El Parque Nacional Bajos del Norte cumple dos años: la conservación se construye en comunidad
Iniciamos este nuevo año con buenos deseos y con ganas de celebrar. También nuestros mares mexicanos están de fiesta: el Parque Nacional Bajos del Norte cumple dos años desde su creación.
Esta Área Natural Protegida (ANP), declarada el 8 de enero de 2024, fue un paso crucial para proteger una de las regiones más valiosas del Golfo de México: arrecifes de coral en buen estado de conservación, que forman parte del Banco de Campeche, frente a las costas del estado de Yucatán.
Desde Oceana, junto a otras organizaciones y aliadas de la región, impulsamos esta declaratoria con la convicción de que proteger los ecosistemas clave no solo contribuye a la biodiversidad marina, sino también al bienestar de las comunidades costeras y pesqueras.
La creación de un Parque Nacional es apenas el primer paso. Para que este tipo de áreas protegidas funcionen verdaderamente, es indispensable que cuenten con un Programa de Manejo: un instrumento que defina cómo se van a conservar los ecosistemas, quiénes participan, qué actividades pueden realizarse y cómo se distribuyen las responsabilidades entre los actores involucrados.
Los arrecifes de coral, como los de Bajos del Norte, son espacios de reproducción, crianza y refugio para especies de gran valor ecológico y pesquero. Por ello, conservar estos sitios es también preservar la alimentación, el empleo y la cultura de quienes dependen del mar.
A dos años de la declaratoria, celebramos que el Programa de Manejo de Bajos del Norte está en proceso de construcción. Y lo aplaudimos doblemente, porque se ha comenzado a hacer con la participación de quienes conocen y habitan el territorio: las comunidades pesqueras de Yucatán, autoridades locales, academia, organizaciones civiles y representantes del gobierno. Escuchar sus voces, reconocer sus saberes y abrir espacios reales de participación es lo que hace la diferencia entre un parque que existe solo en el papel y uno que realmente protege y transforma.
Esta historia demuestra que las comunidades no solo son beneficiarias de las áreas protegidas: son aliadas clave para diseñarlas y gestionarlas. Gracias a su involucramiento, hoy estamos más cerca de tener un parque funcional, que sea ejemplo de gobernanza incluyente y conservación efectiva.
Por ello, si bien festejamos la declaratoria, también miramos hacia adelante. Para su próximo aniversario, esperamos contar ya con un Programa de Manejo aprobado, que refleje las prioridades del territorio y garantice un futuro saludable para los arrecifes y para quienes dependen de ellos. Y cuando eso ocurra, será gracias al compromiso colectivo que ha hecho posible avanzar de la protección en el papel a la protección en la realidad.
Porque en Bajos del Norte, la conservación se escribe entre muchas manos.
La autora, Mariana Reyna, es Coordinadora de Ciencia en Oceana