Cuauhtémoc Cárdenas fue un estadista desde la Oposición. Sus funerales lo confirman. En la celebración de su vida coincidieron prácticamente todos los actores políticos. ¿Qué personaje político de hoy podría generar ese consenso? Fue un adiós, no al fundador de un partido, sino a uno de los constructores del pluralismo.
No alcanzó la Presidencia, pero desde la denuncia, la organización de una alternativa y el compromiso con la reforma ayudó a cambiar la naturaleza del régimen político. El camino del autoritarismo a la democracia en México no se entiende sin la contribución del ingeniero Cárdenas. Exhibió, desde dentro, a un partido que seguía reglas indefendibles. Rompió con él hasta el momento en que le cerraron todas las puertas.
Enfrentó entonces a un régimen que no solamente tenía a todas las instituciones de su lado, sino también a los medios que coordinaron una grotesca campaña de desprestigio. La campaña del 88 que sorprendió al País entero terminó en una elección fraudulenta.
La “caída del sistema” quedará en la memoria del País como el ejemplo de la desfachatez autoritaria. Es imposible asegurar que el candidato del Frente Democrático Nacional obtuvo más votos que el candidato del PRI.
Lo que no puede dudarse es que el aparato de poder alteró los resultados para beneficiar al partido de Estado.
Su gran aportación histórica fue la apuesta posterior. Cárdenas no se detuvo en la denuncia del fraude. No quedó petrificado por el agravio. Nunca llamó a la destrucción de las instituciones.
Por el contrario, se comprometió a renovarlas, a reconstruirlas, a refundarlas. Las posiciones parlamentarias que su movimiento fue ganando, el espacio que ganó en la opinión pública sirvieron para impulsar las reformas institucionales que terminarían por transformar al régimen. No fue un hachazo, fue un complejo proceso de movilizaciones, negociaciones y reformas que le dieron sentido al voto, edificaron contrapesos y alojaron el pluralismo. La batalla de partido se convirtió en una batalla por la casa común.
Se le recuerda como integrante de un triunvirato de izquierda, como un político de diálogo con los cercanos y los opuestos; con los viejos, los coetáneos y los jóvenes. Pero no fue el beneficiario de ese cambio en la arquitectura del poder. Sus adversarios de derecha encabezarían la primera alternancia.
Su adversario dentro del PRD ganaría la primera Presidencia para la izquierda. Los contrastes entre el constructor y el destructor quedan perfectamente claros cuando hacemos recuento de los méritos que se le reconocen al ingeniero: apuesta por el fortalecimiento de las instituciones del pluralismo, diálogo, aceptación y fomento de liderazgos alternativos. En Cárdenas había un sentido de Estado que se echa de menos desde 2018.
Se convirtió en la figura central de la generación del diálogo. En aquella generación residía la convicción de que las reglas básicas de la convivencia exigían un consenso amplio. Ningún rodillo podría imponer, por sí solo, las normas fundamentales.
Por eso era indispensable el diálogo y el respeto por quien piensa distinto. El ingeniero Cárdenas no exigía subordinación para conversar. Por su sobriedad, por su discreción, por su aplomo fue la gran figura de autoridad de la transición. El decano de la Oposición no incurrió nunca en la agresión, en la descalificación burda, en el insulto.
Tal vez no era consciente de su gran contribución histórica. Lo que queda como ideal vivo no es la denuncia del fraude, ni la obstinación nacionalista, ni la fundación de un partido ya extinto. Su obra mayor estaba en esa casa del pluralismo que el lopezobradorismo se ha dedicado a demoler.
Lo que el ingeniero, junto con otros dirigentes de izquierda, de derecha y de centro, ayudó a levantar lo acabó la furia destructiva de los últimos años. Fue por eso un mal defensor de su herencia.
Ante la demolición institucional de los últimos ocho años, el ingeniero Cárdenas permaneció prácticamente en silencio. Apenas levantó la voz para defender lo que, con otros, ayudó a construir.
Esa casa común que una generación fundó entre discrepancias y acuerdos fue destrozada en unos cuantos años sin que se escuchara la denuncia del ingeniero.