La complejidad del desarrollo en Mazatlán

ENTRE COLUMNAS
11/05/2026 04:01
    La paradoja es evidente. Si bien el turismo ha sido motor económico, también ha sido fábrica de desequilibrios sociales. Produce riqueza, pero no siempre la distribuye de manera equitativa. El desarrollo turístico suele iluminar corredores específicos, mientras las periferias continúan esperando pavimentación, drenaje o transporte digno

    El pasado viernes presentamos en el Museo Casa del Marino, el libro titulado como esta columna, el cual es producto de meses de trabajo entre los Cuerpos Académicos Consolidados de la UAS: “Movimiento migratorio y desarrollo regional” de la Facultad de Ciencias Sociales, e “Internacionales” de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas.

    Algunos capítulos que integran este libro dan luz sobre las paradojas del turismo como principal actividad de la ciudad. Y es que, Mazatlán siempre ha vivido entre dos espejos: en uno se mira como destino turístico exitoso, con hoteles ocupados, cruceros internacionales, inversiones millonarias públicas y privadas, nuevos desarrollos inmobiliarios. En el otro, aparece una realidad menos vista pero que ahí está, con colonias sin servicios suficientes, desigualdad económica. Como otras ciudades turísticas, Mazatlán está dividida entre quienes viven del turismo y quienes sobreviven junto a él.

    La paradoja es evidente. Si bien el turismo ha sido motor económico, también ha sido fábrica de desequilibrios sociales. Produce riqueza, pero no siempre la distribuye de manera equitativa. El desarrollo turístico suele iluminar corredores específicos, mientras las periferias continúan esperando pavimentación, drenaje o transporte digno.

    Basta recorrer Mazatlán para entender todo esto: torres de lujo frente al mar conviven con trabajadores que deben desplazarse largas distancias desde colonias populares para sostener esa misma industria. El turismo crea empleos, aunque muchos son temporales, mal pagados o dependientes de temporadas impredecibles.

    Además, no todos los turistas impactan igual la economía local. Durante años se ha instalado una idea elitista según la cual el visitante de mayor poder adquisitivo es el más deseable y deja “mayor derrama económica”. Sin embargo, la realidad muestra matices más complejos. Hay turistas que llegan a hoteles todo incluido, consumen dentro de cadenas internacionales y dejan una derrama limitada en la base local. Su gasto circula poco fuera de los grandes consorcios.

    En contraste, el turismo popular, muchas veces despreciado por sectores, suele repartir mejor el dinero entre la economía cotidiana. Son las familias que comen en taquerías, compran raspados, consumen mariscos en pequeños restaurantes, utilizan pulmonías, compran recuerdos en mercados locales y llenan negocios familiares. Quizá gastan menos individualmente, pero distribuyen más directamente en la economía popular.

    Ahí reside una de las grandes contradicciones del modelo turístico contemporáneo, la obsesión por atraer inversiones de alto nivel puede terminar desplazando dinámicas económicas tradicionales que sostenían a miles de pequeños comerciantes.

    El libro entonces de fondo obliga a reflexionar: ¿para quién se está desarrollando la ciudad? Porque una cosa es crecer y otra muy distinta es desarrollarse de manera equilibrada. El turismo no es inherentemente bueno ni malo, es una herramienta económica, pero también un fenómeno social que reorganiza territorios, modifica culturas y amplía desigualdades cuando no existe planeación pública.

    El reto no consiste en rechazar el turismo, algo imposible en una ciudad cuya identidad económica gira alrededor de él. El verdadero desafío es construir un modelo más incluyente, donde la riqueza no quede encapsulada en zonas exclusivas y donde el éxito turístico también signifique bienestar para quienes cocinan, limpian habitaciones, manejan pulmonías, venden ceviche o atienden pequeños negocios familiares.

    Porque quizá el verdadero indicador del éxito turístico no debería medirse únicamente en ocupación hotelera o inversiones inmobiliarias, sino en la capacidad de una ciudad para evitar que el progreso de unos cuantos se construya sobre el rezago de muchos.

    Es cuanto...

    Posdata

    Hoy lunes a las 10:00 am estaremos presentando de nuevo el libro, esta vez en la Escuela de Turismo. Por allá nos vemos.