Este 6 de enero, Día de la Epifanía del Señor, el Papa León XIV clausurará el Año Santo y cerrará la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, finalizando el Jubileo de la Esperanza.
¿Cómo conservar la esperanza en la incertidumbre cotidiana ante las tragedias, conflictos y miserias de la vida? En primer lugar, no debemos dejarnos llevar por el pesimismo, puesto que no todo son malas noticias. El Papa indicó: “El año que ha pasado ha estado marcado por eventos importantes algunos felices, como la peregrinación de tantos fieles con ocasión del Año Santo; otras dolorosas, como el fallecimiento del añorado Papa Francisco y los escenarios de guerra que siguen devastando el planeta”.
Y, precisamente, ante el recuerdo del Papa Francisco, citó sus palabras: “la gratitud mundana, la esperanza mundana son aparentes... aplastadas por el yo, por sus intereses... en esta Liturgia se respira otra atmósfera diferente: la de la alabanza, del asombro, del agradecimiento”.
En efecto, la esperanza mundana es efímera y se diluye fácilmente; la única que permite abrir la puerta al futuro es la esperanza divina, pero es una esperanza que no irrumpe sola en el mundo, sino que necesita nuestro esfuerzo y colaboración.
Por eso, el inicio del año es momento especial para hacer un “Te Deum”; es decir una plegaria e invocación especial para pedir a Dios su apoyo e iluminación
Dijo el Papa: “Hoy estamos llamados a meditar sobre lo que el Señor ha hecho por nosotros el año pasado, así como también a hacer un honesto examen de conciencia, a valorar nuestra respuesta a sus dones y a pedir perdón por todos los momentos en los que no hemos sabido atesorar sus inspiraciones e invertir mejor los talentos que nos ha confiado”.
¿Conservo la esperanza?