La deuda con las mujeres jornaleras y sus hijas e hijos

02/08/2026 04:01
    Escuchar las voces de las mujeres trabajadoras del campo no solo permite entender mejor el problema: es la única forma de construir soluciones que realmente respondan a sus necesidades

    Hablar de mujeres jornaleras y sus necesidades es también hablar de niñeces, de movilidad, de desigualdad estructural y de una deuda histórica en materia de derechos laborales. Desde Fundar, el trabajo para mejorar la política pública va mucho más allá del análisis de datos, presupuestos o investigación de escritorio. En el caso de las mujeres jornaleras, implica salir al territorio, encontrarlas en los campos —tanto en empresas formales como en espacios de trabajo informal— en sus comunidades de origen y en sus trayectos, pero, sobre todo, escuchar lo que tienen que decir.

    La información que ellas comparten no es un complemento: es el punto de partida. Sus experiencias, condiciones laborales y formas de vida nutren directamente las propuestas que impulsamos. Pero el trabajo no se queda ahí. También buscamos que estas acciones no se dirijan únicamente a quienes toman decisiones, sino que regresen a las comunidades en forma de herramientas, conocimientos y capacidades que permitan a las propias mujeres ejercer y exigir sus derechos.

    Desde hace casi cuatro años, distintas organizaciones hemos apostado por construir colectivamente una agenda para atender las condiciones laborales complejas de las mujeres jornaleras. Así nació la Alianza Campo Justo, integrada por la Red Nacional de Jornaleras y Jornaleros, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Oxfam México y Fundar. Cada organización aporta su experiencia, pero comparte una convicción: no es posible diseñar políticas públicas eficaces sin un enfoque de derechos y de interculturalidad.

    Este esfuerzo ha consistido en un trabajo constante en comunidades tanto de origen —de donde sale la mano de obra— como en los lugares de destino, en los cuales se revelan las múltiples dimensiones de la precariedad: la migración constante, la falta de acceso a derechos básicos y las condiciones laborales precarias que, en muchos casos, permanecen invisibles.

    Las respuestas no son inmediatas ni sencillas

    Los talleres comunitarios han sido una de las principales herramientas para acercarnos a estas realidades. En ellos, las mujeres han señalado dos necesidades claras: conocer sus derechos laborales y su acceso a los servicios de salud. Sabemos que ese conocimiento puede ser el primer paso hacia su exigencia. Sin embargo, también es evidente que el acceso a la información no es suficiente. La organización colectiva es clave, y construirla no es sencillo.

    ¿Cómo generar comunidad entre mujeres que pasan gran parte del año migrando? ¿Cómo fortalecer la confianza cuando apenas coinciden unos meses en sus lugares de origen? ¿Cómo construir organización cuando trabajan en distintos estados, empresas y contextos?

    Las respuestas no son inmediatas ni sencillas. Han implicado meses de ensayo y error, de escuchar propuestas, de probar dinámicas y de construir, junto con ellas, espacios que permitan encontrarse, reconocerse y pensarse colectivamente.

    Uno de los aprendizajes más claros ha sido la importancia de crear condiciones que hagan posible esa participación. Por ello, en los talleres se han incorporado espacios de cuidado para niñas y niños. No se trata solo de facilitar la asistencia de las mujeres, sino de reconocer que las niñeces también forman parte de esta realidad migrante. Esto no sería posible sin el involucramiento de la organización ENLACE, A. C., la cual ha llevado la batuta de este trabajo y de manera conjunta vamos sistematizando los hallazgos.

    Considerar tanto a las niñas y niños que migran con sus madres

    En estos espacios, a través de juegos, historias y actividades creativas, niñas y niños comparten sus propias experiencias: los largos viajes en camión, el calor, los lugares donde duermen, las responsabilidades de cuidado, la interrupción de su educación que es uno de los derechos más vulnerables, el prácticamente nulo acceso a los servicios de salud. Sus voces revelan otra dimensión de la problemática, una que con frecuencia queda fuera de la discusión pública.

    Por eso, hoy una parte fundamental del trabajo está enfocada en construir propuestas en torno a la agenda de cuidados con un enfoque intercultural. Esto implica considerar tanto a las niñas y niños que migran con sus madres como a quienes permanecen en sus comunidades de origen al cuidado de familiares, mientras sus padres buscan sustento en otros estados.

    Escuchar las voces de las mujeres trabajadoras del campo no solo permite entender mejor el problema: es la única forma de construir soluciones que realmente respondan a sus necesidades, visibilicen sus exigencias laborales y las condiciones de niñeces que desde temprana edad padecen las consecuencias de políticas públicas hechas lejos de los territorios.

    La autora: Arelhí Galicia es investigadora en el programa de Territorio, Derechos y Desarrollo de @FundarMexico