Graciela, Gobernadora

28/08/2026 04:01
    Esa es la Graciela Domínguez Nava que conviene tome las riendas de Sinaloa, esa con la que se puede hablar con franqueza, la mujer que entiende que el momento histórico que la llevó a la silla donde se toman las decisiones más importantes de Sinaloa no es para tomarse fotos y colgar un cuadro en medio al de Yeraldine y la persona que venga

    Tengo más o menos 12 años escribiendo columna política, regresé a Sinaloa para probar suerte como politólogo, una carrera -entonces y ahora- poco conocida. ¿Se puede ser experto en política? ¿Qué les enseñan ahí? Me preguntó la coordinadora Yudit del Rincón, una Diputada local, de las primeras personas que apostó por un joven inquieto con “ideas discursivas muy raras” que viene de Escuinapa por invitación del Diputado Villagrana; esa fue la presentación que recuerdo ante el resto de legisladores de su bancada albiazul. Pasados los protocolos laborales y un mes de prueba, me quedé a trabajar con ellos.

    El primer jueves de sesión, vi en tribuna a una mujer de cabello rizado, por el acento supe que era mi paisana del sur de Sinaloa, con un mensaje durísimo respecto a los tiempos de las participaciones en tribuna, el discurso no era de palabras elocuentes y rebuscadas, era una exigencia al respeto de los tiempos de la oposición en tribuna. No puedo escribir con detalle cada una de las palabras de su mensaje, pero tengo un gran recuerdo de una mujer legisladora a la que, para poder callarla, el viejo régimen le tuvo que apagar el micrófono.

    Eran los tiempos del PRI todo poderoso, dueños del Congreso, la mayoría de las alcaldías y sus cabildos, y por supuesto la gobernatura. En la Universidad, en la clase de derecho parlamentario y técnica legislativa, nos enseñaron que cada diputado tiene un mismo valor, una misma representación soberana y los mismos derechos y obligaciones ante sus representados. Pero, en la primera sesión pública en el Congreso de Sinaloa, aprendí que los textos académicos no reflejaban nada de la realidad ante mis ojos.

    En cada sesión, ahí estaba la Diputada Graciela, una y otra vez subiendo a tribuna; defendiendo a los comuneros desplazados de la presa Picachos, exigiendo apoyos para los productores de mango, solidarizándose con las familias desplazadas por la violencia, exigiendo la rehabilitación de los caminos rurales para las zonas pesqueras. En fin, una agenda legislativa y social clara, congruente con su representación de izquierda, totalmente cargada de oposición.

    Le perdí la pista, hasta que años después regresó al Congreso local, también como oposición. Era 2021 y una discusión pública llenaba los titulares de los medios locales. El ex Gobernador Quirino Ordaz Coppel quería construir un estadio de primer mundo para Mazatlán. Contratos multimillonarios sin fuente clara de financiamiento. Un estadio que atraerá el turismo futbolero y la inversión privada al puerto decían los promoventes. “Un negocio público para ganancias privadas, que les costará a los sinaloenses más de 700 millones de pesos” reclamaba públicamente la legisladora Graciela Domínguez.

    Por aquellos años, la busqué con fines académicos y terminamos en una plática interesantísima sobre futbol, inversiones públicas y corrupción disfrazada de progreso. Tan clara como siempre; “sabes el montón de cosas verdaderamente urgentes que podría hacer el gobierno con ese dinero Jesús? Quieren un estadio de lujo y tenemos hospitales sin sueros anti-alacrán, no les han pagado a los profesores que tienen dando clase más de seis meses. Por eso los denuncié”. -Diputada, quieren un estadio y ni equipo de futbol tenemos. “Ah, pero dice un empresario que les ofrece traer una franquicia, pero, ¿y si un día se va, se lleva el equipo a otro lado y nos deja el cascarón con todo y deuda?”. Voz de profeta.

    Esa es la Graciela Domínguez Nava que conviene tome las riendas de Sinaloa, esa con la que se puede hablar con franqueza, la mujer que entiende que el momento histórico que la llevó a la silla donde se toman las decisiones más importantes de Sinaloa no es para tomarse fotos y colgar un cuadro en medio al de Yeraldine y la persona que venga. La que estoy seguro entiende que el honroso cargo que ha decidido protestar, lleva consigo la gran responsabilidad de la rendición de cuentas, el ejercicio de la dura acción de gobierno en tiempos de crisis y la obligación de dar resultados aun cuando todos digan que un año y dos meses es muy poco para enderezar el barco.

    Puedo decir, que ante la inminente ruptura del rochismo con Morena y la Presidenta, me sorprendió el nombramiento de Graciela, pero no me incomodó; porque la conozco y sé que no es una política que le deslumbre el oropel y las parafernalias del poder. Se formó en las duras y conoció a fondo lo podrido de un partido hegemónico y corruptor que le hizo un gran daño a la democracia sinaloense.

    Hoy, la coyuntura y sus capacidades la ponen en la silla donde se manda y me gustaría exigirle respetuosamente que; además de poner todo su empeño en la recuperación de la paz y la economía de nuestro estado, se comporte a la altura de la congruencia que le conozco, para garantizar un próximo proceso electoral equitativo, limpio y transparente, que recupere la confianza institucional perdida. Y para eso no se necesita mucho, solo respetar la ley y dejar que la voluntad del pueblo soberano decida en la urna, sin dados cargados, sin amenazas de quitar los programas sociales y sin alianza o contubernio con poderes mañosos. Los grandes personajes de la historia no escriben su nombre por el tiempo que duran en el cargo, sino por la congruencia y rectitud de sus actos. Luego le seguimos.