La nada que soy

ÉTHOS
20/08/2026 04:00
    ‘Yo sólo sé que no sé nada’, la frase de Sócrates... Este no saber nada se erige como presupuesto indispensable para alcanzar la sabiduría, porque quien declara su propia ignorancia se traslada del vacío de las tinieblas hacia la plenitud de la luz.

    La frase clásica de Sócrates, y que se encontraba inscrita en el frontispicio del Oráculo de Delfos, decía: “Yo sólo sé que no sé nada”. Este no saber nada se erige como presupuesto indispensable para alcanzar la sabiduría, porque quien declara su propia ignorancia se traslada del vacío de las tinieblas hacia la plenitud de la luz.

    Sin embargo, leyendo la escritura mística de Simone Weil, se nos invita no sólo a no saber, sino a no ser, mediante el proceso de anonadación que la autora denomina “descreación” (y que tiene una profunda resonancia bíblica en la carta a los Filipenses (2,6-8), donde Pablo afirmó acerca de Jesús:

    “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”.

    Weil resaltó la supremacía del amor por sobre todo otro valor o cosa, como lo hizo también el Apóstol de los Gentiles en su Primera Carta a los Corintios (13, 1-13): “Participamos en la creación del mundo al descrearnos a nosotros mismos... Dios no puede querer más de nosotros más que ese acceder a retirarnos para que le dejemos pasar”.

    Con qué claridad refirió Miguel de Unamuno la prioridad de Dios en ese pasar: “Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar, la hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar”.

    Por eso, señaló Chul Han: “Quien renuncia a su yo por Dios, quien se descrea, se vuelve tan transparente como el límpido cristal de la ventana por la que penetra a raudales y sin trabas, la luz de Dios”.

    ¿Soy mi nada?