En Sinaloa, Claudia por primera vez muestra el pleno poder del presidencialismo

    Esta acción de la doctora Sheinbaum Pardo, en la que la que los gobernadores, senadores y diputados electos durante el periodo de López Obrador, obedecen su dictado, nos sugieren que por primera vez se observa un poder presidencial plenamente autónomo, lejos de Palenque, forzando al ex Presidente a aceptar la decisión de la Primera Mandataria de obligar a Rubén Rocha Moya a dejar el Tercer Piso.

    El caso Rocha Moya tiene implicaciones históricas que van más allá de Sinaloa. Reverberan en todo México y llegan a Estados Unidos. Al parecer, y esta es sólo una hipótesis, su separación de la silla de Gobierno, seguramente definitiva, es el inicio, esperado por algunos dentro de Morena y deseado por muchos fuera de este partido, de la autonomía claudista. Si esto es cierto, esta coyuntura anunció, si no el rompimiento, sí el distanciamiento de Claudia Sheinbaum de la tutela obradorista, aunque no pocos comentaristas, sobre todo de la Ciudad de México, dudan que eso sea así.

    Rubén Rocha Moya recibió oxígeno del señor de Palenque a lo largo de la pesadilla más larga de su vida hasta el momento en que Andy recibió el anuncio del Gobierno de Estados Unidos de que le retiraban la visa, e implícitamente, le enviaban el mensaje al junior y a su padre de que los tenían en la mira. La Presidenta Sheinbaum entendió el mensaje porque no tan sólo corrían peligro los dos Andrés Manuel sino la gobernabilidad nacional, el futuro económico inmediato de México y la fuerza política de Morena para las próximas elecciones; pero, sobre todo, se presentaba la oportunidad para que ella fuera la poseedora única del poder presidencial en el País, y el hijo predilecto de Macuspana se replegara, al menos temporalmente, a proteger a sus hijos y a seguir desde su rancho los acontecimientos políticos de México. Y, sí, quizá temporalmente, porque López Obrador es un auténtico zoon politikón, y una especie de ese talante no renuncia tan fácilmente al poder.

    El otro suceso que hace visible el cambio de riel del poder presidencial en el caso del doctor Rocha Moya, quizá determinado por el retiro de la visa y una implícita acusación por parte de Estados Unidos al junior favorito de Palenque de un delito que aún no sabemos cuál será, es la detención del otro junior, Fausto Corrales, acusado, después de dos años, por falsedad de declaraciones ante una autoridad ministerial y por encubrimiento en el asunto del asesinato de Héctor Melesio Cuén. Este giro de la FGR desechaba la versión incorrecta de la Fiscalía sinaloense y, por lo tanto, ponía contra la pared al ahora ex Gobernador, quien interpretó, correctamente, que Palacio Nacional lo abandonaba y quiso defenderse, erróneamente, con el regreso al Tercer Piso y el fuero constitucional. Rocha Moya, dicen algunos comentaristas, fue respaldado por Andrés Manuel López Obrador en esa decisión, pero si fuese cierto, de nada le sirvió, porque la Presidenta Sheinbaum usó, por primera vez, todo el peso político de los gobernadores, senadores y diputados federales de Morena para prácticamente condenar su regreso al Gobierno de Sinaloa.

    Esta misma acción de la doctora Sheinbaum Pardo, en la que la que los gobernadores, senadores y diputados electos durante el periodo de López Obrador, obedecen su dictado, nos sugieren que por primera vez se observa un poder presidencial plenamente autónomo, lejos de Palenque, forzando al ex Presidente a aceptar la decisión de la Primera Mandataria de obligar a Rubén Rocha Moya a dejar el Tercer Piso.

    A pesar de ello, Rocha Moya intentó que el nuevo relevo fuera de su propia legión, no lo logró, pero los operadores de la doctora Sheinbaum decidieron que fuera Graciela Domínguez, porque al margen de su experiencia y capacidad, es un personaje, si no plenamente diferenciado del rochismo, sí ha expresado una personalidad y trayectoria política propia y no hecha a la sombra del ex Gobernador.

    La Gobernadora interina, al ser interrogada sobre la renuncia de Enrique Inzunza a la bancada de Morena en el Senado, dio una respuesta ambigua: “Desde la perspectiva del movimiento, estamos, somos parte de un movimiento, él es parte y en ese sentido, creo que debió privilegiar eso, que la senaduría corresponde no a un asunto personal”, pero, a su vez, dijo respetar la decisión del Senador.

    En contraste, la virtual candidata de Morena a la Gubernatura de Sinaloa, la Senadora con licencia Imelda Castro, fue más contundente para hablar de la postura de Enrique Inzunza, cuando declaró que debía haber pedido licencia para dejar su curul desde el momento en que se conoció la denuncia del gobierno de Estados Unidos contra él, el doctor Rocha Moya y ocho funcionarios más.

    Es muy claro que Imelda Castro, sin dejar de hacer equilibrios para desmarcarse del hombre de Batequitas y a su vez no condenarlo por las acusaciones gringas, así como respaldar plenamente la decisión de la Presidenta Sheinbaum de remover del Gobierno de Sinaloa a Rubén Rocha, hizo lo suficiente para demostrar a los poderes centrales de Morena que ella tenía una personalidad política propia y merecía ser la abanderada de la 4T.

    Imelda, cuando declaró que había que “desnarcotizar” la política sinaloense, aunque después matizó diciendo que había que hacerlo pero con la economía, refiriéndose a las acusaciones a Rocha Moya, parecía muy osada porque en ese momento el ahora ex Gobernador seguía teniendo los hilos del poder en Sinaloa y contaba con el apoyo tanto de Claudia Sheinbaum como de López Obrador; sin embargo, fue capaz de mantenerse sólida y confiada en que lograría el respaldo de Palacio Nacional, entre otras razones porque las encuestas la alababan y, estando en el Senado, conocía mejor los vericuetos y entretelones de los poderes centrales. Las circunstancias externas y nacionales la ayudaron, y el tiempo le dio la razón.

    Quedó fuera de la lid Tere Guerra, una mujer con una gran capacidad política e intelectual, así como una prolongada experiencia en las luchas sociales, pero al ser el centralismo moreno, ya fuese López Obrador respaldando la propuesta de Rocha o Claudia Sheinbaum, si se imponía al tabasqueño, quien decidiría la candidatura, estaba en clara desventaja ante Imelda Castro en una coyuntura en la que las brutales presiones gringas exigían un desmarque contundente de Rocha Moya y López Obrador.

    Tere, como los demás pretensos a la candidatura virtual de Morena, han declarado su apoyo a Graciela Domínguez y a Imelda Castro, diciendo, interpreto, que la 4T, a pesar de todo, mantiene su unidad porque quiere ganar en 2027.