Generación tóxica

    “Soy como todos ustedes fruto del tiempo y del mundo que me ha tocado vivir. Un tiempo de confusión y angustia, de soledad, de falta de referentes, donde se ha perdido la confianza en el sistema, en sus representantes y en sus instituciones. Donde los jóvenes se sienten engañados y los mayores traicionados y donde más que nunca nos necesitamos los unos a los otros, porque todos somos importantes, porque todos tenemos que sentirnos importantes”. (Joan Manuel Serrat en su discurso para recibir el Doctor Honoris Causa en la Universidad de Costa Rica. 27 de mayo 2022).
    Hace treinta años los grandes cambios parecían una utopía simplemente imposible de concretar. Hoy, que muchos de los preceptos de la sostenibilidad están incluidos en leyes, programas y planes locales, nacionales e internacionales y que se han realizado infinidad de reuniones para llamar a la acción contra estos padecimientos mundiales; me sigue pareciendo igual que siempre

    Tengo décadas ejerciendo en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo. Una gran parte de mi actividad profesional la dedico a la docencia y a la investigación donde constantemente procuro vincular los productos al ámbito local para provocar cambios en la ciudadanía a partir del pensamiento del nuevo profesionista. Procuro generar una ruta nueva enfocada hacia la sostenibilidad urbana. Sé que he logrado permear en el pensamiento de más de uno de mis alumnos, pero debo reconocer que la humanidad lleva tanta ventaja con sus máquinas de arrasar la vida que en ocasiones logran frenar mi ímpetu aplicado.

    Hace treinta años los grandes cambios parecían una utopía simplemente imposible de concretar. Hoy, que muchos de los preceptos de la sostenibilidad están incluidos en leyes, programas y planes locales, nacionales e internacionales y que se han realizado infinidad de reuniones para llamar a la acción contra estos padecimientos mundiales; me sigue pareciendo igual que siempre. Es decir, hay mucha teoría, pero muy poca práctica. Muchas palabras, pero pocas acciones. Somos una generación tóxica que estamos heredando un mundo podrido a otra generación que desde hoy nos lo reclama con justa razón.

    A nivel nacional, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) propuso la atención a los Programas Nacionales Estratégicos (los Pronaces) que, textualmente los describe así en su página oficial: “Fueron concebidos como un medio para organizar los esfuerzos de investigación en torno a problemas nacionales concretos que, por su importancia estratégica y gravedad, requieren de una atención decidida y una solución integral, profunda y amplia. Su objetivo es investigar las causas de esos problemas y servir de andamiaje para producir esas soluciones”.

    A nivel internacional los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (los ODS) como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en 2015, en la cual se establece un plan para alcanzar estos objetivos en 15 años. Estamos justo a la mitad de ese camino (a siete años y medio) y estos objetivos apenas comienzan a mencionarse en algunos programas de gobierno, pero todavía están muy lejos de ser aplicado, incluso yo diría, de ser entendidos por los gobernantes.

    Dentro de la Agenda 2030 los líderes de estos estados firmaron en 2015 un acuerdo que decía textualmente: “Estamos resueltos a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí a 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”. A mitad del camino no se muestran cambios, incluso muchos de los problemas se han agravado.

    Mucha gente lo verá como palabras al aire, algo imposible de lograr, que la humanidad está condenada a todo lo contrario y todo lo que debemos hacer es seguir el camino que llevamos y esperar para ver a donde llegamos, si es que llegamos a alguna parte. Joan Manuel Serrat lo expresó así en Costa Rica hace unos días: “Se han producido daños terribles a la naturaleza, muchos de ellos irreparables. Y es vergonzosa la corrupción que desde el poder se ha filtrado a toda la sociedad. Más que una crisis económica, diría que estamos atravesando una crisis de modelo de vida. Y, sin embargo, sorprende el conformismo con el que parte de la sociedad lo contempla, como si se tratara de una pesadilla de la que tarde o temprano despertaremos. Espectadores y víctimas parecemos esperar que nos salven aquellos mismos que nos han llevado hasta aquí”.

    No podemos negar que este es el escenario real. Cuando compruebo que a nivel mundial el hambre crece, el agua limpia escasea, la pobreza prolifera, los alimentos y la tecnología enferman, la salud recae, la energía se despilfarra, la basura nos inunda y cada año las tragedias “naturales” cobran más víctimas por causas principalmente de la errónea acción humana empeñada en transformar la naturaleza del planeta.

    Tendrán que venir sucesos extraordinarios que obliguen a frenar este “tren descarrilado”. Parece ser la única solución, no construida por el ser humano, aunque si provocada por él mismo. Ya una pandemia nos puso en alerta, no entendimos la lección, simplemente ansiábamos seguir como antes. Finalmente, Serrat sentencia en su discurso: “Es un derecho y una obligación restaurar la memoria y reclamar un futuro para una juventud que necesita reconocerse y ser reconocida. Tal vez no sepamos cuál es el camino. Tal vez no sepamos por dónde se llega antes. Pero sí sabemos qué caminos son los que no debemos volver a tomar”.

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