La resquebrajadura

26/01/2026 04:02
    Ningún estadista ha registrado el cambio de época como lo ha hecho el Primer Ministro de Canadá. Lo decía desde septiembre del año pasado y lo reiteró, con mucha mayor resonancia, hace unos días en Davos. Él mismo escribió el mensaje que sacudió al mundo

    Antes de su histórico discurso en Davos, el Primer Ministro de Canadá citaba un par de líneas de una canción de Leonard Cohen. “Hay una grieta en todas las cosas, así es como entra la luz”. Algo sólido se resquebraja de repente y de esa rajadura aparece una chispa. Hasta el concreto más firme se quiebra y es justo en el filo de esa raja donde se asoma la luz. “Toca las campanas que aún pueden sonar / olvídate de la ofrenda perfecta / hay una grieta en todas las cosas / así es como entra la luz”. Jordi Soler dedicó un ensayo memorable sobre Cohen y eso que traduce con precisión como “la resquebrajadura”. Lo que en el cantante es melancolía en el estadista es un llamado a la imaginación y a la responsabilidad. Cuando se rompe el granito se abren las posibilidades. El llamado de la política, su responsabilidad esencial es encontrarlas.

    Ningún estadista ha registrado el cambio de época como lo ha hecho el Primer Ministro de Canadá. Lo decía desde septiembre del año pasado y lo reiteró, con mucha mayor resonancia, hace unos días en Davos. Él mismo escribió el mensaje que sacudió al mundo. No leyó un texto maquilado por un equipo de asesores que mide con encuestas el efecto de cada adjetivo. En Davos se escuchó a un gobernante que descifra con honestidad el sentido del presente y traza al mismo tiempo el boceto de un nuevo camino. Entre un vuelo y otro fue dándole forma él mismo a un discurso impecable. No recuerdo ningún otro mensaje político que haya registrado con tanta precisión la naturaleza de los desafíos de nuestro tiempo. Discurso firme, lúcido y elocuente que sorprende por su valentía y el hilo de su racionalidad. Un ejercicio ejemplar de dignidad. Los insultos, las amenazas, la patanería y la vulgaridad del Presidente norteamericano encuentran en el economista canadiense una respuesta digna, sobria y, sobre todo, valiente.

    El discurso de Davos interpela a los gobernantes que se han entregado al autoengaño frente a Trump. Nos salvarán las elecciones intermedias; se impondrá la racionalidad económica, pronto retomaremos el itinerario del libreto liberal, las concesiones nos salvarán de la ira, hay momentos para agachar la cabeza y olvidarse de la dignidad, es mejor ser vasallos que terminar triturados. Carney rescató el famoso texto de Václav Havel sobre el poder de los sin poder, seguramente el más profundo de los ensayos de la disidencia europea frente al totalitarismo de corte soviético. En todo régimen totalitario, hay un estímulo para vivir en la mentira. Proclamar respaldo al poder para no ser molestado, fingir entusiasmo por las causas del régimen para obtener alguna ventaja, repetir las consignas del lenguaje oficial para no hacer olas. Todos repiten un lema en el que nadie cree. El político canadiense emplea esa imagen para denunciar que seguimos rindiéndole tributo a una idea muerta.

    Frente a quienes apuestan a la salvación de las elecciones intermedias, frente a quienes creen que el trumpismo es una desviación momentánea del libreto liberal, frente a quienes hacen cálculos de beneficio nacional desde la sumisión, Carney exige llamar a las cosas por su nombre. El mundo ha estado dispuesto a vivir en la mentira bajo Trump. Esa es la farsa que Carney convoca a romper. No estamos viviendo una transición de un tiempo a otro. Lo que vivimos es una ruptura. Se ha roto definitivamente el entendimiento que dio sentido al orden internacional durante décadas y ese orden no volverá.

    Sorprende que la Presidenta Sheinbaum haya felicitado al premier canadiense porque su discurso es una ruda descalificación de la estrategia mexicana. México, en efecto, compite para ser el más complaciente de los países. México habla de soberanía mientras acepta la subordinación. Ciertamente el espacio de una “potencia media” como Canadá es muy distinto al de un país como México. Pero la lección que nos viene de ese norte no puede ser ignorada. La resquebrajadura exige pensar lo que era impensable hace poco. Entender que la unidad nacional no es solamente la cohesión de su grupo; asumir que la defensa de la soberanía no puede ser discurso frente al exterior si no se ejerce dentro. Exige, sobre todo, romper el pacto de impunidad que Sheinbaum considera su balsa.