Hablar con los muertos

ÉTHOS
03/10/2026 04:00
    Quien lee jamás se siente solo, puesto que dialoga consigo mismo y con multitud de personajes. Incluso, son muchos los autores que afirman que leer es hablar con los muertos

    Hay pocas experiencias tan íntimas y excitantes que tengan por marco la soledad, como la lectura. En efecto, la soledad es necesaria para profundizar en la concentración y reflexión. Quien lee jamás se siente solo, puesto que dialoga consigo mismo y con multitud de personajes. Incluso, son muchos los autores que afirman que leer es hablar con los muertos.

    Baltasar Gracián, en su libro Oráculo manual y arte de prudencia, afirmó: “Gástese la primera estancia del bello vivir en hablar con los muertos. Nacemos para saber y sabemos, y los libros con fidelidad nos hacen personas. La segunda jornada se emplee con los vivos: ver y registrar todo lo bueno del mundo... La tercera jornada sea toda para sí: última felicidad, el filosofar”.

    Una idea semejante compartió Francisco de Quevedo, en su soneto Desde la torre: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos”.

    Agregó: “Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos”.

    Otro ejemplo célebre es de Michel de Montaigne, quien se retiró a la torre de un castillo familiar, cuando tenía 38 años. Acondicionó el tercer piso como su despacho privado, donde reunió más de mil quinientos libros, además de que hizo grabar en las vigas del techo 54 frases en latín y griego con citas de los más destacados filósofos clásicos, como Séneca, Horacio, Plutarco y Lucrecio, entre otros, lo mismo que de varios libros de la Biblia.

    José Jiménez Lozano, en su novela La boda de Ángela, acotó: “Si quieres ser escritor, tienes que vivir, primero, mucho tiempo con los muertos”.

    ¿Convivo con los muertos?