Aunque ya se comentó en la columna anterior que la familia como institución social estaba en peligro, lo cierto es que ese solo hecho conduce a pensar que con ello también la convivencia social está en serio peligro, más aún, se puede decir que en algunos poblados, rancherías y colonias citadinas, la convivencia social está herida de muerte, pues en muchas poblaciones rurales ya no hay habitantes o están casi abandonadas, excepto dos o tres casas o, en el peor de los casos, quienes todavía los habitan lo hacen por miedo, por complicidad con los delincuentes o bien porque no tienen a dónde ir.
En las zonas rurales serranas o costeras ya no existe la convivencia social, sencillamente porque ya no hay sociedad local, como acontece en el municipio de Tayoltita, Durango, que durante muchos años vivió y creció gracias a la minería cuyas empresas, extranjeras principalmente, no sólo proporcionaban trabajo, sino que financiaban en parte al Ayuntamiento, proporcionaban electricidad, apoyaron en la construcción de caminos y calles y otorgaban servicios en su clínica de la propia mina, pero todo eso se acabó y aunque la mina todavía pudiera explotarse, actualmente está abandonada por la inseguridad y se desconoce a quién pertenece finalmente; ya no hay empleos, la Presidencia Municipal sobrevive apenas de los recursos que envía el Gobierno del Estado, que son insuficientes; se sabe que algunos yacimientos mineros secundarios están siendo explotados por la delincuencia organizada, pero el producto de esas minas no se queda en el pueblo; los jóvenes están emigrando, además de los que huyeron por la violencia y familias enteras se están “bajando” a Durango capital o a Sinaloa, pero ese mismo problema se presenta en los municipios colindantes como San Ignacio o Concordia en Sinaloa y hasta en la zona rural de Mazatlán.
Este caso se relaciona directamente con la delincuencia y el narcotráfico, pero también con autoridades que han sido omisas, remisas y sumisas en el cumplimiento de sus deberes públicos y ahora tienen una sociedad disminuida y rendida, sin ánimo y sin futuro a la vista; así, un vistazo a poblados como Coyotitán o La Labor en San Ignacio o en diversos poblados de Badiraguato y Escuinapa en Sinaloa, presentan un espectáculo similar.
La siembra de temporal que por lo menos servía para consumo familiar, está abandonada, ya sea porque ha emigrado el jefe de familia o sus hijos, o bien los han asesinado o desaparecido, están presos o simplemente “andan huyendo”.
En las ciudades se está dando también un proceso de degeneración social; casi no existe ya vida nocturna en Culiacán, Navolato y varias ciudades de Sonora, de Michoacán y en otros estados con mayor o menor incidencia; los músicos andan “pidiendo limosna” en las calles, se acabaron las vacaciones al mar o a los poblados circunvecinos; no hay suficientes empleos para los jóvenes egresados; sólo han sobrevivido las empresas mayores, que no sólo tienen que enfrentar la competencia nacional y extranjera, sino también a un fisco voraz y omnipotente y a las extorsiones y amenazas de los delincuentes o a las nuevas leyes adversas a la libertad empresarial que sólo favorecen a las empresas del Estado.
La pequeña empresa sólo alcanza a sobrevivir ocultándose del fisco, con pocos empleados y bajos salarios y donde el propio dueño labora como un empleado más, todos ellos sin derechos de salud, vivienda y futuro económico ante la poca demanda de sus productos.
A todo lo anterior hay que agregar el cierre total de la frontera con Estados Unidos y a la persecución implacable de aquel país contra los millones de mexicanos indocumentados, que están siendo deportados a México, o bien, están siendo acusados y aprehendidos, porque allá, trabajar ilegalmente es un delito o es una situación próxima de otros delitos como los robos, los asaltos o el narcotráfico. Los mexicanos deportados no encuentran trabajo en su propio país y son una carga familiar más y todo ello ha ocasionado una disminución en las “benditas remesas”, que han sido una solución para miles de familias que prácticamente de eso han vivido con menor necesidad.
Este es el panorama socio-económico que está dificultando la convivencia social, la vida familiar, la sobrevivencia económica, la convivencia religiosa, deportiva y festiva; todos nos encerramos en nuestras casas y sólo salimos por necesidad, por trabajo o por salud; este es el México que se tiene, por la impunidad, la incompetencia y la complicidad de las autoridades responsables.