Garantizar el derecho a aprender en la era digital

    Dentro de algunos años probablemente ya no estaremos discutiendo sobre TikTok, Instagram o cualquier otra plataforma. Estaremos evaluando si esta generación desarrolló las capacidades para pensar críticamente, aprender durante toda la vida, convivir en entornos digitales y participar responsablemente en una sociedad tecnológica

    Mientras seguimos debatiendo cómo mejorar la educación, el mundo en el que aprenden niñas, niños y adolescentes ya cambió. Hoy una parte importante de su vida transcurre en entornos digitales. Ahí aprenden, conviven, se informan, juegan, crean relaciones y construyen buena parte de su identidad. Sin embargo, muchas de nuestras políticas educativas siguen pensadas para un mundo predominantemente analógico.

    Por ello, la propuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum de abrir un debate nacional sobre el uso de redes sociales, dispositivos digitales e inteligencia artificial representa una oportunidad que México no debería desaprovechar. Pero sería un error reducir esta conversación a decidir si debemos prohibir o permitir determinadas plataformas. La pregunta de fondo es: ¿cómo garantizamos el derecho a aprender en la era digital?

    México necesita construir una política nacional de cultura digital que coloque el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes en el centro de las decisiones públicas y tenga como propósito formar una ciudadanía digital responsable. No se trata de responder a una coyuntura, sino de preparar al País para educar a las nuevas generaciones en un mundo profundamente digital.

    Para lograrlo, la consulta debe ser amplia, plural y basada en evidencia. Debe convocar a especialistas en desarrollo infantil, salud mental, educación, tecnología, derechos digitales y protección de la infancia; incorporar la experiencia de docentes, familias, estudiantes, universidades, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales. Las mejores políticas públicas nacen cuando el conocimiento científico dialoga con la experiencia.

    También será indispensable reconocer que no estamos hablando de un solo problema. No es lo mismo regular teléfonos celulares, redes sociales, videojuegos o inteligencia artificial. Tampoco son iguales las necesidades de una niña de primaria que las de un estudiante de bachillerato. Cada tecnología, cada etapa del desarrollo y cada contexto educativo requieren respuestas diferenciadas.

    Pero quizá el cambio más importante sea comprender que esta discusión no debe girar alrededor de los dispositivos, sino alrededor de los derechos. La era digital no creó un nuevo derecho; creó nuevas condiciones para garantizar el mismo derecho.

    Desde Mexicanos Primero hemos sostenido que el derecho a aprender comprende tres dimensiones inseparables: estar, aprender y participar. Ese marco sigue plenamente vigente; lo que cambió es el contexto en el que hoy debemos hacerlo realidad.

    Estar significa garantizar que las desigualdades en conectividad, acceso a dispositivos, infraestructura y habilidades digitales no se conviertan en nuevas barreras para ingresar, permanecer y avanzar en la escuela. En la era digital, el derecho a aprender también exige cerrar las brechas que limitan el acceso equitativo a las oportunidades de aprendizajes.

    Aprender significa utilizar la tecnología con un propósito pedagógico claro. Esto exige fortalecer la formación docente y desarrollar alfabetización digital, pensamiento crítico y capacidades para aprovechar responsablemente herramientas como la inteligencia artificial.

    Participar significa ejercer una ciudadanía digital responsable, dialogar con respeto, proteger la privacidad, distinguir información confiable de la desinformación y comprender cómo influyen los algoritmos en nuestra vida cotidiana.

    Construir una cultura digital exige la participación de autoridades educativas, familias, docentes, empresas tecnológicas, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil y la academia. Cada uno tiene un papel distinto que desempeñar. Sin embargo, corresponde al Estado garantizarlas condiciones, coordinar los esfuerzos y conducir una política pública que haga efectivo el derecho a aprender en la era digital.

    La regulación por sí sola no educa. La verdadera transformación consiste en desarrollar una cultura digital que permita aprovechar el potencial educativo de la tecnología sin comprometer el bienestar ni ampliar las desigualdades.

    Dentro de algunos años probablemente ya no estaremos discutiendo sobre TikTok, Instagram o cualquier otra plataforma. Estaremos evaluando si esta generación desarrolló las capacidades para pensar críticamente, aprender durante toda la vida, convivir en entornos digitales y participar responsablemente en una sociedad tecnológica.

    La tecnología seguirá cambiando. Las plataformas evolucionarán y seguirán nuevas herramientas que hoy ni siquiera imaginamos. El desafío, sin embargo, será el mismo: garantizar que todas las niñas, niños y adolescentes puedan estar, aprender y participar plenamente en entonos cada más digitales. Ese debería ser el verdadero horizonte de la política Pública en México.

    La autora es directora general de Mexicanos Primero Sinaloa.