"Estas dos corrientes, completamente antagónicas, han influido en el destino de la humanidad como ninguna otra jamás lo ha hecho"
Religión y ciencia, ciencia y religión; el oxímoron más famoso de todos los tiempos, destacando sobre otros como “muerto viviente”, “agridulce”, “quesadilla sin queso”, o “político honesto”. Estas dos corrientes, completamente antagónicas, han influido en el destino de la humanidad como ninguna otra jamás lo ha hecho, dejando huella sobre la idiosincrasia de cada uno de nosotros.
Si pudiéramos viajar en el tiempo y traer a nuestra era a las personas más brillantes que pululaban en el año de 1900, éstos se quedarían atónitos al ver cómo somos capaces de entender incógnitas que cautivaron a la humanidad por siglos.
Hace tan solo 100 años, la gente no tenía idea de como heredábamos los genes, o como un organismo se forma a partir de una sola célula.
Tampoco sabían que los átomos tenían estructura (su nombre proviene de la palabra “indivisible”). Asimismo, tampoco sabían que la materia tenía distintas propiedades, o que era la gravedad, el espacio y el tiempo. No tenían idea de como iniciaban las cosas, tanto la vida en la tierra como en el universo mismo.
Hace tan solo 100 años, la humanidad todavía recurría a leyendas, mitos, supersticiones, etc., para dar sentido y coherencia a su existencia.
Hoy en día, a pesar de que mucha gente lo sigue haciendo, podemos dejar de recurrir a cuentos de hadas y utilizar la ciencia para darnos cuenta de que la naturaleza es aún más extraordinaria que las burdas supersticiones del pasado.
Gracias a la ciencia, podemos contestar o al menos empezar a entender distintas incógnitas de la vida. Mucho de lo que hoy damos por sentado es una interacción entre la ciencia y la tecnología, una relación simbiótica que ha transformado la manera en que vemos al mundo y la vida.
Hay grandes momentos en la ciencia, como el descubrimiento de la estructura del ADN, el cual cambió radicalmente la perspectiva sobre nosotros mismos y nos ha permitido entender los errores genéticos y potencialmente como corregirlos. Hemos dejado de ser una caja negra, aunque nuestra complejidad es tanta que sólo hemos empezado a entender como nuestros genes regulan nuestros cuerpos y como éstos interactúan con el ambiente.
Esto también fue el caso con la teoría del Big Bang de como inició el universo, y por ende, la vida. Hace 100 años, los misterios de como el universo cobró vida eran relatos de fe.
Si quieren molestar a un científico (a uno de verdad), tan sólo díganle que la ciencia no es muy distinta de la religión.
Los científicos nos hastiamos por estas aserciones, ya que éstas sugieren que la ciencia y la religión comparten un estatus epistemológico.
La práctica científica, observación y experimento, el desarrollo de hipótesis, el incesante cuestionamiento de dogmas, ha probado ser una herramienta única y poderosa que nos ayuda a revelar la sorprendente e intrincada estructura del mundo en el que vivimos, incluyendo partículas subatómicas, el rol de los gérmenes en la enfermedad, la neurobiología de trastornos neurológicos, entre otros.
La religión no tiene un récord equivalente de descubrir verdades ocultas, sino todo lo contrario, se saca de la manga verdades inciertas y nos envuelve en el oscurantismo (Años oscuros, Santa Inquisición, limpiezas étnicas, etc).
Existen distintos dogmas religiosos que no son producto del sentido común, tal como la historia de Adán y Eva, el nacimiento de Jesucristo de una virgen, Mahoma ascendiendo al cielo en un caballo alado, por mencionar algunos. Esto no es el producto de un sesgo innato, son aprendidos y dogmatizados, y lo que los vuelve más peligrosos, es que son incuestionables.
Aceptar esta narrativa religiosa requiere un “salto de fe”, pero no un salto de fe teológico, sino un salto mundano a someterse y creer sin pruebas ni evidencia (y alguna veces hasta sin sentido), testimonios provenientes de los padres, pares, o autoridades religiosas.
Lamentablemente, nuestra sociedad aplica esta “fe” a distintos rubros de la vida (económico, social, político, salud, etc.), permitiendo la abundancia de charlatanes que se aprovechan de esta ciega certeza incuestionable y que se benefician a costa de la ignorancia.
La Ciencia es la búsqueda del conocimiento, el cual ha moldeado la manera en que vemos al mundo. No obstante, la aplicación de la ciencia y la tecnología no es dictada por la ciencia y los científicos. Esto depende de la interacción de factores culturales, económicos y políticos.
La Ciencia es el triunfo del conocimiento humano sobre el oscurantismo, es la esperanza de la raza humana, el crisol que nos moldeará un futuro brillante y palpable para todos.