La mamá presidencial en Culiacán
El Honoris Causa para Annie Pardo

OBSERVATORIO
27/03/2026 04:02
    La mamá de Sheinbaum rechazó cualquier modo de atención especial que se le pudiera ofrecer de parte del Gobernador Rubén Rocha Moya y el Rector Jesús Madueña Molina. Siempre dejó en claro que venía como una ciudadana común al margen de distinciones más allá de la que significaba el Honoris Causa, desprovista del lazo familiar con la política del Movimiento Regeneración Nacional que es la primera mujer en desempeñar la titularidad del Ejecutivo federal.

    A quienes tuvieron contacto o siguieron de cerca a la doctora Annie Pardo Cemo durante su estancia en Culiacán para recibir el grado Honoris Causa que le otorga la Universidad Autónoma de Sinaloa les llamó la atención la humildad y sencillez de esta mujer sin poses ni ínfulas de grandeza. Sorprendió, dicen, que en realidad la que vino es la modesta científica mexicana y no la presuntuosa madre de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

    Para muchos, el 24 de marzo era un día que traería señales o al menos mensajes subliminales en cuestión de política nacional relacionada con la coyuntura electoral que se avecina en Sinaloa, pero contrario a eso el acto presidido por el Consejo Universitario no cruzó la línea de solemnidad que el evento imponía, y en el convivio posterior con un grupo selecto de invitados dominó la conversación sobre la especialidad académica de la homenajeada.

    Al recibir el máximo reconocimiento que confiere la UAS, que también concedió a Rosaura Ruiz Gutiérrez por su aportación al desarrollo educativo, en Pardo Cemo sobresalió la bióloga celular cuyas investigaciones en enfermedades del pulmón y sobre envejecimiento son reconocidas en los ámbito nacional e internacional de la bioquímica. Cualquier connotación política que se le quiera encontrar al tema desvanece por la estatura del galardón y la galardonada.

    La mamá de Sheinbaum rechazó cualquier modo de atención especial que se le pudiera ofrecer de parte del Gobernador Rubén Rocha Moya y el Rector Jesús Madueña Molina. Siempre dejó en claro que venía como una ciudadana común al margen de distinciones más allá de la que significaba el Honoris Causa, desprovista del lazo familiar con la política del Movimiento Regeneración Nacional que es la primera mujer en desempeñar la titularidad del Ejecutivo federal.

    Si bien es cierto que ella fue la que congregó a la mayoría de los asistentes al Teatro de la Autonomía Universitaria, de igual manera resulta evidente que evadió acaparar los reflectores y estuvo al mismo nivel que la ocasión imponía. Le dio a la ceremonia solemne igual sensación que la que aporta un cubículo o laboratorio de investigación donde “se percibe como en ningún otro sitio la ilusión por el futuro y la emoción del conocimiento”.

    Ni por asomo hubo la ostentación de la figura maternal adherida a la imagen presidencial y eso lo cuidaron tanto Rocha Moya al referirse sin diferenciación a las aportaciones de ambas Doctoras Honoris Causa que “han ensanchado el horizonte del saber y contribuido a la formación de científicos y científicas mexicanos y de otras latitudes, a lo largo de varias décadas”, así como Madueña Molina las referenció como ejemplo de “dos mujeres excepcionales que han hecho de la ciencia su más honesta razón de vida, que la han asumido como una herramienta para el cambio”.

    En sentido opuesto a la selfie utilitaria, la frase de aliento político o el abrazo malinterpretado como espaldarazo, vale resaltar la actitud exenta de las vanidades que proyecta la silla presidencial para la familia de quien la ocupa. Aquella sombra del poder que en los regímenes priistas y panistas enajenaba hasta a la parentela más lejana desvaneció al predominar la de una mexicana más cuyo apellido apremia a la ecuanimidad y simplicidad.

    Fue indicación de Pardo Cemo o prevaleció la obligada prudencia en los organizadores e invitados de la sesión especial pero ella bajó del avión, llegó al hotel y acudió al campus Rafael Buelna como cualquier hija de vecino. Luego se fue con igual sobriedad. Quien lo viera no lo creería ya que la vieja pompa del besamanos se concretó al aplauso, la sonrisa a distancia y el silencio como señal de respeto.

    La única expectativa que quedó viva es la probabilidad de que la doctora Annie Pardo entere a su hija, la Presidenta, del buen trato que recibió en Culiacán, con santo y seña de sus anfitriones. Y si no pues más resplandece la ciudadana por clausurar la añeja dualidad de estirpe y tráfico de influencias.

    Así las cosas, las “corcholatas” deberán buscar en otras partes los padrinazgos que la madre de Sheinbaum no les dio.

    Reverso

    La mamá de la Presidenta,

    A nadie le dejó la ilusión,

    De que muy seguro se sienta,

    Frente a la próxima elección.

    Hagámoslo por Altata

    Ahora sí llegó la hora de cumplirle a Altata, Navolato, el propósito de recuperar el dinamismo que merece después de meses que le han pegado duro a sus pobladores y actividades productivas. El Carnaval “Oleajes de Alegría”, que inicia hoy y concluye el domingo contiene una cartelera que garantiza la diversión familiar y ofrece condiciones de paz con estrategias encabezadas por el Alcalde Jorge Rosario Bojórquez para que decenas de elementos de seguridad pública garanticen la tranquilidad y el orden. La meta es recibir a 80 mil visitantes que dejarían una derrama económica por el orden de los 65 millones de pesos. Vayamos los culiacanenses a refrendar el apego al edén turístico del centro de Sinaloa y marcar el inicio de la recuperación de lo que nos pertenece, lo que nos necesita.