El triste final del Partido Sinaloense
Elizabeth Chía: sálvese quien pueda
A la decisión que tomó Elizabeth Chía Galaviz al renunciar a su militancia en el Partido Sinaloense para asumir la secretaría ejecutiva del Sistema para la Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes en el municipio de Ahome, le corresponde inexorablemente la nueva pincelada a la acuarela aflictiva de la desbandada silenciosa que ocurre en las siglas políticas que en 2012 fundó Héctor Melesio Cuén Ojeda como parte de un proyecto político para llegar a ser Gobernador del estado.
La profecía popular en el sentido de que sin Cuén el PAS no tendría razón de ser ni de permanecer procede a cumplirse al pie de la letra porque es el desenlace obligado de organizaciones o causas sociales sujetas a la permanencia de un solo líder sin cuya égida nada perdura. También es derivación normal del uso excesivo de fuentes financieras de procedencia ilegítima que sirven para comprar adeptos sin los necesarios compromisos y lealtades.
Chía, quien fuera uno de los principales cuadros del PAS, lo sabe y tiene conocimiento de que para muchos cuenistas, o ex pasistas hoy, la circunstancia de agotamiento de la otrora maquinaria poderosa que moldeaba militancias pero no convicciones los pone en la disyuntiva de buscar asilos en otros partidos o grupos de poder o bien dejar de apostarle a las ubres política y presupuestal como único reducto del esquema parasitario que canjea principios a cambio de peculios.
El PAS dejó de ser red de protección y fábrica de privilegios y es ahora una herencia política que cae como pesada losa sobre la espalda de Robespierre Lizárraga Otero, cada día más abandonado en la labor de darle mantenimiento a la memoria de Cuén y la factibilidad del PAS. El último de los leales al “maestro” tastabilla pero resiste no obstante que ve venir el momento de que la lápida que carga lo aplaste.
Si bien al presente le corresponde certificar el desmoronamiento de los cimientos de arenas movedizas en que se fincó al PAS, fue en el pasado cuando empezó la demolición por no saber administrar los auges de 2016 con resultados electorales que le agenciaron tres alcaldías, seis diputaciones locales y 47 regidores, y de 2021 que le dieron seis presidencias municipales, ocho escaños en el Congreso estatal y 33 regidurías. Allí empezó la soberbia pasista de creerse todopoderoso e inclusive intentar el ardid del cogobierno al inicio del sexenio de Rubén Rocha Moya.
Sin embargo, fue a partir del 25 de julio de 2024 cuando el colapso del pasismo-cuenismo llegó de manera inesperada debido a la muerte de Cuén Ojeda que ocurrió mientras el ex Rector de la UAS y creador del PAS asistía a una reunión con los narcotraficantes Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán López, sin que la Fiscalía General de la República haya esclarecido a la fecha cómo y por qué ocurrió el homicidio. Sin Cuén Ojeda al frente, el pasismo caminó a ciegas y sin red de protección sobre la cuerda floja del sospechosismo.
Lo más reciente en los menoscabos del PAS es el rompimiento de la actual administración de la Universidad Autónoma de Sinaloa con este partido, bajo la presión que el Gobierno Federal ejerce sobre el Rector Jesús Madueña Molina para que realice la reingeniería financiara y administrativa en la UAS, con la cláusula obligatoria de acabar con lastres e inercias del modelo en el cual la casa de estudios fue madriguera y cantera del pasismo.
Por eso resulta imposible dejar de ver el aciago rastro del PAS en Sinaloa detrás de la decisión de Chía Galaviz para incorporarse al gobierno morenista de Antonio Menéndez de Llano Bermúdez en Ahome. Es sin dudas el más reciente crujido en el proceso de quiebre de una estructura política que se mantuvo sólida durante más de una década y hoy la doblan las crisis de credibilidad, sostenibilidad y rentabilidad electoral.
La llegada de la ex pasista a Sipinna en Ahome escenifica, además, el reflejo adelantado de la demeritada participación que tendrá el PAS en la elección constitucional de 2027, sobrevivencia sujeta a alianzas o pactos con otras fuerzas políticas sin aspirar a grandes y muchas posiciones en gobiernos municipales y diputaciones locales, pues se trata de transitar y resistir en la coyuntura del derrumbe.
Y por si acaso la partidocracia sinaloense quiere aprender algo de las peripecias que viven el PAS y el cuenismo, pues que lea la puntual moraleja para proyectos políticos construidos con endebles bases sociales y que le apuestan a la supervivencia a costa de recursos que le son despojados a obras y acciones de beneficio social.