El pragmatismo sepultó a la reflexión crítica

    A pesar de la esclarecedora experiencia de los militantes de nuestro País que participaron en la revolución sandinista, y, sobre todo, del análisis crítico de intelectuales revolucionarios, gran parte de las izquierdas mexicanas, y sobre todo las que participan en Morena, siguen defendiendo una revolución fracasada. Lo cual sólo habla de fanatismo ideológico

    Las izquierdas de Morena (marxistas de diferentes orígenes: maoísta, castroguevarista, leninista, etc.) y la izquierda estatista nacionalista de origen priista que hegemoniza ese partido (como la que encabeza López Obrador) han dejado de lado el análisis teórico y filosófico, así como los principios éticos, dando paso a un pragmatismo sin límites en su quehacer político. Esta es una de las principales razones de su paulatino debilitamiento en el poder.

    Lo anterior es muy evidente cuando cualquier observador atento percibe que, en Morena, no hay un examen crítico y reelaboración teórica de la fallida experiencia de la Unión Soviética y su bloque europeo, así como de las revoluciones cubana, venezolana y nicaragüense.

    La semana pasada, en Nicaragua, Daniel Ortega, su Presidente, confirmó que su gobierno es una clásica dictadura platanera al anunciar que ya no habrá elecciones, lo cual le permitirá a él, a su esposa Rosario Murillo y a sus hijos perpetuarse en el poder, de la misma manera que lo hizo la familia Somoza a lo largo de varias décadas. Ante esas declaraciones, la Presidenta Sheinbaum simplemente declaró que le corresponde al soberano pueblo de César Augusto Sandino decidir los destinos de su nación. Es evidente que esta es una evasiva para, en última instancia, seguir apoyando a Daniel Ortega y la pandilla que gobierna Nicaragua.

    ¿Qué ganan, Palacio Nacional y Morena, cuando siguen respaldando al gorilato centramericano? ¿Las inversiones mexicanas de Su Karne, Lala, Cemex y Claro en Nicaragua justifican la defensa del régimen orteguiano? ¿Es el país centroamericano un actor político relevante en la región como para que México mantenga una estrecha relación con su gobierno? ¿Qué le brinda a México el gobierno de Ortega, más allá de abrir sus puertas a inversiones de poderosas empresas mexicanas? Por cierto, es cómico que la derecha mexicana, en particular, y latinoamericana, en general, diga que en Nicaragua hay un régimen comunista, mientras que Ortega les ha abierto la puerta a grandes empresarios de México y otros países del mundo.

    La verdad es que a la Nicaragua de Ortega la defienden izquierdistas dogmáticos y poderosos empresarios.

    La Revolución Sandinista recibió el respaldo entusiasta de revolucionarios mexicanos nacidos en los 50 y 60. Decenas de amigos y compañeros participaron en ella antes y después de su triunfo, el 19 de julio de 1979. Ellos y ellas arriesgaron su vida por esa revolución. Dejaron años de su existencia reconstruyendo Nicaragua. Pero todos ellos y ellas se dieron cuenta de que en muy poco tiempo el nuevo gobierno se iba corrompiendo y envileciendo. Así como decenas de esos jóvenes mexicanos, cientos de sandinistas, entre ellos varios comandantes, como la heroica Mónica Baltodano, y destacados intelectuales, como Sergio Ramírez, que formaron parte del primer gobierno sandinista, denunciaron el proceso de rápida descomposición de la dirección de Daniel Ortega y otros jefes revolucionarios.

    A pesar de la esclarecedora experiencia de los militantes de nuestro País que participaron en la revolución sandinista, y, sobre todo, del análisis crítico de intelectuales revolucionarios, como Sergio Ramírez, en La marca del Zorro (1990, España: Mondadori), Confesión de amor (1991, Managua: Ediciones Nicarao) y Adiós muchachos. Una memoria de la revolución sandinista (1999, México: Aguilar), gran parte de las izquierdas mexicanas, y sobre todo las que participan en Morena, siguen defendiendo una revolución fracasada. Lo cual sólo habla de fanatismo ideológico.

    Esa Nicaragua y la Cuba de hoy no tienen nada que ver con las convicciones éticas, filosóficas e ideológicas de las izquierdas autocríticas, democráticas y analíticas. De Cuba es inaceptable tanto el intervencionismo trumpiano como la sobrevivencia de un sistema social que ya no da para más. Un régimen de partido único, propiedad estatista casi única y nulas libertades cívicas ha demostrado su inviabilidad.

    Los regímenes de izquierda más exitosos en términos de libertades democráticas y distribución más equilibrada de la riqueza han sido las socialdemocracias nórdicas de la segunda mitad del Siglo 20, así como el actual modelo chino que, aún con pocas libertades cívicas y partido único, pero con un magno despliegue educativo, tecnológico y científico, así como un impresionante desarrollo económico,que ha permitido las inversiones extranjeras, y un combate a la pobreza que nadie ha superado, han sido modelos que nunca siguieron la URSS y los países socialistas de Europa del Este, y muchos menos, Cuba, Venezuela y Nicaragua.

    Morena ha logrado hitos que en México parecían imposibles: reducir la pobreza y aumentar los salarios mínimos por encima de la inflación. También ha fomentado la convicción popular de que las clases plebeyas sean tomadas en cuenta, que pueden reclamar, movilizarse y exigir un mejor nivel de vida. Sin embargo, por otro lado, este partido expresa fuertes tendencias centralistas y autoritarias, así como una inocultable corrupción en muchos de sus gobiernos, alianzas políticas indiscriminadas, contaminadas de inmoralidad e ilegalidad, y, para acabarla de amolar, innumerables gobiernos locales ineficientes.

    Morena se equivoca rotundamente si cree que puede seguir gobernando más allá de dos sexenios si no corrige el alejamiento de sus principios fundadores en base a la autocrítica, el pensamiento analítico, la revisión de las experiencias de izquierda fracasadas y la superación de un pragmatismo político sin límites.