El zigzagueo

20/05/2026 04:02
    La Presidenta mexicana ha conservado, hasta el momento, el privilegio de poder manejar el tiempo y contenido del relato político. Sin embargo, la narrativa es incapaz de disimular la intensidad de presiones que recibe desde Morena, desde una opinión pública cada vez más crítica y desde Estados Unidos. ¿Cumplirá con las exigencias de Washington y entregará a los 10 de Sinaloa a las cortes estadounidenses, o encabezará una cruzada contra los gobernantes y políticos que protegen a los cárteles que su Gabinete de Seguridad Nacional sí combate?

    En 2009, Carmen Aristegui preguntó a Miguel de la Madrid si la “impunidad era necesaria” para gobernar. El interpelado le respondió con una afirmación reveladora: “sí, mucho”. En 2026 el pacto de impunidad entre gobernantes y criminales ha perdido viabilidad y los zigzagueos de nuestros gobernantes lo demuestran.

    A las 6:00 de la mañana del viernes 15 de mayo, el reportero Jorge García Orozco publicó una primicia: la Unidad de Inteligencia Financiera había bloqueado las cuentas bancarias de los 10 sinaloenses y de los hijos del Gobernador con licencia Rubén Rocha. Cuando la noticia empezó a crecer, la UIF y la Presidenta intentaron minimizarla diciendo que era una simple medida “preventiva”.

    Las oscilaciones continuaron ese viernes. La mañanera terminó a las 9:22 y, a las 10:17, la Presidenta informó en X sobre “una cordial y excelente conversación con el Presidente Trump”; le detalló, dijo, todo lo que México está “haciendo en seguridad”. El mensaje buscaba transmitir optimismo y firmeza: la Presidenta aparecía con una gran sonrisa que contrastaba con la severidad de la pintura de Margarita Maza Parada, esposa del Benemérito de las Américas, al fondo. Inmediatamente después, pronunció un discurso por el Día del Maestro, en el que invocó en siete ocasiones la soberanía; los funcionarios que hablaron después la secundaron en el uso del término.

    En ese momento, la atención pública se concentró en la noticia de que el General de División en retiro y ex Secretario de Seguridad de Sinaloa, Gerardo Mérida, había cruzado a pie la frontera por Nogales para entregarse a los Marshals de Estados Unidos. A las 15:00 horas lo emuló el ex Secretario de Finanzas sinaloense.

    Poco después de las 16:00 horas, durante la inauguración de una planta pasteurizadora en Campeche, la Presidenta pronunció un discurso del cual desapareció la palabra “soberanía”. Fue una acción deliberada porque la Gobernadora y otros tres funcionarios hablaron, sí, pero de “soberanía alimentaria”. Nada sobre los reajustes de poder regionales que es imperativo tomar en cuenta.

    México forma parte de la Cuenca del Caribe, una región geopolítica conformada por 27 países. Si comparamos a México con Venezuela y Cuba, resulta evidente la manera diferenciada en que Estados Unidos ejerce su poderío sobre las élites gobernantes de los tres países.

    Los gobernantes venezolanos optaron por la decisión de someterse después del ciclón de fuerza militar utilizado por Washington para capturar al Presidente Nicolás Maduro y llevárselo a una corte neoyorquina.

    Cuba optó por la humillación pública que significó la reunión con el director de la CIA en La Habana, en donde estuvieron altas autoridades cubanas, y el nieto de Raúl Castro. También toleraron que Washington controlara como quiso el relato sobre el evento.

    A las 17:07 del jueves 14 de mayo, la NBC difundió información proporcionada por un funcionario de la CIA destacando el esfuerzo del Gobierno cubano para demostrar que la isla “no constituía una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos”. Cincuenta minutos después, la CIA publicó en redes sociales dos fotografías del encuentro.

    Dos horas después, los periódicos Juventud Rebelde y Granma publicaron una breve “Información del gobierno revolucionario”, donde explican y justifican la reunión con “una delegación presidida por el director de la CIA”. En ninguno de los comunicados hablan de “soberanía”.

    Así pues, la Presidenta mexicana ha conservado, hasta el momento, el privilegio de poder manejar el tiempo y contenido del relato político. Sin embargo, la narrativa es incapaz de disimular la intensidad de presiones que recibe desde Morena, desde una opinión pública cada vez más crítica y desde Estados Unidos. ¿Cumplirá con las exigencias de Washington y entregará a los acusados que faltan de Sinaloa a las cortes estadounidenses, o encabezará una cruzada contra los gobernantes y políticos que protegen a los cárteles que su Gabinete de Seguridad Nacional sí combate?

