La disciplina puede llegar a cansar y ser molesta; sin embargo, es práctica y necesaria; su etimología nos remite al verbo latino “discere”, que significa aprender y está emparentado, también, con discípulo. Por tanto, no puede existir aprendizaje sin disciplina.
Esta enseñanza la tiene muy presente Ryan Holiday, autor de varios libros, entre ellos, “Diario para estoicos” y “La disciplina marcará tu destino”. Sin disciplina, insiste, es imposible llevar adelante una empresa, por eso colocó como epígrafe una frase de Epicteto:
“Hay dos palabras que debemos tomarnos en serio y obedecer cuando nos esforzamos en el bien y nos abstenemos del mal, palabras que asegurarán una vida sin culpa y sin problemas; persistir y resistir”.
Adentrándose en el libro, recordó que el Presidente Eisenhower señaló: “La libertad sólo es la oportunidad para la autodisciplina”. Es decir, quien es libre se exige y no abusa de su independencia; no se excede ni se mima; no se contenta con ofrecer resultados mediocres.
Y precisó con claridad: “A menos que prefiramos ir a la deriva, ser vulnerables, desordenados e inconexos, somos responsables de nosotros mismos. La tecnología, el acceso a todo, el éxito, el poder y los privilegios solo son una bendición cuando van acompañados de la segunda de las virtudes cardinales: el autocontrol”.
Volviendo al ejemplo de Eisenhower, puntualizó: “Su grandeza, como toda verdadera grandeza, no se basaba en la agresión, el ego, los apetitos o una gran fortuna, sino en la sencillez y la moderación, en cómo asumía el mando de sí mismo, lo que a su vez lo hacía digno de estar al mando de los demás”.
Asimismo, citó unas palabras de Séneca que la madre de Eisenhower repetía: “El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo”.
¿Me autodisciplino?