Futbol, educación y colonialismo

EL OCTAVO DÍA
05/07/2026 05:02
    La Federación de Futbol de la República Democrática del Congo se fundó en 1919, cuando el país aún no era independiente. Su selección jugó su primer partido en 1948, conocida en aquel tiempo como el Congo Belga y jugó contra el seleccionado de Rodesia del Norte, hoy en día Zambia

    Confieso que, en este Mundial de grandes sorpresas, como la feroz resistencia de Cabo Verde contra la Argentina, me hubiese gustado ver hoy a México medirse con la República del Congo.

    Me preparé incluso, ya que por coincidencia, en estos días la lectura del voluminoso libro “Congo”, del historiador belga David Van Reybrouck, me tiene más fascinado que una novela por lo que revela la vida y el permanente genocidio de esa ex colonia.

    A pesar del cambio, me gustaría compartir algunos hallazgos ligados al tema del momento.

    La Federación de Futbol de la República Democrática del Congo se fundó en 1919, cuando el país aún no era independiente. Su selección jugó su primer partido en 1948, conocida en aquel tiempo como el Congo Belga y jugó contra el seleccionado de Rodesia del Norte, hoy en día Zambia.

    Ninguno de esos dos países quiso conservar sus nombres impuestos al independizarse. Rodesia se llamaba así en dudoso honor a Cecil Rhodes, uno de los estrategas británicos del colonialismo.

    En aquel partido la selección de Congo registró una victoria de 3-2 en casa.

    Antes, las autoridades belgas habían intentado a principios del siglo 20 a establecer el escultismo como elemento para interés de la juventud africana, pero la cultura Boy Scout no se asentó, a pesar de tener un gran apoyo de los organismos católicos.

    En cambio, se logró llegar a una parte de la población mucho más grande con lo que quizá sería el elemento de mayor éxito de las misiones belgas: el futbol.

    Los misioneros con sotana explicaron las reglas del juego y consiguieron, en un santiamén, que los niños y adolescentes lo practicaran en las polvorientas calles de la capital con balones que ellos mismos habían fabricado con calabazas.

    Se formaron los primeros equipos: L’Étoile y League, en Léopoldville, y Prince Charles y Prince Léopold, en Elisabethville. Esos nombres eran por supuesto en homenaje al rey Leopoldo de Bélgica, que era hermano de nuestra Carlota de Habsburgo.

    En 1939 se podían contar cincuenta y tres equipos y seis divisiones solo en Léopoldville. Había equipos con calzado y sin él: jugar descalzo exigía dar unos pases más ligeros, pero permitía una mayor agilidad. Los partidos se celebraban los domingos por la tarde.

    Unos cientos de jugadores movilizaban a miles de fanáticos. Los amigos, compañeros de trabajo, mujeres e hijos gritaban hasta quedarse afónicos alrededor del terreno de juego. El futbol era más que una mera distracción. Tenía también un componente formativo.

    Un benedictino flamenco lo constataba con satisfacción: “En lugar de pasar las tardes de domingo acuclillados en su choza bebiendo su aguardiente de palma, o de ir a beber a los bares acompañados por mujeres de dudosa moral, salían al aire libre para entregarse a los deportes que les apasionan”.

    Un sacerdote scheutista, o sea miembro de la Congregación del Inmaculado Corazón de María, manifestaba el mismo entusiasmo: “Eso, al menos, los aparta durante unas horas del baile y de la juerga, y les permite pasar un domingo agradable después de misa”.

    Del mismo modo que los curas de los colegios e internados flamencos fomentaban el futbol para drenar la excesiva energía sexual de los adolescentes, en la colonia se introdujo para reprimir la posible agitación social.

    El futbol era, además de un juego que entusiasmaba, una forma de inculcar disciplina. Había que ir a los entrenamientos, adquirir destreza, controlar los reflejos, acatar las reglas, obedecer al árbitro. Un deporte divertido que exigía a su vez un dominio de sí: una escuela colonial ideal. “El deporte enseña al indígena a adaptarse a una disciplina voluntaria”.

    La vida asociativa impulsada por los misioneros ofrecía a los obreros urbanos no solo un esparcimiento sano, sino que además cambiaba conscientemente el mapa social. Por temor a las revueltas de tinte étnico se derribaron así las fronteras tribales. También se impuso el suahili como lengua oficial, a pesar de no ser idioma autóctono.

    Raphaël de la Kéthulle, fue el misionero más famoso de todo el Congo Belga. No debía su fama a un heroico afán de conversión en las profundidades de la selva, ni a un entusiasmo evangélico en las aciagas colonias de leprosos. No: père Raphaël trabajó toda su vida en Kinsasa donde enseñó al pueblo a jugar al futbol.

    Era un scheutista dedicado a la docencia y pertenecía al primer contingente de misioneros urbanos. Vástago de una familia francófona aristocrática de Brujas, él mismo había ido a la escuela en el colegio de San Luis y fue el fundador de la Association Sportive Congolaise.

    Asimismo contribuyó al nacimiento del escultismo colonial, el teatro escolar, una fanfarria y una asociación de exalumnos; sobre todo fue el impulsor del desarrollo de infraestructuras deportivas de buena calidad en Léopoldville.

    Construyó tres estadios de futbol, un enorme parque deportivo, pistas de tenis y una piscina olímpica que incluso tenía un trampolín de cinco metros. En esa piscina llegó a organizar carreras de piraguas.

    El apogeo de su afán de construcción fue el Stade Roi Baudouin (“Rey Balduino”), que más adelante se convertiría en el Stade du 20 Mai, un estadio de futbol que podía acoger a ochenta mil espectadores y que, en el momento de su inauguración, en 1952, era el más grande de toda África.

    Hoy en día, todo congoleño sabe quién fue tata Raphaël, papaíto Raphaël: hoy el gran estadio lleva su nombre y muestra su gigantesca efigie, la cual guarda un asombroso parecido con el logotipo de Kentucky Fried Chicken.

    Fue allí donde estallaron en 1959 las revueltas que llevarían a la independencia. Fue allí donde el general Mobutu habló al pueblo después de su golpe de Estado en 1965. Él fue quien derrocó y mató al Presidente Patricio Lumumba, quien en este Mundial fue homenajeado aquí en México en las tribunas por un quietista congolés que lo imitaba.

    Fue tan impactante ese golpe de Estado financiado por Washington que hasta el Che Guevara viajó de incógnito al Congo para unirse a la guerrilla de Laurent Kabila contra Mobutu, pero no lograron entenderse.

    Y fue allí donde se celebró en 1974 el combate de boxeo entre Mohammed Ali y George Foreman, que fue el primer negocio exitoso del famoso Don King, promotor del sinaloense Julio César Chávez.

    Hasta por acá nos llegó, de manera indirecta, la cultura del fut en la historia del ex Congo Belga.