El filósofo Byung-Chul Handedicó el último capítulo del libro “Sobre Dios. Pensar con Simone Weil”, a reflexionar sobre la inactividad (que no se reduce a flojera, abulia o pereza), y lo encabezó con un epígrafe de Robert Musil: “Hay que detenerse hasta que la cabeza, el corazón y los miembros sean puro silencio”, tomado de su obra: “El hombre sin atributos”.
Es sintomático que Chul Han escoja esa frase de Musil, que invita a una quietud y silencio total para alcanzar la auténtica paz, evitando las distracciones que ofrece el tecnificado y acelerado movimiento del mundo.
Musil planteó la necesidad de que el hombre alcance un estado de inactividad para conseguir una existencia contemplativa. La historia se ubica en Viena, entre 1913 y 1914, y es una sátira de la sociedad de su tiempo, en la que existe un hombre vacío, sin sentido de su vida, sin ideales ni compromisos, por eso le llama sin atributos.
Chul Han recordó que Simone Weil, en su obra: “Diario de fábrica”, ironizó cómo el ser humano se convirtió en la revolución industrial en esclavo de la máquina, su propia producción: “Al ponerse ante una máquina, hay que matar el alma durante ocho horas al día, el pensamiento, los sentimientos, todo”.
Analizando la situación que priva en la sociedad neoliberal del rendimiento, Chul Han escribió: “el esclavo y el amo confluyen en la misma persona. El esclavo solo se ha liberado en apariencia, convirtiéndose en amo, concretamente en empresario de sí mismo”.
Añadió que en este mundo digitalizado el ser humano se transformó en esclavo de su propia producción, derivando en una sociedad sin saciedad. Y finalizó: “Es el silencio lo que espiritualiza la acción humana; calma la actividad hasta convertirla en inactividad”.
¿Vivo momentos de inactivo silencio?