La diferencia entre pobreza y miseria

    Desde el inicio de mis Reflexiones en Voz Alta, he puesto énfasis en tres temas fundamentales de la conciencia social: la política, la filosofía y la historia.

    Ahora, la crisis generada por la pandemia en ciernes, me ha hecho ver que también es importante y relevante, incluir en estas reflexiones otro tema nodal; el de la sociología, ciencia que es el fundamento de toda condición humana junto a la psicología.

    En atención a ello, quiero compartir con ustedes el significado y profundidad de la sociología a partir de dos conceptos que en la percepción pública se consideran sinónimos, sin serlo. Me refiero a los de pobreza y miseria.

    La pobreza es y ha sido ponderada por los gobiernos anteriores, como la falta de recursos e ingresos pecuniarios suficientes para adquirir productos y bienes que satisfagan las necesidades básicas de los seres humanos y sus familias.

    Dicho de otra manera. Median el nivel de pobreza fundamentalmente en función de los ingresos obtenidos por los trabajadores de la ciudad y los jornaleros del campo, teniendo como referente la tasa salarial vigente en las zonas urbanas y rurales en cada entidad y región.

    A partir de 2002, se agregaron otros indicadores adicionales a los del ingreso per cápita, como el rezago educativo promedio en el hogar, la calidad y espacio de las viviendas, los servicios básicos de agua potable, drenaje, luz, el acceso a la salud y la seguridad social, la alimentación y grado de cohesión social.

    Los ciudadanos que no cuentan con esos servicios y sus ingresos se mantienen por debajo de la canasta alimentaria, forman parte de la pobreza extrema.

    Según los cálculos del Coneval con el Índice Nacional de Precios al Consumidor, en 2002, la línea de bienestar fluctuaba entre los dos mil 542 pesos mensuales en las zonas urbanas y mil 614 pesos en las rurales.

    La miseria, durante todo el periodo neoliberal, fue el submundo, no sólo de la pobreza, sino de la condición humana. Esto es, no sólo de la carencia de bienes materiales para sobrevivir, sino de la degradación de las personas, de su pérdida de valores morales, respeto a sí mismos y sus semejantes, de su falta de dignidad, de su ambición, egoísmo e individualismo.

    No es una condición humana de los pobres, sino también de los ricos. Tan honestos como miserables pueden ser unos y otros.

    El negocio ilícito del narcotráfico, que involucra lo mismo a gente humilde como a empresarios, políticos, gobernantes y autoridades policiales, es una muestra de que ni el status económico o condición social, determina la conducta social y el comportamiento moral.

    La miseria humana no tiene una línea divisoria entre pobres y ricos, sino entre bondad y maldad; trabajo y pereza; honestidad y deshonestidad; comunidad e individualismo.

    Es igual de miserable quien le roba a su propia madre el escaso dinero obtenido por ella después de una larga jornada de trabajo para comprar droga: que el funcionario corrupto que roba el dinero del erario público, así como el multimillonario que evade el pago de impuestos, para poner solo un ejemplo comparativo.

    Espero haber explicado la diferencia entre pobreza y miseria. Una cosa es ser pobre y otra muy diferente miserable.

    Afortunadamente uno de los ejes fundamentales para subsanar pobreza y miseria, es la política de bienestar social: becas a los mal llamados “ninis” -jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban- y pensiones solventes a los adultos de la tercera edad, que la Cuarta Transformación ha puesto en marcha, los cuales, grotescamente los neoliberales los catalogan como “Chairos” y etiquetan las políticas sociales de la Cuarta Transformación como “populismo”, lo que pone en evidencia la miseria de su condición humana, la que por lo visto, no van a desistir jamás, por más ricos que sean.

    Por el contrario, lo que pretenden, es recuperar el sistema neoliberal, el cual profundizó la pobreza de los mexicanos de los de “Abajo” y la miseria de la condición humana de los “Arriba”, muchos de los cuales están siendo procesados penalmente por evidentes actos de corrupción, saqueo del erario público, sus nexos con la delincuencia organizada, evasión del pago de impuestos, cuya identidad se ha divulgado en las últimas semanas.

    Ya era hora de ir a fondo, no sólo contra la corrupción en lo general, sino también a la impunidad de quienes se enriquecieron del erario público, el desmantelamiento de las paraestatales; el saqueo de los recursos naturales y por supuesto, de los gobernadores que se coludieron subrepticiamente con la delincuencia organizada y cárteles de la droga.

    La Cuarta Transformación debe atender y apoyar a los pobres y castigar a los miserables, ejes fundamentales para consolidar la política de bienestar social en ciernes, y una sociedad más digna y consciente.

    La sociología y la psicología son también parte de la conciencia social, que como ustedes saben, es el ser social el que la estructura. Por eso es que no hay que confundir pobreza con miseria, conceptos sociales diversos, que dependen no sólo de la división de clases, sino también de la condición humana.

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