La peregrinación es un elemento arquetípico en muchos pueblos y tradiciones. Los aztecas peregrinaron hasta el lugar en que un águila devoró una serpiente. Los cristianos consideran esta vida como peregrinación hacia la casa eterna del Padre. Incluso, antes de llamarse cristianos se les conocía como “los del Camino” (Act 9,2).
Para los romanos, peregrino era quien tenía ciudadanía de otra parte. Esta voz se hace derivar del latín “per agrare”, que significa ir por los campos. El peregrino no tiene domicilio fijo, como versificó Luis de Góngora: “Pasos de un peregrino son, errante, cuantos me dictó versos dulce Musa en soledad confusa, perdidos unos, otros inspirados”.
En el prólogo a sus Doce cuentos peregrinos, García Márquez explicó que podrían no haberse publicado y terminar en el cesto de la basura: “Y así hubiera terminado su incesante peregrinaje de ida y vuelta al cajón de la basura, de no haber sido porque a última hora me mordió una duda final”.
Juan Pablo II fue reconocido como el Papa Peregrino, porque recorrió los cinco continentes, visitando 128 países y más de mil 500 jefes de Estado (aunque antes había sido llamado así Pablo VI, pues fue el primer Pontífice en visitar los cinco continentes, realizando 10 viajes apostólicos).
El Papa Francisco respondió por Internet a las inquietudes de 33 mexicanos (16 damas y 17 varones, recogidas por Notimex en 10 estados) sobre su visita a México: “Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas (...) yo voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo.
“No voy a pasar la canastita, quédense tranquilos, voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes”.
¿Cómo peregrino?
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