¿Fin o pausa de la guerra en Sinaloa?
Alguien debe informar lo que sucede

OBSERVATORIO
10/03/2026 04:02
    En los días recientes, el registro diario de dos o cero homicidios e igual número de desapariciones forzadas, y el bajón en despojo de vehículos, alienta la conjetura del efecto Jalisco en la supuesta tranquilidad a la que avanza Sinaloa

    A pesar de que la percepción y olfato ciudadanos identifican la reducción de hechos de violencia en Sinaloa como efecto del operativo donde las fuerzas armadas abatieron en Tapalpa a Nemesio Oseguera el 22 de febrero, ninguna autoridad federal ni estatal ha dado a conocer el informe oficial sobre el impacto positivo o negativo que tendrá en la narcoguerra local el golpe asestado a la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación. ¿Quién nos dice y garantiza que comenzamos a estar seguros, así se trate de la mínima paz indispensable?

    En los días recientes el registro diario de dos o cero homicidios e igual número de desapariciones forzadas, y el bajón en despojo de vehículos, alienta la conjetura del efecto Jalisco en la supuesta tranquilidad a la que avanza Sinaloa. Es la apariencia lo que emociona debido a que durante año y medio la gente de bien ha esperado con inaudita entereza los signos que así sean insignificantes son tomados como enorme símbolo de esperanza.

    Sinaloa necesita de estos intervalos de seguridad para desde allí intentar la larga y ardua labor de reinstauración de la Ley por encima de la insoportable anarquía decretada por el gran hampa. Se nota cuando a cualquier destello de calma y orden le concedemos el estatus del resplandor que viene a ponerle fin a la larga noche de la atrocidad por el choque intracártel, barbarie que ni siquiera fuimos capaces de dimensionar durante décadas de tensa avenencia en el narco.

    Permanezca o sea coyuntural, la presente atenuación de la criminalidad en Sinaloa procede a renovar la expectativa de pacificación sobre todo en lo referente a homicidios dolosos, desapariciones forzadas y robo de vehículos, sin dejar de anotar que dicha perspectiva carece hasta el momento del sustento de algún reporte gubernamental. La conversación pública únicamente lo intuye sin extender el cheque en blanco de la credibilidad.

    Será fundamental observar por más tiempo la actual burbuja de aminoramiento de la violencia en la franja de la narcoguerra que abarca de Culiacán a Escuinapa, y de la costa a la sierra en el sur, antes de dar por sentado el inicio de la pacificación. Saberlo será más difícil si la valoración se deja en manos de la sociedad sin contar con el respaldo de elementos de juicio que únicamente pueden tener los servicios castrenses de Inteligencia y el zar anticrimen Omar García Harfuch.

    La gente calcula casi a ciegas y elucubra en voz baja que tras el golpe a “El Mencho” mínimamente existe la tregua por tiempo indeterminado con propósitos de reconfiguración en la delincuencia organizada, la cual es palpable por estos días de baja hostilidad, aunque encima de los barruntos de optimismo domina el temor a que se trate de un breve bucle que lo único que anuncia es la nueva secuencia de hechos de violencia de alto impacto, que ojalá no ocurran en perjuicio de la población que no la debe ni la teme.

    Es verdad que presentan mejores resultados los operativos que efectúan en Sinaloa el Ejército, Marina y Guardia Nacional, y que cobra veracidad la teoría del debilitamiento táctico y financiero del narco en pugna, sin embargo, nadie sabe qué dicen los expedientes que el alto mando militar posee y oculta sobre los escenarios que vienen en Sinaloa como secuelas del reacomodo en el CJNG y las derivaciones por el efecto coletazo en el Cártel de Sinaloa.

    Quizá las secretarías federal y estatal de Seguridad y Protección Ciudadana se encuentren atoradas en la misma línea de irresolución en que está la población en general, pero el problema es que a las instituciones les corresponde, es su obligación, dar a conocer de manera permanente el curso que sigue el choque interno en el Cártel de Sinaloa y con base a esa realidad posterior a la anulación de Nemesio Oseguera adoptar las previsiones vitales.

    Conocer esa estimación de peligros a la baja o al alza le sirve más a los sinaloenses para emprender la reparación de lo dañado, que al Gobierno como información reservada que dentro de algunos años, cuando a nadie le beneficie, proceda a desclasificarla en agravio a la historia de salvajismo escrita desde el 9 de septiembre de 2024 con la sangre de las víctimas y las lágrimas de las familias de alrededor de 3 mil homicidios dolosos y 3 mil 500 personas privadas de la libertad.

    Reverso

    Ahora lo que teme la gente,

    Es que el tenue asomo de paz,

    Sea otra esperanza fugaz,

    Augurio de más guerra latente.

    La crucial enmienda

    Como sociedad civil no debemos esperar a que el Gobierno declare el restablecimiento de la seguridad pública en Sinaloa porque la verdadera paz, la positiva, llegará mediante la acción cívica construyéndola desde cada uno de los hilos del tejido social. Haya o no ciclos de paz intermitente, la posibilidad de volver a vivir tranquilos nunca será por el edicto oficial; ocurrirá mediante el debido procesamiento de realidades consensuadas que nos hicieron llegar hasta aquí, a donde jamás pensamos que llegaríamos. Un parteaguas similar al del 25 de julio de 2024, cuando Ismael “El Mayo” Zambada fue secuestrado y puesto a disposición de la justicia de Estados Unidos, tendrá que ser el punto de inflexión de la no repetición del modelo de narcosociedad.