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"Éthos"

"La locura de la inmortalidad"

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ÉTHOS
01/11/2017 21:44

    El ser humano ha aspirado siempre a la inmortalidad. Numerosos relatos narran esta atávica inquietud. Sin embargo, como expresó San Agustín, “todo es incierto, sólo la muerte es cierta”.
     
    En efecto, la muerte no se puede negar, alejar ni eliminar; de hecho, el acto de vivir se posibilita merced a que se está muriendo. “Ya en medio de esta vida nos encontramos inmersos en la muerte”, señala un himno medieval atribuido al monje Notker, conocido como el tartamudo o balbuciente.
     
    Para muchos hombres la muerte se presenta como un gran mal o el más terrible fracaso. Santo Tomás de Aquino expresó que la muerte es “la más grande de las desgracias humanas” y “una pasión contraria a las sanas y espontáneas inclinaciones humanas”. Empero, Publio Siro reconoció que “buena es la muerte para el hombre, pues extingue los males de la vida”.
     
    Conviene precisar que el mal no es la muerte, sino el ansia de inmortalidad. Gilgamesh, en el relato babilónico, estaba totalmente apesadumbrado por la muerte de su amigo Enkidu y se dirigió a Utnapishtim, quien después del diluvio se volvió inmortal, para pedirle vida eterna. Éste respondió que era imposible, lo único viable era concederle otra vez la juventud mediante la ingestión de una planta. Para su desgracia, mientras se bañaba, una serpiente engulló la planta, por eso se dice que cambian de piel y vuelven a la juventud.
     
    El ansia de inmortalidad es una locura. “No tengo miedo a la muerte. He visto morir a muchas personas. Pero tengo miedo a la inmortalidad. Estoy cansado de ser Borges”, dijo el famoso escritor.
     
    Lo lamentable no es morir, sino no resucitar. “Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto”, manifestó Jesús.
     
    ¿Acepto la muerte? ¿Creo en la resurrección?
     
    @rodolfodiazf