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"ALDEA 21"

"La 4T, una historia que se cuenta sola"

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ALDEA 21
18/09/2020

    vraldapa@gmail.com
    @vraldapa

     

    Como es de esperarse en cada proceso electoral que se avecina, aspirantes, partidos y grupos de intereses económicos y políticos se activan en función de los tiempos y oportunidades para una nueva contienda en la que se sortea la permanencia en el poder, los privilegios de ser Oposición y las canonjías laborales y económicas como resultado de los compromisos y adeudos en campaña. Esta parece ser la ruta de nuestra democracia electoral, una suerte de aspiraciones alrededor de los que compiten y de los que por décadas y generaciones han vivido y coexistido, por una parte, en cargos de elección popular y empleos públicos, y, por otra, de licitaciones comerciales y de obra pública.

    Así se constituyen tradicionalmente incluso los comités de campaña, en los que predominan motivaciones delimitadas en función de la utilidad particular, razón por la que se fue extinguiendo el interés ideológico y comunitario que se supone genera simpatías en el elector. Sin embargo, las cosas se hicieron de otra manera y durante el periodo neoliberal, tanto partidos e instituciones electorales y gubernamentales, fueron prácticamente secuestrados por la clase política y económica del país, replicándose este mismo fenómeno de forma local en las entidades. Esto explica de muchas maneras la crisis de credibilidad por la que atraviesan actualmente los partidos políticos, como también la falta de legitimidad de una gran cantidad de representantes populares.

    Este uso mezquino de la política y manipulación de la democracia electoral en nuestro País fue el motivo por el que en 2018 una gran mayoría de mexicanos votó a favor de López Obrador y los candidatos de Morena. Este es ya un suceso que consigna la historia y que, a más de dos años del acontecimiento, tiene la propia que contar. Para revisar este corto periodo de gobierno que promete una cuarta transformación, tendríamos que dividir en al menos dos bloques para realizar un inventario justo de lo que hasta ahora ha sucedido, que sirva de referente para la elección de 2021 y sobre todo para entrever escenarios posibles de nuestro futuro inmediato. Para ello es necesario separar lo que se anuncia en una parte desde el Gobierno federal y cómo se refleja en las entidades, y por otra lo que acontece en los gobiernos y congresos locales de Morena.

    Si colocamos nuestra observación con una mirada imparcial del gobierno de López Obrador tendríamos que reconocer que a menos de dos años de su gobierno, sería deshonesto querer exigir resultados inmediatos a asuntos que requieren de al menos tres años para poder cumplirse. No obstante, si podemos observar, que en lo que va de su administración, se han venido realizando acciones anteriormente anunciadas desde antes de ganar la elección que incluyen un modelo económico diferente, combate a la corrupción, venta del avión presidencial, nueva refinería, tren maya, etc. Lo cual no resulta extraño que se lleven a cabo ya que formaron parte de las propuestas de cambio que ofreció. Otro aspecto, es que su gobierno enfrenta no sólo una inesperada y terrible pandemia que afecta la salud y economía de los mexicanos, sino que resiste, como era de esperarse, el ataque directo de grupos económicos muy poderosos, y a toda una clase política que abusó y se benefició del poder durante el régimen neoliberal.

    Esta realidad, en mi opinión, no deberíamos ocuparnos en el debate mediático y desaforado de algunos medios de comunicación, me parece que la medida de la discusión debiera ser la crítica constructiva, la que propone búsquedas de bienestar común en vez del enfrentamiento que descalifica a cualquier precio. Pero bueno, en la democracia también se aprende más cuando uno más se equivoca.

    Por otro lado decíamos que están los gobiernos locales de Morena, los que, como en el caso de Sinaloa, la historia es distinta a la promesa de la 4T y más parecida a lo que siempre fue y prometió en el pasado neoliberal, y esto, es muy probable que sea porque entre legisladores, alcaldes y gabinetes de los gobiernos de Morena se conforman por ex militantes de otros partidos con los que compartieron proyectos políticos con los anteriores gobiernos, lo cual explica viejas prácticas y antiguos compromisos. Esta falta de coherencia política en la conformación de sus gobiernos, dio al traste a cualquier intento, si es que lo hubo, de aplicar los postulados de la 4T en los municipios.

    Ahora bien, en el plano de lo local, habrá que preguntarnos cuál será ahora el discurso político de los partidos en su condición de gobierno y oposición al mismo tiempo. La misma promesa no cumplida de Morena en Sinaloa o la continuidad de gobiernos anteriores de parte del resto de los partidos.

    Una respuesta podría surgir a partir de las intenciones que rodean a cada candidatura, lo cual pone en la mesa la discusión de definir la prioridad de ganar una elección como proyecto inmediato o reconstruir sus partidos como opciones políticas con futuro.
    Dos historias y realidades distintas son el escenario en el que se dibuja una elección que aún no se determina de propósitos que nos permitan deducir cómo se habrá de inscribir el discurso político para alcanzar la confianza popular de las mayorías y cuál será el nivel de las narrativas en campaña.

    Hasta aquí mi opinión, los espero en este espacio el próximo martes.