La factura del cuidado: cuando la brecha salarial se convierte en pobreza de retiro

30/09/2026 04:01
    Uno de los grandes desafíos éticos que enfrentamos es evitar que vivir más años sea castigado con la precariedad. Es indispensable cerrar las brechas salariales y de cuidados desde los años de vida laboral activa para asegurar una vejez verdaderamente digna, libre e independiente para las mujeres.

    Las desigualdades económicas que enfrentamos las mujeres a lo largo de nuestra vida laboral no desaparecen con la jubilación; por el contrario, se transforman en una brecha pensional estructural y en desprotección social durante la vejez. Lo que se inicia como una diferencia en el salario o ingreso, culmina en una drástica pérdida de autonomía económica en la etapa de retiro.

    Las cifras del Inegi son contundentes: la brecha salarial promedio en México ronda el 19 por ciento. Al observar el ingreso neto total mediante la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024, la brecha se eleva al 34 por ciento (7 mil 904 pesos al mes para mujeres frente a 12 mil 016 pesos para hombres).

    Con casi la mitad de las trabajadoras mexicanas que perciben un salario mínimo, la organización Womerang estima que perdemos entre 1.4 y 1.6 millones de pesos en nuestra trayectoria laboral activa. Esta es una diferencia acumulada que no sólo afecta el ingreso disponible durante la vida laboral, sino también la capacidad de ahorrar y realizar aportaciones para el retiro.

    ¿Dónde está la raíz de esta injusticia? En la desigual distribución del trabajo no remunerado y de los cuidados. La Encuesta Nacional del Sistema de Cuidados 2022 evidencia que el 75.1 por ciento de las personas cuidadoras somos mujeres, destinando 37.9 horas a la semana frente a las 25.6 de ellos. En tareas domésticas y de atención, sumamos 35 horas semanales, es decir, 2.4 veces más que los hombres.

    Esta sobrecarga desproporcionada impide que 6 de cada 10 mujeres inactivas busquen empleo pagado y provoca que 9 de cada 10 personas que dejan el mercado laboral para cuidar sean mujeres. Ante la urgencia de horarios flexibles, un 56 % de las trabajadoras termina refugiándose en el sector informal, fuera del ahorro contributivo. Por eso, no debe extrañarnos que el 74.7 por ciento de quienes cotizan activamente en la seguridad social formal sean varones.

    Al llegar el momento de la jubilación, los sistemas de retiro convierten la menor cotización y los sueldos reducidos en una brecha pensional de género superior al 30 por ciento, según datos de la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro. A esto se suma que en México, según datos del Inegi al 2026, la esperanza de vida para las mujeres es de aproximadamente 79.2 años frente a los 72.7 años de los hombres, lo cual muestra una diferencia de unos 6.5 años a favor de las mujeres. Paradójicamente, en los esquemas de cuentas individuales, una mayor esperanza de vida puede traducirse en un menor monto mensual, porque el ahorro acumulado debe financiar un periodo más prolongado de retiro.

    Acciones urgentes contra este ciclo de desigualdad

    ¿Cuáles son las claves y opciones de política pública para romper este ciclo de desigualdad en la jubilación? Frente a este escenario, marcos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención Interamericana sobre los Derechos de las Personas Mayores plantean las siguientes acciones urgentes:

    - Construir un Sistema Integral de Cuidados. Ampliar la oferta pública de servicios de cuidado infantil, atención a personas mayores y personas con discapacidad o dependencia, así como apoyos para quienes cuidan, de manera que las responsabilidades no recaigan desproporcionadamente sobre las mujeres.

    - Reconocer los periodos de cuidado en el sistema pensionario. Otorgar bonos pensionales o reconocer semanas de cotización efectivas por periodos dedicados al cuidado de niñas, niños, personas mayores o personas con discapacidad.

    - Fortalecer la transparencia salarial. Establecer mecanismos de medición y auditoría de brechas salariales, criterios transparentes para determinar remuneraciones y herramientas de evaluación de puestos con perspectiva de género.

    - Formalizar sectores precarizados. Garantizar la afiliación obligatoria a la seguridad social en empleos clave pero históricamente desprotegidos, como el de las trabajadoras del hogar.

    - Garantizar un piso de protección en la vejez. Fortalecer mecanismos no contributivos y garantías mínimas que protejan a quienes tuvieron trayectorias laborales informales, intermitentes o con largos periodos de cuidado.

    Uno de los grandes desafíos éticos que enfrentamos es evitar que vivir más años sea castigado con la precariedad. Es indispensable cerrar las brechas salariales y de cuidados desde los años de vida laboral activa para asegurar una vejez verdaderamente digna, libre e independiente para las mujeres.

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    La autora es Mónica Corona, directora de Inclusión y Desarrollo Sostenible en Ethos Innovación en Políticas Públicas.