La movilidad humana en Sinaloa

ENTRE COLUMNAS
14/09/2026 04:01
    La emigración hacia el extranjero no necesariamente significa una ruptura con sus pueblos. En muchos casos, produce una Sinaloa transnacional, donde la vida familiar, económica y cultural se desarrolla simultáneamente aquí y allá.

    Hace un par de días, la coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa, Imelda Castro, me invitó a participar en el foro que ha denominado Vocerías Digitales por la Paz. En este espacio tuve la oportunidad de exponer una conferencia titulada igual que esta columna. Aquí hablé sobre los principales flujos migratorios que atraviesan y transforman a nuestro estado.

    Sinaloa suele pensarse como una tierra de origen. De aquí parten familias hacia Estados Unidos; jóvenes que buscan nuevas oportunidades y, también, comunidades enteras que, a causa de la violencia, se han visto obligadas a abandonar sus pueblos. Pero Sinaloa es mucho más que un territorio de salida, también es tierra de tránsito y de destino.

    Miles de personas llegan cada año para trabajar, estudiar, buscar refugio o simplemente continuar su camino hacia otros lugares. En realidad, nuestro estado es escenario de cinco grandes flujos migratorios que ocurren de manera simultánea.

    El primero es la migración en tránsito. Personas procedentes de distintos países atraviesan Sinaloa con la intención de llegar a la frontera norte. Son hombres, mujeres, niñas y niños que se encuentran en una situación particularmente vulnerable. No siempre cuentan con documentos, recursos económicos o redes de apoyo. Algunos permanecen apenas unos días; otros quedan varados durante semanas o incluso meses. Su presencia plantea importantes desafíos humanitarios y de política pública en torno a su seguridad, salud, alojamiento, alimentación y, sobre todo, a la protección de sus derechos humanos.

    El segundo flujo es la emigración de sinaloenses al extranjero, particularmente hacia Estados Unidos. Durante décadas, miles de sinaloenses han construido sus vidas al otro lado de la frontera. Han formado comunidades, creado negocios, enviado remesas y mantenido estrechos vínculos económicos, familiares y culturales con sus lugares de origen.

    La emigración hacia el extranjero no necesariamente significa una ruptura con sus pueblos. En muchos casos, produce una Sinaloa transnacional, donde la vida familiar, económica y cultural se desarrolla simultáneamente aquí y allá.

    El tercer flujo es quizá el más doloroso: la migración interna forzada. Se trata de sinaloenses que no decidieron emigrar, sino que se vieron obligados a hacerlo. La violencia, las amenazas y la inseguridad han obligado a familias enteras a abandonar sus comunidades rurales y desplazarse hacia ciudades como Culiacán, Mazatlán, Los Mochis y otros centros urbanos. Sin embargo, abandonar una comunidad no significa que el problema termine.

    En los lugares de destino comienza una nueva etapa de dificultades: conseguir una vivienda, encontrar empleo, garantizar la educación de los hijos, acceder a servicios de salud y muchos más.

    El cuarto flujo está constituido por los jornaleros agrícolas migrantes. Sinaloa es uno de los grandes polos agrícolas del país y, durante cada temporada, recibe trabajadores procedentes de distintos estados de la República.

    Llegan familias completas para incorporarse temporalmente a las actividades del campo. Son indispensables para el funcionamiento de la economía agrícola sinaloense, pero con frecuencia enfrentan condiciones de vulnerabilidad relacionadas con la vivienda, los salarios, el transporte, la educación, la salud y la protección de sus derechos laborales.

    El quinto flujo es la inmigración internacional. Estadounidenses y canadienses llegan a Sinaloa para residir o pasar largas temporadas. Mazatlán, en particular, se ha convertido en un espacio atractivo para extranjeros que buscan una ciudad costera donde pasar parte del año. Este fenómeno también transforma nuestras ciudades, genera nuevas dinámicas económicas y sociales y plantea retos que requieren atención de las autoridades.

    De esta manera, Sinaloa se ha convertido simultáneamente en territorio de origen, tránsito, destino y desplazamiento. Por ello, durante la conferencia planteé la necesidad de crear en Sinaloa una Secretaría o, en su caso, un Instituto de Atención al Migrante.

    Un Instituto de este tipo podría formular, promover, instrumentar y evaluar políticas públicas dirigidas a migrantes y sus familias; coordinar esfuerzos entre los distintos niveles de gobierno; generar información sobre los diferentes flujos migratorios; y establecer mecanismos de protección que garanticen el respeto a sus derechos humanos.

    La movilidad humana es ya parte de nuestra realidad en Sinaloa. Por eso, más que reaccionar ante cada crisis, necesitamos una política pública permanente, especializada y con visión de largo plazo. Ojalá que algún día este proyecto se concrete.

    Es cuanto...