policía de Culiacán donde afortunadamente resultaron ilesos él y los demás elementos que repelieron el fuego criminal. Haya sido como haya sido, es la ráfaga que continúa siendo disparada contra instituciones y personas a cuyo cargo está la responsabilidad de proteger a los sinaloenses.

    Un padre y su hija heridos aparecen en los escuetos partes informativos de este nuevo episodio de municiones percutidas e inocentes repercutidos. El terrible panorama del vehículo que transportaba al jerarca policiaco embistiendo a la camioneta de los presuntos facinerosos y el habitual daño colateral que estuvo a punto de provocar nuevas tragedias en el bando de los pacíficos, redundancia de vivencias que primero matan la esperanza.

    Al ser tan frecuente la agresión letal a agentes preventivos en Culiacán y Mazatlán, así como ha sucedido contra elementos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y Estatal Preventiva, la población continúa a su vez sacando conclusiones aventuradas que quizá pudieran no ser como la gente las intuye pero sí tienen bastante proximidad con la realidad de territorios diezmados por la guerra entre organizaciones del narco.

    ¿A cuál narrativa creerle? ¿A la que proviene de fuentes gubernamentales, apresurada y con la intención de no agregarle lumbre al sobrecalentamiento que vive Sinaloa, o la que relata la vox populi sustentada en imágenes que muestran con crudeza los sucesos violentos y las conjeturas intimidantes? Es estar colocados entre la espada de la incredulidad en instituciones que repiten las coartadas del todo bien, y la pared forrada de púas sensacionalistas.

    La lógica de Jean-Paul Sartre, la de hallarle explicación a lo más inaudito, es instalada poco a poco en la vida rutinaria de comunidades urbanas y rurales en vías de normalizar la violencia cotidiana. Las palabras, como lo expone el filósofo francés exponente del existencialismo, no son más que pistolas cargadas, en el caso de Sinaloa con balas de presentimientos disparadas contra la autenticidad.

    Lo volvimos a notar ayer en los aparatosos acontecimientos de la zona contigua al Aeropuerto cuando las imágenes dispersadas en las plataformas digitales desafiaron a la narrativa oficial. En contraparte, para no quedarse atrás, Los estrategas de la seguridad pública hacen bastante bien la labor de ajustar la verdad a realidades alternas en aras de vetarle a los ciudadanos aquellos hechos que le generen mayor zozobra que la existente en la actualidad.

    Minutos después del comunicado de la SSP del Gobierno del Estado, y para no dejar lugar a dudas, la misma Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal del Ayuntamiento de Culiacán confirmó la versión del no atentado contra su titular sino la agresión como consecuencia de haber acudido el Coronel Bravo al sector Bachigualato a coordinar la acción de la fuerza pública contra los sicarios. Fue tardía la precisión porque en el imaginario colectivo había adquirido estatuto de verdad paralela la suposición de la acometida de los esbirros del narco contra el funcionario.

    Adjunta a la cápsula de optimismo, consistente ésta en la detención de cuatro presuntos agresores y el aseguramiento de sus arsenales, y el fuera de peligro de efectivos y mando de la Policía de Culiacán, así como civiles que resultaron heridos, viene el veneno sin antídoto que es el repaso de la jornada de casi 17 meses bajo el horror en que sinaloenses pacíficos son sometidos a la única certidumbre de que seguiremos siendo víctimas, heridos física y emocionalmente, una vez que cese el fuego cruzado entre delincuentes o el que expele el Gobierno conforme sus posibilidades de contención.

    Así, en el dilema de confiar en lo que dicen los servidores públicos o acreditar como verídico lo que las redes traen, fenece cada día la eventualidad de creernos a nosotros mismos. El olor a pólvora, el humo de los inmuebles incendiados, el ruido de las armas de grueso calibre, las sirenas de las ambulancias y el tronido de ponchallantas incrustados en neumáticos impiden escucharnos unos a otros sin poder aunque sea percibir el ¡ay! de dolor de las víctimas.

    Reverso

    Para no empeorar los males,

    Asiéntese en el terrible guión,

    Que no hay daños colaterales,

    Ni contra el Coronel agresión.

    Cuadrante sin Ley

    A la corporación policial o militar que le corresponda la seguridad en el cuadrante que abarca desde la colonia Tierra Blanca, hasta el sector del Tres Ríos donde se ubica una gran plaza que por cierto expele mala vibra, se le debe comunicar que está fallando porque dicha franja urbana ha sido convertida en campo de batalla de la delincuencia que, casualmente, siempre haya despejada la zona sin la necesaria presencia de fuerza pública, para perpetrar allí los más atroces crímenes y aparte con tiempo suficiente los pistoleros para desaparecer como si se los hubiera tragado la tierra. Se supone que la ciudad está sectorizada y que en cada área hay instituciones y mandos con la responsabilidad de aplicar la Ley y lograr el orden, Un jaloncito de orejas no estaría mal.