De acuerdo con la estadística que maneja la Secretaría de Gobernación, a través del subsecretario Alejandro Encinas, se calcula que entre 2006 y 2022, se han acumulado alrededor de 100 mil personas desaparecidas.

    Fernando Olguín Quiñonez, mi profesor de estadística en la UNAM, tenía como epígrafe en uno de sus celebrados libros que la estadística es un compendio de “mentiritas, mentiras y mentirotas” y me lo recuerda el reciente balance de Rubén Rocha Moya sobre el estado de los homicidios dolosos en Sinaloa que de acuerdo con su estadística es uno de los estados más seguros para los visitantes extranjeros.

    Y en alguna forma tiene razón, es raro el caso de homicidio de este perfil, sin embargo, la acotación es inevitable, si bien el número de homicidios dolosos comparado con el mismo periodo al que hace referencia de los gobiernos de Mario López Valdez, pudiera haber una diferencia a favor, esta sigue siendo alta, tan alta que se encuentra en el lugar 19 de los 32 estados de la federación en donde la mayoría es un serio problema para la vida de sus ciudadanos.

    Pero concedamos sin aceptar. No hace mucho tiempo Abraham Sanz, periodista de Noroeste, entrevistó a un académico colombiano radicado en una universidad estadounidense y este personaje recomendaba tener cuidado con esta estadística por lo falaz ya que se tenía que hacer comparación con otro indicador: El de los “levantados” y desaparecidos, que no se contabilizan como homicidios pues sus ejecutores operan bajo la máxima de “no body, no murder” (no hay cuerpo, no hay muerto).

    Una máxima que data del Siglo 16 inglés por el llamado Milagro de Campden, que está asociado a la muerte de una niña y que le costó la vida en la horca a tres infelices que estuvieron en el lugar y el momento equivocado.

    Y no se contabilizan por una razón muy sencilla: mejora la percepción del ejercicio de un gobierno, o dicho de otra forma, para qué asesinar, si se puede desaparecer a una o varias personas a veces con un bajo ruido mediático.

    O acaso, ¿no nos dicen nada las fosas con restos humanos que están sembradas por todo el país y la labor fatigante de los familiares que con pico y pala buscan a los desaparecidos? Es ahí donde está la otra falla del argumento del Gobernador.

    Hace unos días Adrián López, el director de Noroeste, contradijo el argumento oficialista señalando que en el mismo periodo hubo un incremento significativo de personas desaparecidas y que pasado el tiempo la amplia mayoría no apareció.

    Y, es que de acuerdo con la estadística que maneja la Secretaría de Gobernación, a través del subsecretario Alejandro Encinas, se calcula que entre 2006 y 2022, se han acumulado alrededor de 100 mil personas desaparecidas.

    ¿Podemos tener la esperanza de que la mayoría de ellos vuelvan con sus familias? Sólo los más optimistas podrían pensar que sí. O sea, que el Gobernador juega a la estadística, al engaño con información oficial y parcial, lo que es una ofensa a la inteligencia de los sinaloenses y, peor, para de las familias que esperan “no estadística” sino cifras reales acompañadas de políticas públicas que ayuden en la búsqueda de sus familiares. No hay que explorar mucho para demostrar que las llamadas desapariciones forzadas es un problema creciente en todos los municipios y principalmente de jóvenes.

    El domingo pasado, el Día del Padre, mientras todos festejábamos a nuestros progenitores, un padre mazatleco estaba sin uno de sus hijos, Mario Eduardo Salas Rentería, que había ido con su novia a un banco a hacer una transferencia y fue alcanzado y levantado por gente desconocida.

    Los familiares, amigos, vecinos y solidarios salieron este domingo a la calle y se concentraron en la avenida principal de la llamada Zona Dorada exigiendo que Mario Eduardo volviera con vida. Y es que hasta ese momento las autoridades no habían hecho prácticamente nada que condujera a la localización del muchacho.

    El Alcalde seguramente estaba viendo lo de los boletos de su nuevo viaje ahora a Miami para traer “gratis” una planta de tratamiento de basura como si fuera técnico en la materia. Siempre que se va algo pasa en Mazatlán, la última que se fue a Las Vegas a ver pelear a su ídolo “El Zurdo” Ramírez desapareció un profesor que afortunadamente por la presión de sus compañeros y familiares volvió sano a su casa.

    Ante este nuevo levantamiento fue entrevistado y se comprometió “a tocar todas las puertas” para que el chico vuelva con su familia. El Gobernador en su conferencia semanera del lunes ni siquiera mencionó el caso por razones más que obvias. La crítica no se hizo esperar en las redes sociales por la estadística “a la baja” o la desaparición del muchacho.

    Pero ¿a qué viene el argumento de que los homicidios dolosos están a la baja? El Departamento de Estado de la Unión Americana ha lanzado -luego del “liderazgo” de AMLO que se hizo sentir en clave de ausencia en la Cumbre de las Américas- una advertencia de viaje a sus conciudadanos para que eviten viajar a México y Sinaloa está entre los primeros cinco estados de mayor riesgo. Recomiendan si viajan a Sinaloa, o mejor a Mazatlán, que no se salgan del Centro Histórico y la Zona Dorada, algo sabrán los servicios de inteligencia que han dado un vuelco a la política exterior para nuestro país que ha encendido focos rojos.

    Entonces, el informe que presenta el Gobernador Rocha Moya no es para el ciudadano común y corriente, usted o yo, sino para cuestionar los datos que tiene el gobierno norteamericano y que tiene un efecto sobre los flujos que regularmente llegan por mar, tierra y aire, y esa es la verdadera preocupación, el resto es doméstico, dirá estamos acostumbrados, como dijo un ex Gobernador que se le olvidó que no somos solo nosotros sino es el mundo y no el de las “mentiritas, mentiras o mentirotas”.

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