    Imposible anticipar la evolución o imaginarse los desenlaces. En mucho depende de que la Presidenta abandone esos titubeos que nacen de la dificultad que tiene para asumir la obsolescencia del pacto de impunidad.

    En 2026 es insostenible la sumisión de Miguel de la Madrid que abrió este texto.

    Colaboró Elena Simón Hernández

    En 2009, Carmen Aristegui preguntó a Miguel de la Madrid si la “impunidad era necesaria” para gobernar. El interpelado le respondió con una afirmación reveladora: “sí, mucho”. En 2026 el pacto de impunidad entre gobernantes y criminales ha perdido viabilidad y los zigzagueos de nuestros gobernantes lo demuestran.

    A las 6 de la mañana del viernes 15 de mayo, el reportero Jorge García Orozco publicó en Emeequis una primicia: la Unidad de Inteligencia Financiera había bloqueado las cuentas bancarias de los 10 sinaloenses y de los hijos del Gobernador con licencia Rubén Rocha. Cuando la noticia empezó a crecer, la UIF y la Presidenta intentaron minimizarla diciendo que era una simple medida “preventiva”.

    Las oscilaciones continuaron ese viernes. La mañanera terminó a las 9:22 y, a las 10:17, la Presidenta informó en X sobre “una cordial y excelente conversación con el Presidente Trump”; le detalló, dijo, todo lo que México está “haciendo en seguridad”. El mensaje buscaba transmitir optimismo y firmeza: la Presidenta aparecía con una gran sonrisa que contrastaba con la severidad de la pintura de Margarita Maza Parada, esposa del Benemérito de las Américas, al fondo. Inmediatamente después, pronunció un discurso por el Día del Maestro, en el que invocó en siete ocasiones la soberanía; los funcionarios que hablaron después la secundaron en el uso del término.

    En ese momento, la atención pública se concentró en la noticia de que el General de División en retiro y ex Secretario de Seguridad de Sinaloa, Gerardo Mérida, había cruzado a pie la frontera por Nogales para entregarse a los Marshall de Estados Unidos. A las 15:00 horas lo emuló el ex Secretario de Finanzas sinaloense.

    Poco después de las 16:00 horas, durante la inauguración de una planta pasteurizadora en Campeche, la Presidenta pronunció un discurso del cual desapareció la palabra “soberanía”. Fue una acción deliberada porque la Gobernadora y otros tres funcionarios hablaron, sí, pero de “soberanía alimentaria”. Nada sobre los reajustes de poder regionales que es imperativo tomar en cuenta.

    México forma parte de la Cuenca del Caribe, una región geopolítica conformada por 27 países. Si comparamos a México con Venezuela y Cuba, resulta evidente la manera diferenciada en que Estados Unidos ejerce su poderío sobre las élites gobernantes de los tres países.

    Los gobernantes venezolanos optaron por la decisión de someterse después del ciclón de fuerza militar utilizado por Washington para capturar al Presidente Nicolás Maduro y llevárselo a una corte neoyorquina.

    Cuba optó por la humillación pública que significó la reunión con el director de la CIA en La Habana, en donde estuvieron altas autoridades cubanas, y el nieto de Raúl Castro. También toleraron que Washington controlara como quiso el relato sobre el evento.

    A las 17:07 del jueves 14 de mayo, la NBC difundió información proporcionada por un funcionario de la CIA destacando el esfuerzo del Gobierno cubano para demostrar que la isla “no constituía una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos”. Cincuenta minutos después, la CIA publicó en redes sociales dos fotografías del encuentro.

    Dos horas después, los periódicos Juventud Rebelde y Granma publicaron una breve “Información del gobierno revolucionario”, donde explican y justifican la reunión con “una delegación presidida por el director de la CIA”. En ninguno de los comunicados hablan de “soberanía”.

    Así pues, la Presidenta mexicana ha conservado, hasta el momento, el privilegio de poder manejar el tiempo y contenido del relato político. Sin embargo, la narrativa es incapaz de disimular la intensidad de presiones que recibe desde Morena, desde una opinión pública cada vez más crítica y desde Estados Unidos. ¿Cumplirá con las exigencias de Washington y entregará a los 10 de Sinaloa a las cortes estadounidenses, o encabezará una cruzada contra los gobernantes y políticos que protegen a los cárteles que su Gabinete de Seguridad Nacional sí combate?

    Imposible anticipar la evolución o imaginarse los desenlaces. En mucho depende de que la Presidenta abandone esos titubeos que nacen de la dificultad que tiene para asumir la obsolescencia del pacto de impunidad.

    En 2026 es insostenible la sumisión de Miguel de la Madrid que abrió este texto.

    Colaboró Elena Simón Hernández