Así pues, la ciudadanía no solo es un medio para ser libre, sino el modo de ser libre, siendo el buen ciudadano el que intenta construir una buena polis, mediante la búsqueda del bien común a través de la participación política.

    A decir del INE, lo que hoy está sucediendo superará en magnitud lo vivido en 2018. Nunca unas elecciones intermedias habían sido tan grandes y agitadas.

    El hecho no es menor porque, como refieren Lorenzo Córdova y Ernesto Núñez en su libro La democracia no se construyó en un día, “Las elecciones de 2018 marcaron, en muchos sentidos, un parteaguas en la democracia mexicana. [...] El proceso electoral cerró diversos ciclos históricos: uno de 50 años, si se considera el movimiento estudiantil de 1968 como punto de arranque de la democratización de México; uno de 40 años, si se ubica la reforma política de 1977 el inicio del tránsito del régimen político hacia la pluralidad; o uno de tres décadas, si se considera las elecciones de 1988 como el punto de quiebre de la transición. Lo cierto es que la democracia mexicana no nació el 1 de julio de 2018. Las condiciones democráticas estaban ahí, y gracias a ello fue posible el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en su tercera campaña presidencial”.

    Traigo a cuento esta referencia de los ciclos que han ido construyendo el andamiaje de nuestra democracia, porque lo que hoy nos jugamos no es solo la ruptura de un nuevo récord de participación electoral (por cierto, en medio de una pandemia), sino la posibilidad de acortar el tiempo de los periodos referidos.

    Si bien es cierto ahora no está en disputa la Presidencia de la República, podría suceder que, nuevamente, se reconfigure la actual mayoría en el Poder Legislativo y reestructure, por completo, el mapa político del país. También podría suceder lo contrario. Este último escenario apresuraría o acortaría los ciclos, poniendo en riesgo el desarrollo inmediato de una de las principales piezas de nuestra democracia: la ciudadanía. Me explico.

    Conviene recordar que la idea de ciudadanía evoca en la Grecia clásica la situación de la persona en la polis y que, por eso mismo, constituye un elemento básico y originario de la propia noción de política. Quien se encuentra al margen de esta, dice Pérez Luño, “se ve desposeído de su personalidad humana y queda degradado a la condición de mera bestia” o esclavo.

    La condición de ciudadano hacía a la persona un ser libre, no solo para decidir qué hacer con la propia vida, sino para deliberar y decidir sobre aquello que resultaba más conveniente para la polis. Así pues, mientras los ciudadanos discutían en el ágora sobre la cosa pública, los esclavos se hacían cargo de las cuestiones domésticas asociadas a la supervivencia.

    Herederos de esta tradición, como nos recuerda Pérez Luño en su ¿Ciberciudadaní@ o ciudadaní@.com?, los romanos configuraron una idea de ciudadanía que hacía “referencia a un estatus integrado por un núcleo compacto e indesmembrable de derechos y deberes que definían la posición de las personas libres en la República”.

    La Ilustración renovó la noción a partir del ejercicio de la libertad política, haciéndolo explícito en la famosa Enciclopedia, texto icónico de la época, y en el que se afirmaba que:

    1) La ciudadanía es una condición de la persona que vive en una sociedad libre. En comunidades donde impera la tiranía no existen ciudadanos, los cuales, para ejercer como tales, requieren tener garantizado un orden político democrático que permita el ejercicio de las libertades. 2) La ciudadanía es una condición voluntaria que no puede imponerse a ninguna persona, debido a que se desprende de un pacto social que encarna un acuerdo que de manera libre establecen las personas para integrarse y participar en un determinado modelo de organización política. 3) La ciudadanía consiste en un conjunto de derechos y deberes de las personas que pertenecen a un determinado Estado. Vale decir que, en este tiempo, las mujeres, los niños y siervos no poseían la condición de ciudadano.

    De aquel tiempo a la fecha, la ciudadanía, como dice la filósofa española Adela Cortina, ha funcionado como concepto mediador, donde “el ciudadano se ocupa de las cuestiones públicas y no se contenta con dedicarse a sus asuntos privados, pero además sabe que la deliberación es el procedimiento más adecuado para tratarlas, más que la violencia, más que la imposición; más incluso que la votación que no es sino el recurso último, cuando ya se ha empleado convenientemente la fuerza de la palabra”.

    Así pues, la ciudadanía no solo es un medio para ser libre, sino el modo de ser libre, siendo el buen ciudadano el que intenta construir una buena polis, mediante la búsqueda del bien común a través de la participación política. Y, justamente, esto es lo que hoy nos toca hacer, dada nuestra condición de ciudadanos. En nuestras manos está la posibilidad de decidir el rumbo futuro del país, siempre y cuando ejerzamos un voto inteligente.

    ¿Qué sería un voto inteligente? Ese que se aleja del emotivismo, la pereza, la apatía hacia la cosa pública, ayuda a la generación de contrapesos y, entre otras cosas, se mantiene a la distancia del cinismo que se desprende de la sed de venganza.

    Por tanto, más allá de las filias y fobias, el voto inteligente buscaría fortalecer y asegurar, nuestra ciudadanía. Por ello, habría que entregárselo a quien asegure: que los intereses de todos se vean representados; establezca nuevos mecanismos (o mejore los existentes) para promover la participación y deliberación pública; promueva procesos de gestión pública transparentes; tenga completa disposición a rendirnos cuentas; se juegue la piel para que se nos garantice el acceso al conjunto de bienes y derechos requeridos para que nuestra vida florezca independientemente del origen étnico, cultura, costumbres, religión, etcétera. No votar, anularlo o no saber por quién se vota, es lo menos inteligente que podamos hacer.

    Y por no dejar, van unas cuantas preguntas al margen: ¿Investigó si las personas por las cuales va a votar llenaron su 3de3? ¿Conoce cuáles son las motivaciones sociales que les llevaron a participar en la contienda política? ¿Sabe si alguna o alguno de ellos ha estado metido en algún escándalo, especialmente relacionado con la corrupción?