La calidad del sueño es un elemento que incide de manera directa en el mantenimiento de la salud en condiciones adecuadas. Dormir en un horario fijo, cubrir un número suficiente de horas de descanso, reducir la exposición a la luz azul durante la noche y establecer rutinas de relajación antes de acostarse son algunas de las medidas básicas que se asocian con una adecuada higiene del sueño. Estos hábitos, aunque suelen parecer simples, influyen de forma sostenida en el funcionamiento del cuerpo y en diversos procesos fisiológicos.
En fechas recientes, el doctor Alberto Kousuke, especialista en el estudio del sueño, nos explicó la relevancia de mantener una higiene del sueño adecuada y la relación que existe entre el cerebro y el intestino delgado a través del microbioma. Esta interacción pone de manifiesto que el descanso no es un proceso aislado, sino que se encuentra vinculado con otros sistemas del organismo que participan en la regulación del bienestar general.
A partir de esta discusión surge una pregunta pertinente: ¿Cómo podemos conocer, de manera cuantitativa, la calidad de nuestro sueño?
Contar con una percepción personal sobre si dormimos bien o mal no siempre es suficiente. Por ello, resulta necesario recurrir a herramientas que permitan evaluar el sueño de forma estructurada y comparable entre personas y contextos distintos.
Una de estas herramientas es el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, el cual permite clasificar a las personas como buenos, regulares o malos durmientes. A través de un conjunto de preguntas este cuestionario autoaplicable ofrece una forma estandarizada de evaluar diversos aspectos del sueño. Al responderlo de manera periódica, es posible identificar patrones y, con base en ellos, modificar hábitos relacionados con el descanso.
El puntaje obtenido en este índice determina si una persona presenta una buena calidad de sueño, con valores entre 0 y 4 puntos; una calidad de sueño moderada, con puntajes entre 5 y 10, lo que sugiere la presencia de algunos problemas ocasionales; o una mala calidad de sueño, cuando el puntaje es mayor a 10, situación que puede indicar la existencia de trastornos del sueño que requieren atención profesional.
Esta herramienta se utiliza en estudios sobre el sueño alrededor del mundo para clasificar a los participantes y analizar sus hábitos de descanso. Nosotros también la hemos empleado en nuestras investigaciones.
En uno de estos estudios analizamos los hábitos de sueño de una población conformada por 229 personas de Ciudad de México, Sonora, Baja California Norte y Sinaloa. Los resultados obtenidos ofrecen información relevante sobre la forma en que duerme este grupo de participantes.
Los datos muestran que los buenos durmientes representaron solo uno de cada ocho participantes, mientras que más del 32 por ciento (equivalente a 74 personas) se ubicó en la categoría de malos durmientes. Esta distribución permite dimensionar la frecuencia con la que se presentan hábitos de sueño poco adecuados dentro de este universo de estudio.
Estos resultados sugieren que la higiene del sueño en esta población es limitada y ofrecen una referencia para reflexionar sobre nuestros propios hábitos. La información también muestra que es posible mejorar la calidad del sueño mediante cambios graduales en la forma en que dormimos. En un texto previo publicado en este mismo espacio, compartí una lista de recomendaciones orientadas a modificar estos hábitos de manera progresiva.
Desarrollamos una aplicación web con el propósito de que las personas puedan llevar un registro de su calidad del sueño, por ejemplo, comparando sus resultados actuales con los obtenidos en meses posteriores. Para quienes deseen conocer su clasificación en la escala de Pittsburgh, los invito a responder el cuestionario disponible en la siguiente dirección: https://www.emilianoteran.com/aplicaciones.
La aplicación no solo registra las respuestas, sino que también proporciona el resultado del cuestionario y muestra la ubicación del participante dentro del conjunto de personas que han respondido hasta la fecha. El tiempo requerido para completarlo son solo algunos minutos.
Finalmente, la información derivada del estudio del índice de calidad de sueño y de su análisis estadístico contribuye a definir líneas de investigación que pueden desarrollarse en beneficio de tanto de la comunidad como de nuestro trabajo académico. Uno de los propósitos de la ciencia es ofrecer información rigurosa y confiable, pero también aplicable a la vida cotidiana. Esta perspectiva orienta el trabajo de nuestro grupo multidisciplinario y da sentido a este tipo de iniciativas.