La Presidenta, los narcopoliticos y los empresarios

    Los altísimos niveles de corrupción en México sólo son posibles cuando ésta adquiere tintes de corrupción organizada junto con un ambiente de impunidad selectiva generado por el mismo sistema como condición necesaria para su operación y permanencia.

    Es una gran sorpresa e indignación ver que la primera Presidenta de México, por un lado, defiende y protege a los narcopolíticos de su partido, y por otro, sataniza, denuesta y reprime a los empresarios, especialmente a los disidentes.

    Si dirigir es educar, como sostiene el filósofo mexicano Carlos Llano, la Presidenta Sheinbaum mal educa a los mexicanos protegiendo narcopolíticos y denostando empresarios.

    En una comunidad lo que se honra es lo que se obtiene, por lo que el mensaje que manda la Presidenta, especialmente a los jóvenes, es terrible. Olvida Sheinbaum que es la máxima autoridad del País y que lo que dice o hace, incluido lo que deja de hacer, tiene una gran influencia, positiva o negativa en los mexicanos.

    Los altísimos niveles de corrupción en México sólo son posibles cuando ésta adquiere tintes de corrupción organizada junto con un ambiente de impunidad selectiva generado por el mismo sistema como condición necesaria para su operación y permanencia. La Presidenta no alcanza a dimensionar la trascendencia de sus palabras, de sus actos y omisiones, ya que el combate a la corrupción organizada debería ser el eje principal de su gobierno si realmente pretende transformar a México.

    Si bien la narcopolítica no nació en este sexenio ni con el partido en el poder, es con Morena que este fenómeno político criminal ha cobrado mayor dimensión y ha quedado en evidencia, por lo que ya no es posible señalarlo como caso aislado, sino que el aferramiento de Sheinbaum de defender y proteger a personajes corruptos vinculados con el narcotráfico hace patente la certeza de que los casos de Rocha en Sinaloa, Adán Augusto en Tabasco y el huachicol fiscal en Tamaulipas, todos estos casos de corrupción política llegan hasta Palenque, de otra forma es incomprensible que se les siga garantizando impunidad.

    Por otro lado, los países que salen adelante son aquellos que fortalecen su Estado de derecho y las instituciones que lo sustentan; combaten ferozmente la corrupción organizada, y fomentan su economía exaltando la actividad empresarial y la inversión productiva.

    Iván Lansberg, en su libro “Los sucesores” nos dice: “para construir una empresa de éxito hace falta una dosis enorme de energía, talento, trabajo duro... y buena suerte. En realidad, los estudios sugieren que la mayoría de los emprendimientos fracasan dentro de los primeros cinco años.

    Los empresarios enfrentan formidables odiseas y deben tener una implacable determinación. No debería sorprendernos, entonces, que a los triunfan tras años de esfuerzo, sus comunidades los consideren verdaderos héroes”.

    “Toda empresa de éxito es, en cierta forma, un pequeño milagro”, concluye Lansberg.

    Obvia decir que la Presidenta Sheinbaum y sus correligionarios no entienden mi comparten estas ideas sobre la iniciativa empresarial, ni tienen la menor noción del esfuerzo y los riesgos implícitos que conlleva el emprender, por eso en lugar de enaltecer o elogiar la empresa, la satanizan y promueven la lucha de clases.

    Presidenta, protegiendo narcopolíticos y denostando empresarios, México no prosperará.