Estados Unidos: relación descarrilada

02/06/2026 04:02
    Las consecuencias diplomáticas de haber descarrilado el tratado de extradición pueden ser muy graves: señalar que cualquier pronunciamiento que provenga de Estados Unidos responde a una agenda injerencista parece un suicidio.

    El domingo, en la conmemoración de su victoria electoral, la Presidenta Sheinbaum hizo un pronunciamiento muy trascendente para el futuro de nuestra relación con Estados Unidos. No se trató de un desliz en una mañanera, sino de una arenga pública mediante un discurso leído. El mensaje es claro: si nuestro vecino acusa, se está entrometiendo.

    En los hechos se está dinamitando el tratado de extradición: ya no habrá detenciones. Según el discurso presidencial, Rocha y cualquier otro, si es señalado por Estados Unidos está siendo juzgado. Rocha y los otros estaban siendo acusados para ser juzgados allá, no están siendo juzgados. Pero además advierte la Presidenta que existe una agenda de la derecha internacional que pretende intervenir en las elecciones del 2027. Se cierra la pinza, si Morena pierde es por injerencia, jamás por errores propios o voluntad del electorado.

    Se acabaron los tiempos de los tratados de extradición mediante los cuales un país acusaba a un ciudadano de otro país y solicitaba juzgarlo en su jurisdicción por delitos que afectan a sus ciudadanos. Eso ya no existe, se perdió la cordialidad y la buena fe. La presidenta admitió que pueden venir por más, pero que serán defendidos apelando a la soberanía. Confirma que esto apenas es el inicio.

    Al estilo de la 4T: si descalifica al mensajero, el mensaje es intrascendente. El mensajero, Estados Unidos, responde a una agenda electoral, tiene intereses y por tanto su oferta de cooperación no es genuina, es injerencista. Por consiguiente, el mensaje, por más evidencias o indicios que contenga, es desechable. Ya tenemos enemigo, ya tenemos explicación a cualquier crisis presente o porvenir, ya tenemos culpables.

    Dónde quedó la estrategia de la ‘cabeza fría’

    Sin duda se trata de la apuesta más elevada que yo recuerde en nuestra relación bilateral. Pretender extender el manto de impunidad allende nuestras fronteras es por lo menos osado, y no estoy seguro de que sea eficiente. No creo que los costosos acarreos de ayer vayan a alterar la agenda de Estados Unidos en materia de seguridad, y sí advierto las dificultades que se sumarán en las negociaciones de todos los otros temas de nuestra abigarrada agenda (comerciales, migratorios, remesas, etcétera).

    Las consecuencias diplomáticas de haber descarrilado el tratado de extradición pueden ser muy graves, las consecuencias prácticas de haber desautorizado una posible agenda de cooperación pueden ser desastrosas, y señalar que cualquier pronunciamiento que provenga de los Estados Unidos responde a una agenda injerencista parece un suicidio.

    En el momento más delicado de nuestra relación bilateral era necesario profundizar en la estrategia de la “cabeza fría”. Hoy parece que está jubilada. La desproporcionada defensa de Rocha no solo acrecienta la sospecha de la gravedad y profundidad del pacto de la delincuencia organizada con la política, sino que puede llevarnos a una verdadera pesadilla en nuestra relación con los Estados Unidos.

    El autor es consultor internacional en materia electoral.