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"Éthos"

"La recompensa de la constancia"

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ÉTHOS
31/07/2019 18:41

    rfonseca@noroeste.com
    @rodolfodiazf

     

    La consecución de grandes obras requiere entusiasmo, convicción, esfuerzo, decisión y, sobre todo, constancia y perseverancia. Abundan las personas que piden que las cosas sean fáciles de realizar, que no exijan demasiada entrega y sacrificio.

    Además, no contentas con estas absurdas pretensiones, se complacen en tratar de desalentar a quienes se echan a cuesta un arduo trabajo diciéndoles que nunca lo van a terminar.

    Sin embargo, las personas convencidas y pertrechadas con una inquebrantable constancia, demuestran que sus esfuerzos no son estériles y obtendrán a su tiempo la ansiada recompensa de sus esfuerzos.

    En una antigua narración china se lee lo siguiente: había un anciano cuya casa daba al sur y delante de la puerta se alzaban las grandes montañas Taihang y Wangwu. Nada podía florecer porque la sombra de estas dos montañas obstaculizaba los rayos del sol.

    El anciano, decidido, junto con sus hijos, se puso a cavar con azadones para trasladar las montañas. Un irónico vecino inmediatamente quiso disuadirlos de esa insensata empresa, pero el anciano repuso: “Cuando yo muera, mis hijos proseguirán este trabajo. Cuando mueran mis hijos, seguirán haciéndolo mis nietos. Cierto que los montes son altos, pero no crecen. Nuestras fuerzas, por el contrario, pueden crecer. Con cada bloque de tierra y con cada roca que extraemos, nos acercamos más a nuestra meta. Es, sin duda, infinitamente mejor hacer algo que estar quejándonos de que los montes nos quitan el sol, la vista y el paso”.

    El relato concluye diciendo que el anciano continuó cavando y Dios, compadecido, envió a dos de sus ángeles a que cargaran sobre sus espaldas los montes para removerlos.

    Claro que alguien más escéptico e incrédulo preguntaría: “¿No sería más práctico mover la casa?”

    ¿Persevero constante? ¿Desisto ante las primeras pruebas y dificultades?