Cuauhtémoc Celaya Corella
Desde el cuarto de guerra de Morena, Inge, han comenzado a hablar del fraude electoral. Tema que sólo ellos han tocado, como siempre. Cómo que los datos que dicen las encuestas no los creen, y las que favorecen a su candidato no dan esa tranquilidad para operar un plan de campaña que les cimente la vereda que recorren. Algo ven ellos que no les favorecerá, y se escudan desde ya en el fraude. Elemento que todo perdedor señala, como autodefensa anunciada, ante la realidad que viene. El desmoronamiento posible de esa fórmula electoral se está presentando antes de lo previsto. Han dado ya muestras, como siempre lo han hecho.
Habrá que ver, en esa mezcla tan ortodoxa de ex priistas, ex perredistas, ex panistas, morenistas, exiliados, empresarios, ex maestros, ex líderes, ex funcionarios, y otros muchos que dicen se han sumado al proyecto de López Obrador, cuando los morenistas originales pidan su tajada de pastel en la campaña, y en un trozo de poder, si ganan, y ver la arrebatinga que se generará. Se me hace que puede suceder lo que con Madero, de que cuando llegó al poder no entendió los tiempos y todos se confabularon para que, ante su debilidad y miopía política, avasallarlo y prácticamente maniatarlo desde adentro. Sería lastimoso después de 18 años de añorar el poder, que se volviera una administración de humo y de volteretas, aunque se mantuviera hasta el final, con las consecuencias para toda la población. La que vote por él, la que no vote por él y la que se abstuvo con la cantaleta: para qué voto, si todos son corruptos.
Ante los banqueros en Acapulco, hace más de 15 días, el candidato López Obrador sentenció: Si se atreven a llevar a cabo un fraude electoral, el responsable va a soltar al tigre, y yo no lo voy a detener, yo me iré a Palenque, a mi rancho. Que el responsable lo amarre, si puede.
Con esa sentencia terminó su presentación con los banqueros mexicanos. Con tanta experiencia y conociendo lo que ha sucedido, hace bien en pensar lo que puede pasar, pero hace mal en creer que habrá un fraude. Para empezar, ¿Quién juzgará que lo que sucederá el 1 de julio próximo, desde ya, hay que catalogarlo de fraude? ¿EL propio López? Si es él, el que lo va a hacer, entonces vamos pensando que sí habrá fraude, en caso de que gane cualquiera de los otros contendientes.
Todavía no se abren las campañas formalmente y ya anticipa un resultado, basado en el, sí no soy yo el que gane, el fraude se habrá consumado.
Entonces, bajo esa premisa, el pueblo saldrá a protestar, y haber quién lo detiene. Él no estará para hacer la tarea de detenerlo. Una soberbia en pleno de un ciudadano que ha mostrado en 18 años sus limitaciones como político para aspirar al enorme cargo de gobernar la Nación.
Qué escenario tan catastrófico dibuja el de Macuspana para los días posteriores al 1 de julio.
Imaginemos a una Ciudad de México convertida en un caos, como si un sismo de 8 grados la hubiera atacado, no con colapsos en edificios, ni servicios públicos fracturados, sólo una población que, sintiéndose engañada, corre por viaducto y periférico, se planta en el zócalo, toma el aeropuerto, enfrente los gases lacrimógenos, cimbra Paseo de La Reforma, ataca San Lázaro, mientras el resto del país observa y el mundo reafirma nuestra débil democracia porque uno, sólo uno vio y sintió un fraude. Muy sencillo, cambiemos el escenario si nos da miedo a que el Tigre de Macuspana, como le dijo a los banqueros inquietándolos, ay de ustedes y el resto, si yo no gano, votemos por Morena y sus aliados y preparémonos para lo que siga.
¿Cómo te imaginas los escenarios Inge? Así como lo vaticinó en Acapulco el morenista, o habrá tiro, como dicen en el box, una vez que las campañas comiencen y los perfiles vayan sucediéndose a medida que se vaya sabiendo lo que cada uno de los cuatro, incluyo a la que seguro no será la ganadora, proponga como solución a los problemas de la Nación, al menos los más importantes.
Una gran parte de la población, es cierto, está desanimada, otra más está convencida por quién va a votar y ha hecho sus análisis, otra más, la mayoría es la población ignorante, la que alguna vez utilizó el PRI y le falló, y ahora se ha dejado adormecer con el amor y paz disfrazado de buena voluntad del tabasqueño. Ante una carencia de izquierda en México, no hay contrapeso contra toda la derecha en campaña, y los que piensan, se han cerrado a visualizar un país diferente y proponer cosas distintas para una juventud que por sí misma es un núcleo peligroso si decide no participar, o si lo hace, con el rencor social de cobrarle al Gobierno sus errores y a los políticos rateros sus afrentas.
Con todo eso, México es un circo ahora, y puede darse en julio, el acto central del espectáculo: un tigre suelto, sin domador y sin jaula. ¡Aguas!