Feministas mexicanas financiadas por extranjeros

DESDE LA CALLE

    Desde la opinión pública reflexionamos sobre la pandemia y las consecuencias en la vida rutinaria de las personas. Además de las pérdidas por los decesos, nos preocupan los costos a la salud mental, afectaciones en la economía, y también las repercusiones en ciertos fenómenos que se han agravado; tal es el caso de la violencia intrafamiliar.

    Este año he tenido la oportunidad de dialogar con activistas en diferentes estados, 11 entidades, para ser precisa. Las defensoras coinciden en sus preocupaciones: las estrategias públicas no son eficientes para proteger la seguridad de las mujeres y menores. Ante el incremento de las problemáticas, el trabajo de las defensoras crece considerablemente, también las limitantes: oficinas cerradas, procesos más lentos, traslados costosos por el riesgo de contagio, víctimas que además perdieron sus trabajos y su condición de precariedad se agravó, entre muchos otros retos que deben afrontar con escasos recursos, que en muchas ocasiones salen de sus finanzas personales.

    Entre las historias que me compartieron las activistas, cuya justicia persiguen en juzgados y Fiscalías, llamó mi atención el caso de Florencia. Pero no, no es preciso decir que “llamó mi atención”, más bien me lastimó. La búsqueda de objetividad en las ciencias sociales (tan cuestionada) sería inhumana si no flaqueáramos frente a tanto dolor.

    Florencia, mujer Me’phaa de 21 años, vivía en Loma Tuza, localidad con no más de 700 habitantes en el municipio de Acatepec, en la región de la montaña en Guerrero, una de las más pobres del País. Frente a las dificultades para alimentar a su pequeña hija de 3 años, la joven hizo algo inusual en la comunidad: demandó a su esposo para recibir pensión alimenticia. En la búsqueda de hacer valer los derechos de su hija, enfrentó a un hombre y a una comunidad en ira. Incluso el Síndico la visitó para pedir que desistiera; su vida peligraba: en la señal de radio del pueblo se ofrecía 3 mil pesos por asesinarla, incluso se identificó a un policía entre los interesados en cometer la tarea. Así inició la cacería por Florencia.

    Había huido del pueblo, sin embargo, esa mañana, regresó al centro de salud porque su hija se encontraba en estado de desnutrición severo. Ya no fue capaz de salir; un deslave cerró el camino y madre e hija quedaron atrapadas con quienes las acechaban. Según relata el informe del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, abogadas que acompañan a la familia en la búsqueda de justicia “el cuerpo sin vida de Florencia Sánchez fue encontrado sobre la cama, en el suelo estaba tirado el martillo con el que fue privada de la vida, presentaba más de 10 lesiones en el cuerpo, las cuales también fueron ocasionadas con navaja, además de que fue agredida sexualmente”. Se identificaron diversos hombres como presuntos responsables del feminicidio y de las lesiones a su pequeña hija.

    El feminicidio de Florencia, como otros casos de agravios a mujeres indígenas, no ocupó los titulares de la prensa. No se habló de ella y su hija en redes sociales, tampoco hubo marchas ni peticiones en Change. Las voces que gritan por justicia para Florencia, y para las mujeres de la montaña, son las de sus familiares y abogadas de la ONG Tlachinollan.

    Esta semana entrevisté a Neil Arias, abogada de la organización. Le pregunté sobre sus protocolos de protección, como defensoras; contestó mi pregunta ingenua con risas: “tenemos un botón de pánico, pero en la montaña no llega la señal. Así que nos encomendamos a Dios, las que creemos”. Allá, donde no hay Semefo y las familias prefieren no denunciar por no pagar 14 mil pesos para el traslado de las víctimas, hacer llegar la justicia es una tarea heroica. Pregunté a Neil, con curiosidad, cómo financian su trabajo como abogadas; me contó que realizan también proyectos de investigación e incidencia y así gestionan fondeo extranjero, principalmente de organizaciones internacionales y programas de cooperación europeos: trabajan en los juzgados, en los libros, y en las comunidades.

    Casos como el de Florencia en nuestro País, apreciable lector, son resultado de nuestra falta de humanidad en tres niveles: la desatención por parte del Estado, la inequidad en las diferentes regiones en México que poco nos cuestionamos, y la indiferencia de una opinión pública que no se entera, o no se quiere enterar.

    Dejo aquí esta liga, como despedida: https://www.tlachinollan.org/dona/

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