La piel de las palabras

ÉTHOS
30/03/2022 04:16
    Mancillar la piel es mancillar, también, la parte exterior que conduce a lo más sagrado de la persona. Por eso, en la mayoría de las culturas constituye un tabú, o prohibición, tocar a la persona sin su consentimiento. Si la piel es sagrada; mucho más lo será la sustancia de la palabra.

    Permítasenos esta licencia de hablar de la piel de las palabras, como si ellas tuvieran un cuerpo semejante al nuestro, el cual es resguardado por una capa protectora llamada piel; la que, a su vez, además de proteger, posibilita y permite el contacto con el mundo.

    El filósofo francés, Jean Luc Nancy, quien falleció hace menos de un año (23 de agosto de 2021), escribió un libro titulado Piel esencial, en el que expuso: “El desprendimiento proclive de la piel responde a su ser esencial, que no es simplemente envolver, sino desenvolver aquello que envuelve: exponerlo y ponerlo afuera y en el mundo”.

    He aquí el meollo: la piel no solamente envuelve un cuerpo, sino que también lo desenvuelve para que interactúe; es decir, lo protege y le permite manifestarse. La piel no es simple cáscara que envuelva al fruto, sino que es el pronaos, o pórtico y vestíbulo de la arquitectura griega, que estaba delante de la parte más sagrada del templo.

    Mancillar la piel es mancillar, también, la parte exterior que conduce a lo más sagrado de la persona. Por eso, en la mayoría de las culturas constituye un tabú, o prohibición, tocar a la persona sin su consentimiento. Si la piel es sagrada; mucho más lo será la sustancia de la palabra.

    En otro escrito: 58 indicios sobre el cuerpo: extensión del alma, Nancy subrayó: “El alma se escapa por la boca en palabras. Pero las palabras son todavía efluvios del cuerpo, emanaciones, pliegues ligeros del aire salido de los pulmones y calentado por el cuerpo”.

    Por eso, al sentirnos desairados, decimos que no se nos “pela”. Cuando pelamos una fruta sacamos su piel, pero accedemos a la sustancialidad de su sabor y frescura.

    ¿Respeto la sacralidad de la palabra?