Todos hemos escuchado o leído a algún ridículo que fanfarronea autodenominándose un “macho alfa, lomo plateado, barba de leñador, voz de espartano, nieto de Zeus, espalda de gladiador, con hambre de náufrago y sed de vikingo, etc., etc.”. Estos especímenes se definen como hombres formidables, varoniles, poderosos, y triunfadores, que ocupan el estrato más alto en la cadena de mando (sobre otros “machos beta”).
Todos los hombres quieren ser como ellos y todas las mujeres quieren estar con ellos. Su voluntad siempre se hace manifiesta y no existe otra opción, siempre están a cargo de las decisiones (siempre se toma cerveza light). Los machos alfa intimidan, son estridentes, y no les importa la opinión de los demás. Un macho alfa dice lo que quiere, hace lo que quiere, y viste como quiere (mientras su vestimenta tenga el espacio suficiente para acomodar sus gigantescas gónadas). Todos los respetan e idolatran, o eso creen ellos.
En realidad, sabemos que esos “machos” son simplemente unos brutos, arrogantes y prepotentes, que recurren al pretexto de ser machos alfa para justificar su conducta altanera y reprochable.
El constructo del macho estilo Clint Eastwood (o Mario Almada, si te quedaste en la región 4) en contraste con el macho beta (pusilánime, tímido, enclenque, etc.), es uno que prevalece en nuestra cultura. Sin embargo, la noción de que un hombre puede ser un macho alfa es completamente incorrecta.
Para empezar, el término macho alfa se encuentra restringido al campo del estudio de los primates. Especies como los chimpancés y los gorilas poseen estructuras sociales y jerárquicas con un individuo dominante por encima de los demás. Usualmente es un macho que alcanzó dicha posición tras demostrar sus proezas físicas e imponerse sobre el resto de los machos (betas).
La confusión inició cuando el Dr. Frans de Waal comparó las conductas humanas con las de los chimpancés en su trabajo titulado “Chimpanzee politics”, particularmente la conducta dominante de los machos. Esto fue malinterpretado por muchas personas, principalmente por aquellos llamados “expertos del ligue”. Debido a que el sexo es un fuerte motivador, el concepto de convertirte en un macho alfa con el fin de mejorar tu vida y ser más exitoso con las mujeres cobró mucho auge.
Los individuos grandes, ruidosos, toscos, que someten y hostigan, han sido parte de nuestra sociedad desde el inicio de nuestra historia, por lo tanto, el término macho alfa resultó conveniente para etiquetar a este tipo de personas.
Resulta imposible negar que los humanos somos muy susceptibles al proceso de estratificación social; vivimos en una sociedad jerárquica en prácticamente todos los rubros de la vida. Empero, a pesar de que compartimos muchos elementos conductuales con los chimpancés y gorilas, nuestra conducta social es mucho más compleja.
Los primates tienen jerarquías sociales donde solamente hay un miembro dominante en la cúpula del poder. Esto no se observa en los humanos, los individuos pueden pertenecer a distintas jerarquías; por ejemplo, alguien puede ser el más vocal y dominante en su liga de softbol, pero también puede estar bajo el yugo opresor de su jefe en el trabajo. Es decir, no existe solo un “macho dominante” en cada comunidad. Los humanos pertenecemos a distintos grupos sociales y tenemos distintos roles en ellos por que somos más complejos que los changos.
Asimismo, los humanos, gracias a nuestro súper cerebro, evolucionamos para trabajar colectivamente y ser la especie dominante del planeta (para bien o para mal). Así que uno podría argumentar que el “macho alfa” es un remanente evolutivo de los primates, así como la cola, la cual no nos serviría para nada más que para estorbarnos y recordarnos de un pasado menos evolucionado.
Los supuestos machos alfa obtienen lo que quieren, no por una tendencia evolutiva de la sociedad a respetar y obedecer hombres que muestran un set específico de características dominantes, sino por que tendemos a darles por el lado. Por dar un ejemplo, si se te atraviesa un “macho alfa” en su camionetón y empieza a alzar la voz, lo más probable es que lo vayas a dejar pasar para evitar pasar más tiempo involucrado en su berrinche. Dicho sujeto seguramente percibiría esto como evidencia de su propia “superioridad”.
Probablemente, el macho alfa humano es la combinación de un hombre (ya les andan llamando “onvres”) con un complejo de inferioridad que intenta sobrecompensar con conductas arcaicas, y que se justifica pseudocientíficamente para ser un abusón que recurre a la intimidación con el propósito de imponer su voluntad en un mundo que resulta muy complejo para él.
Para finalizar, en Sinaloa no hay machos alfa, y si te consideras uno, mi sugerencia es que te internes en el zoológico con los primates, donde encontrarás una dinámica social más adecuada a tus necesidades.
Si queremos dejar de vivir en la jungla, necesitamos menos machos y hembras alfa, y requerimos más humanos empáticos, colectivos, y conscientes.