El sistema de salud que dejó de atender

    Los resultados de la Intercensal 2025 revelan un sistema público rebasado: más de 32 millones de mexicanos carecen de afiliación y uno de cada tres debe pagar por atención en el sector privado. Ante este vacío, urge una reforma profunda que unifique la infraestructura sanitaria del País.

    Hay datos que no necesitan demasiada interpretación. Los resultados de la Intercensal 2025 muestran una realidad incómoda: mientras México envejece y las necesidades de atención médica aumentan, el sistema público de salud no está logrando responder.

    Tres de cada 10 mexicanos no cuentan con afiliación a algún servicio de salud. Son más de 32 millones de personas. En apenas cinco años, más de 2.5 millones de personas se sumaron a la población sin afiliación. Pero quizá el dato más revelador no está en quién tiene o no tiene afiliación, sino en dónde termina atendiéndose la gente.

    De los más de 127 millones de mexicanos que requieren atender su salud, 33.3 por ciento lo hace en servicios privados: consultorios de farmacia, clínicas u hospitales privados. Es prácticamente la misma proporción que se atiende en el IMSS: 33.9 por ciento. No es un detalle menor. Significa que uno de cada tres mexicanos está resolviendo su necesidad de atención médica fuera de las instituciones públicas. Y eso ocurre incluso en un país que ha construido una enorme infraestructura sanitaria con recursos públicos.

    El problema se vuelve todavía más evidente cuando miramos a la población sin seguridad social. Las clínicas y hospitales destinados a atenderla, hoy bajo la responsabilidad del IMSS-Bienestar, concentran alrededor de una cuarta parte de la atención. ¿El problema? Su población potencial es cercana a la mitad del País: alrededor de 65 millones de personas. Tenemos, entonces, una paradoja difícil de ignorar: millones de personas necesitan atención, existe infraestructura pública para atenderlas y, aun así, una proporción muy importante termina buscando soluciones en el sector privado.

    La consecuencia no es solamente institucional. Cuando el sistema público no responde, la factura termina en los hogares. Una consulta, un estudio, un medicamento o una hospitalización que deberían resolverse dentro de la red pública se convierten en un gasto que las familias tienen que absorber. Y esto ocurre justo cuando el país está cambiando. México envejece. Y una población que envejece provoca una mayor demanda de servicios médicos. La presión sobre el sistema aumentará.

    Por eso la discusión ya no puede reducirse a cuántas personas están afiliadas a una institución u otra. Necesitamos preguntarnos algo mucho más básico: ¿el Estado está poniendo realmente todos sus servicios de salud a disposición de todos los mexicanos? Hoy la respuesta es no.

    México necesita una reforma que termine con la fragmentación del sistema. Una para que una persona pueda ser atendida donde exista capacidad disponible, independientemente de dónde esté afiliada; que establezca mecanismos de referencia y contrarreferencia que funcionen; que acompañe al paciente con financiamiento; que homologue gradualmente las condiciones laborales y que convierta toda la infraestructura pública en una verdadera red nacional de atención.

    La Intercensal 2025 no sólo nos dice cuántos mexicanos tienen o no afiliación. Nos muestra algo más profundo: el sistema está dejando espacios que las familias están teniendo que llenar por su cuenta. Y mientras, continuarán las reformas a instituciones cuando lo que necesitamos es construir un verdadero sistema de salud.

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    El autor es politólogo con maestría en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).