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"Opinión"

"Gasoducto en Sinaloa y la segunda conquista de México"

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07/07/2018 20:53

    México es un país soberano e independiente, o eso es lo que nos quieren hacer creer. En el rubro de los hidrocarburos (petróleo y gas natural), estamos completamente a la merced de empresas transnacionales e importamos la mayoría de estos combustibles.
     
    De acuerdo con el Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, el gasoducto que costó 1,413 millones de dólares empezará a operar en la segunda quincena de julio. El gasoducto de 982 kilómetros que inicia en el “hub” gasero de Waha al sur de Texas, tiene la capacidad de importar 670 millones de pies cúbicos diarios de gas natural a Topolobampo y Mazatlán.
     
    Coldwell afirma que con el advenimiento del gas natural a Sinaloa se podrán atraer empresas y nuevas inversiones privadas para generar empleos y favorecer la derrama económica en el Estado. Asimismo, dijo que a través de líneas de distribución subterráneas que están siendo instaladas en las principales ciudades de la entidad, el gas natural pronto llegará a comercios y hogares y propiciará competencia con el gas LP (propano), con lo que los consumidores podrán beneficiarse con tarifas más accesibles.
     
    Para darle más pujanza a su comunicado, añade que el uso de gas natural emite menos CO2 (supuestamente, 70 por ciento menos) que otros combustibles fósiles como el diésel y la gasolina. Esto suena perfecto, la respuesta a todos nuestros problemas y además es eco-friendly.
     
    Sin embargo, ¿no les parece familiar este discurso? Esto es uno de tantos mitos de la Reforma Energética de 2013. Esta jácara es apadrinada por Jaime Hernández Martínez (director de la CFE), José Mario Cadena Bórquez (presidente del Codesin), Hilda Inukai (Secretaria de Desarrollo Económico de Mazatlán), y obviamente, Quirino Ordaz Coppel, entre otros.
     
    Como es costumbre en esta columna, realizaré un ejercicio de contra-argumento para refutar estas artimañas sin fundamento.
     
    El gas natural es un combustible fósil compuesto de una mezcla de propano (el gas LP es propano puro), butano, etano, y metano. A pesar de que el gas natural emite 50-60 por ciento menos CO2 cuando combustiona (no 70 por ciento, como dice Coldwell) en comparación con el carbón o la gasolina, este gas sigue siendo un gas de efecto invernadero (el que ocasiona el calentamiento global). Además, la extracción y transporte del gas natural tiene como consecuencia la fuga de metano al ambiente, el cual tiene la capacidad de absorber 34 veces más calor que el CO2. Se estima que hay una fuga del 9 por ciento de metano con cada ciclo de transporte de gas natural. A mediano plazo, el gas natural contamina más que los combustibles más comunes. Asimismo, la combustión de gas natural produce NOx, uno de los principales contaminantes aéreos.
     
    Por último, el gas natural no es tan eficiente como aseveran nuestras autoridades. A pesar de que es más barato que el gas LP, la combustión del gas natural emite la mitad de energía que el LP, haciéndolo menos eficiente.
     
    Cabe resaltar que la producción de gas natural había estado en declive en las últimas décadas. Entonces ¿por que este renovado interés en utilizar gas natural como combustible y comercializarlo? Esto se debe al desarrollo de nuevas técnicas de extracción, particularmente el “fracking”. El fracking consiste en inyectar líquidos a alta presión en el subsuelo, con el fin de fracturar fisuras subterráneas y poder extraer el gas. Este proceso tiene gravísimas consecuencias ambientales.
     
    Creo que sobra decir que este gasoducto solo beneficiará a sus inversionistas y servidores públicos involucrados.
     
    Este fastuoso proyecto cayó en las manos de la empresa Naturgy (Fenosa), una empresa española distribuidora de gas natural propiedad de Repsol.
     
    Curiosamente, Repsol adquirió la mayoría de las acciones de Pemex (a través de la empresa mexicana IEnova) y próximamente veremos sus gasolineras por toda la República (la segunda conquista de México). Asimismo, Repsol es célebre por los estragos sociales, culturales y ambientales que ocasiona en las comunidades y ecosistemas de las regiones donde opera. 
     
    Por mencionar algunos, los Mapuche de Loma de la Nata, Argentina, fueron víctimas de una intoxicación crónica por hidrocarburos generados por la actividad de Repsol. Asimismo, ocasionaron la extinción de plantas medicinales y especies como el guanaco y el choique. En Bolivia, además de estar acusados de fraude y evasión de impuestos, se les atribuye la contaminación de los mantos freáticos por la condensación de gas natural. 
     
    En Ecuador, Repsol recibió una concesión (¿en donde más están por concesionar recursos naturales? ¡Aguas!) para explotar el Parque Nacional Yasuni, donde contaminó el agua y suelo, y ocasionó la pérdida de biodiversidad, deforestación, erosión del suelo, entre otros. Además del daño ambiental, esto generó el desplazamiento de múltiples comunidades.
     
    A los pueblos de Argentina, Bolivia, y Ecuador les llegaron con el mismo cuento que nos están vendiendo en México. Actualmente, la Tribu Yaqui de Loma de Bácum ya fue afectada por la construcción del gasoducto Agua Prieta, el cual transportará el susodicho gas hasta nuestra querida Sinaloa.
     
    Los Yaquis fueron los primeros en ser afectados por los intereses económicos de estos inescrupulosos personajes. Este gasoducto no solo simboliza la opera magna de negligencia ambiental/económica de nuestros funcionarios públicos, sino también representa un retroceso en nuestra lenta independencia de los combustibles fósiles.
     
    Para concluir, la inversión de millones de dólares en infraestructura de estos gasoductos nos condonará a depender y consumir combustibles fósiles por décadas, cuando deberíamos de estar yendo en la dirección opuesta e invertir en energías limpias y renovables.
     
    Exijamos a nuestro Gobernador, Quirino Ordaz Coppel, que por fin empiece a trabajar por el pueblo sinaloense. Sus conciertos millonarios no son el bálsamo sanador para las heridas que han causado a nuestra sociedad. Necesitamos hospitales, seguridad, progreso, y sobre todo, recuperar nuestra soberanía y dignidad como sinaloenses.