La nueva realidad en el campo de la información (y la desinformación)
Esta semana el tema que desplazó a la inseguridad y la violencia criminal de la discusión en los medios tradicionales fue el de si la propuesta de ley que propone el Gobierno mexicano sobre los derechos de las audiencias busca acabar con la libertad de expresión.
La Presidenta Claudia Sheinbaum en La Mañanera ha dicho que los lineamientos tienen como objetivo fortalecer el derecho de las audiencias a recibir información y que no pretende establecer un mecanismo de censura: “Los medios de información tienen que tener un código de ética para garantizar el derecho a la información”. Por su parte, Luisa María Alcalde, consejera jurídica de la Presidencia, añadió: “El Estado no va a evaluar (qué) es verdad o no es verdad. Serán los medios de comunicación, a través de sus códigos de ética, los que establezcan cómo van a garantizar que esa información sea veraz”.
La explicación gubernamental también incluye una defensa de la obligación que tendrían los medios de diferenciar opinión e información. Sin embargo, la oposición política, columnistas y comentaristas radiales y televisivos, así como propietarios de medios de comunicación sostienen una intensa presión para que la propuesta gubernamental sea modificada antes de su aprobación, porque la consideran profundamente autoritaria.
Los críticos de esta propuesta han argumentado que, sí el árbitro que va a decidir qué es información y qué es opinión, y dónde hay ética y dónde no, es una instancia gubernamental, entonces, inevitablemente habría un sesgo autoritario, censor. Lo cual, podría ser cierto.
Lo real, y esto es más importante, es que el contexto social, internacional y nacional, en el que se presenta esta iniciativa es tan diferente a otras etapas históricas, que, en última instancia, hace inviable un control gubernamental de la libertad de expresión. En efecto, la tecnología digital y algorítmica, y el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial, en el que las redes sociales dominan de manera ascendente la comunicación, la información y la interpretación de la realidad, y donde los medios tradicionales juegan un papel cada vez menos importante, sobre todo entre las nuevas generaciones, no hay posibilidad alguna de limitar de manera efectiva la libertad de expresión. Es más, ésta, en manos de las redes sociales, ha rebasado, con frecuencia, las viejas normas éticas y los valores de una sociedad democrática, cayendo en lo prosaico, banal y manipulador, incluso en el libertinaje.
Un reciente estudio publicado por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford revela una transformación radical en la forma en que las audiencias jóvenes (18 a 24 años) interactúan con la información.
Particularmente, en el campo de las noticias, nos dice esta investigación de la Universidad de Oxford, intitulado “Comprendiendo a las audiencias jóvenes de noticias en una época de cambios rápidos”, señala que esta capa social ha transitado de un modelo “primero en línea” a uno “social-first”.
De acuerdo con este estudio, el consumo incidental de noticias ha desplazado a la búsqueda intencional en sitios web de medios de comunicación. Explica: “Las plataformas visuales han superado a los medios tradicionales y a las redes sociales de primera generación. Mientras que hace una década Facebook era la plataforma dominante, hoy los jóvenes voltean a ver redes como TikTok, Instagram y YouTube para acceder a la información”.
“Esta preferencia se debe a que muchos jóvenes se sienten alienados por el periodismo convencional, al cual consideran en ocasiones irrelevante, difícil de entender o injustamente sesgado contra su generación”.
En México, nos dice el Digital News Report de la agencia Reuters 2025), las noticias ya no se leen en el periódico ni se escuchan en la radio: se ven en TikTok. Es decir, este estudio nos diría que los medios tradicionales de información no son la principal fuente de información, especialmente de jóvenes entre los 18 y los 24 años.
El consumo de noticias en redes en México, dice Reuters, pasó de 52 por ciento a 65 por ciento, y TikTok encabeza ese tránsito con un crecimiento en aceptación como canal de noticias. El 24 por ciento de los usuarios en México ya utiliza la plataforma para enterarse de noticias, seis puntos más que el año anterior. No obstante, la confianza en la información digital es todavía muy baja: solo el 36 por ciento de los mexicanos confía en lo que ve en redes sociales.
Concluye el informe de Reuters: “Las plataformas funcionan como cámaras de eco, donde los usuarios reciben contenido que refuerza sus creencias, con poca exposición a visiones contrarias. Este fenómeno agrava la polarización y limita el pensamiento crítico, sobre todo cuando la desinformación se mezcla con entretenimiento”.
Como vemos, en un contexto mediático como el que nos describen la investigación de la Universidad de Oxford y el Informe de Reuters, y donde es prácticamente imposible censurar a la información que circula en las redes y en las plataformas visuales, una iniciativa como la que presenta Morena, aún aprobándose y que fuese cierto que intenta censurar a los medios tradicionales, su efecto entre la juventud sería prácticamente nulo, a la vez que, entre las capas de mayor edad, sería rápidamente confrontado.