El Sócrates español

ÉTHOS
05/02/2026 04:00
    Tanto marcó e impactó Sócrates la conciencia de sus discípulos, que muchos lo han comparado con el modelo de discipulado que practicó Jesús. Todas las escuelas y universidades han quedado impregnadas con el olor y sabor de sus enseñanzas.

    En las últimas columnas hemos hablado de la enseñanza y la pedagogía; cómo no recordar, entonces, a una importante figura de maestro de la antigua Grecia, Sócrates, quien enseñó a sus alumnos el cultivo de la virtud sobre todas las cosas.

    Tanto marcó e impactó Sócrates la conciencia de sus discípulos, que muchos lo han comparado con el modelo de discipulado que practicó Jesús. Todas las escuelas y universidades han quedado impregnadas con el olor y sabor de sus enseñanzas, al grado que a otros insignes pedagogos se les ha comparado con esta colosal figura, como aconteció con don Francisco Giner de los Ríos, quien impulsó la Institución Libre de Enseñanza y fue maestro de otros insignes pensadores, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Emilia Pardo Bazán, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, entre otros.

    Tanto impactó Giner de los Ríos a sus alumnos, que lo calificaron con el merecido mote de “El Sócrates español”. Uno de sus alumnos, que queda en el anonimato, expresó: “hablaba mucho, pero siempre como interlocutor, jamás como catedrático. Sus principales empeños eran despertar el anhelo y la curiosidad intelectuales; segundo, formar en cada uno de nosotros la capacidad personal de reflexión”.

    Antonio Machado, precisó: “en su clase de párvulos, como en su cátedra universitaria, don Francisco se sentaba siempre entre sus alumnos y trabajaba con ellos familiar y amorosamente. El respeto lo ponían los niños o los hombres que congregaba el maestro en torno suyo. Su modo de enseñar era socrático: el diálogo sencillo y persuasivo”.

    Miguel de Unamuno, rememoró: “Nunca olvidaremos nuestras conversaciones con él, con nuestro Sócrates español, con aquel supremo partero de las mentes ajenas. Inquiría, objetaba, obligaba a pensar”.

    ¿He tenido la dicha de contar con un maestro como Sócrates? ¿He valorado sus enseñanzas?