La muñeca viajera

    El escritor argentino César Aira publicó en la contraportada de “Babelia” de El País, el 8 de mayo de 2004, un artículo titulado “La muñeca viajera”, en el que aludió a una historia que tuvo lugar entre Franz Kafka y una niña que peridó su muñeca.

    La anécdota fue conocida gracias a la actriz polaca Dora Diamant (o Dymant), quien acompañó a Kafka en sus últimos días. La identidad de la niña permanece en la penumbra, pues Kafka se encontraba con ella en un parque. Este anonimato alcanzó mayor celebridad, porque el editor Klaus Wagenbach la buscó infructuosamente.

    Jordi Sierra i Fabra, en agosto de 2004, en ocasión de los 80 años del fallecimiento de Kafka, escribió un libro titulado “Kafka y la muñeca viajera”, en el que imagina las cartas que el autor checo dirigió a la niña para confortarla en su dolor.

    Mientras Kafka paseaba por el parque Steglitz encontró a una niña que lloraba desconsolada y le preguntó si se había perdido o alguien le había hecho daño. Ella negó con la cabeza. Entonces, cuestionó si se le perdió algún hermanito. Ella volvió a negar y respondió que lloraba la pérdida de Brígida, su muñeca.

    Para aliviar su dolor, Kafka le dijo a la niña (Elsi, le puso por nombre Jordi Sierra) que su muñeca se había ido de viaje, y que le había escrito una carta para contárselo, porque él era un cartero de muñecas.

    Kafka captó la trascendencia de su acción y que debía seguir escribiendo cartas a Elsi. Comprendió que no podía dar marcha atrás para confortar a la niña: “Estaba en juego una esperanza. Lo más sagrado de la vida”. Al final, Kafka le regaló otra bella muñeca que, supuestamente, envió Brígida como su reemplazo.

    ¿Consuelo al afligido?