Como era de esperarse, al ser abiertos, los registros para abanderar la Coordinación Estatal para la Defensa de la Cuarta Transformación -precandidatura para efectos prácticos- recibieron a más personajes de los que estaban presupuestados. 13.5 mujeres y 8 hombres buscarán estar en la encuesta final, esa que marca el procedimiento interno como parte fundamental para asignar el estandarte morenista de cara al proceso electoral 2027.
Según las encuestas publicadas, hasta la primera semana de julio en Sinaloa, Morena es el partido con mayores preferencias en el estado. Estos modelos se deben leer con cuidado, no pueden tomarse como un aval de triunfo, como nigromancia electoral que predice mediante una bola de cristal futuros o destinos. Es, cuando mucho, una aproximación para entender las preferencias de masas o mayorías, en un momento preciso en el tiempo.
En el primer paso, de los 13, la Comisión de Procesos Internos depurará -me gusta más cepillará- a siete. Quedarán, si todo marcha como se dijo, tres hombres y tres mujeres. Quiénes serán no es lo de menos; según lo dicho por los organizadores, serán los mejores perfiles, interprétese la palabra “mejor” a gusto del partido postulante.
Siguiendo la línea del tiempo, lo importante viene en la segunda parte del proceso, que es una evaluación con tres casas encuestadoras realizando cuestionarios “espejo” en simultáneo. Tratando de descifrar con modelos “estadísticos” y “matemáticos”, cuál será el perfil electoralmente más atractivo para encabezar la candidatura de la próxima alianza entre Morena, PVEM y PT en Sinaloa.
Podrá usted creer o no en el método, pero así se jugarán las fichas. Esta idea de “encuestas” lo inventó el fundador del Movimiento, y hoy es parte de sus cánones y doctrinas, que para fines prácticos debe entenderse así: Después de las encuestas, aceptando y respaldando el resultado, el que gana no se lleva todo y los que pierden no se quedan sin nada. ¿Es lo mejor? -No lo sé, pero funciona-.
Algunos observadores de la política que entienden poco el fondo y se quedan viendo los nenúfares, gritan y despotrican diciendo que el famoso método es una simulación, que las encuestas son pagadas, que no le dan importancia a la verdadera opinión del “pueblo sabio”. Y sin embargo, 13 se registraron y firmaron los acuerdos del partido convocante. Los que, aun a sabiendas de que no les alcanza la morralla para comprarse el camión, ¿qué buscan entonces? Opciones, reacomodos, planes “b” y los más descoloridos al menos un reintegro.
Como dijo Maimónides, el sabio cordobés: “Lo he dicho varias veces, y no porque lo diga será. Más bien porque lo observo lo digo”. En Sinaloa la candidatura a la Gubernatura será para una mujer, es tiempo de las mujeres y sólo una de ellas podría recomponer estratégicamente aquello quebrado, por lo que la Oposición saliva de antojo, cual coyote tras churea -correcaminos-.
Eliminando pues el factor “testosterona”, queda la medición entre mujeres. Y ahí es donde las cosas comienzan a tomar color y rumbo. Todas las encuestas públicas y publicadas, de todas las serias empresas que su servidor ha revisado desde el año pasado hasta hoy, tienen como denominador común a una candidata encabezándolas. No es Tere Guerra, no es Estrella Palacios, no es Graciela Domínguez y tampoco es Lucila Ayala. Es Imelda Castro.
El posicionamiento y la aceptación no se construyen en semanas; el dinero ayuda mucho, pero nunca es suficiente. En términos de opinión pública, y con esto me refiero a los estudios serios de los antiguos pero vigentes; Almond y Verba, o los del doctor Habermas, Walter Lippmann, y la siempre citada Noelle-Neumann. En donde cada una de ellas y ellos han establecido criterios formales para entender eso que Morena pretende medir, o lo que he descrito en esta columna como todo aquello que se mueve debajo de los nenúfares; me da para inferir, deducir, colegir y, si me permite, intuir: es Imelda. ¿Debe usted creerme? Pregúntele a Maimónides. Luego le seguimos.