La salud mental de la niñez comienza en los entornos donde crecen niñas, niños y adolescentes
Cada vez son más las niñas, niños y adolescentes atravesando dificultades emocionales, y eso está afectando cómo se sienten y se desarrollan. En 2024, cerca de 145 mil personas menores de edad acudieron a servicios públicos de salud en México por situaciones relacionadas con su salud mental; casi el 80 por ciento de los casos está concentrado en ansiedad, depresión y trastornos de conducta (Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones [CONASAMA], 2025).
Pero esos datos no cuentan toda la historia. Limitar la conversación a cifras o diagnósticos clínicos resulta insuficiente. La salud mental de la niñez y la adolescencia es un tema social, pues se construye, o se deteriora, en los espacios donde viven todos los días. Atraviesa familia, escuela, comunidad y políticas públicas en su conjunto; por ello, se requiere una conversación social amplia y coordinada.
La evidencia demuestra que las afectaciones en salud mental no aparecen de forma súbita en la adolescencia, sino que evolucionan a lo largo del desarrollo, lo que abre oportunidades para la detección y atención temprana.
Durante la infancia (5 a 9 años de edad), hay una mayor concentración en trastornos de conducta (45.8 por ciento), los cuales pueden representar formas tempranas de expresión del malestar emocional. En la adolescencia temprana (10 a 14 años de edad), hay una mayor demanda por trastornos de ansiedad (53.3 por ciento), lo que coincide con cambios biológicos, escolares y sociales que se dan de forma simultánea. Mientras que en la adolescencia (15 a 19 años de edad), hay un predominio de depresión (52.6 por ciento), así como un incremento significativo del riesgo suicida (Dirección General de Información en Salud [DGIS], 2025). Este recorrido no es casual, sino que refleja procesos acumulativos que ocurren en distintos entornos y a lo largo del tiempo.
Por ello, una de las principales claves para entender el tema es reconocer que la salud mental no es sólo un asunto individual, sino un fenómeno sistémico. Depende de la calidad de los vínculos familiares, de las experiencias en la escuela, de las condiciones de la comunidad, así como de factores sociales y estructurales como la violencia, la pobreza o la discriminación.
En el entorno familiar, experiencias adversas como la violencia, la negligencia o la inestabilidad económica (o de alguna otra naturaleza) tienen efectos en el bienestar emocional de las niñas y niños. En el entorno escolar, el acoso afecta a más de una cuarta parte de las y los adolescentes (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2022, p. 32), teniendo consecuencias que van desde ansiedad y depresión, hasta aislamiento y autolesiones. A esto se suma un cambio importante en la forma en que las y los adolescentes regulan su malestar, ya que una gran proporción recurre primero a dispositivos digitales antes que a redes cercanas de apoyo (INEGI, 2022, p. 32). Estos factores no se dan de forma aislada, sino que suelen combinarse y acumularse, y cuando los entornos no logran ofrecer condiciones de protección, no sólo se debilita el bienestar emocional, sino también la capacidad de pedir ayuda, de sentirse parte de una comunidad y de construir relaciones significativas.
Ante este panorama, el sistema de atención en salud mental enfrenta un desafío complejo. No sólo se trata de atender más casos, sino de hacerlo a tiempo, de forma preventiva y de manera continua. Muchas de las dificultades comienzan en la niñez, pero se detectan cuando ya han avanzado; llegan incluso a transcurrir años entre la aparición de los primeros signos y la primera atención especializada.
Esta situación también refleja un reto en la forma en que socialmente entendemos el bienestar emocional. En muchos casos, las familias no identifican de inmediato que lo que están viviendo las niñas y niños requiere de un acompañamiento que, en ocasiones, debe ser especializado; en otros casos, aunque llegan a identificarlo, no saben a dónde acudir, en qué momento hacerlo o se enfrentan a dificultades para cubrir costos económicos asociados. Se estima que más de la mitad de las personas cuidadoras no identifica inicialmente la necesidad de atención, y sólo el 13 por ciento busca ayuda de manera activa (Caraveo-Anduaga & Martínez-Vélez, 2019, p. 2). Esto no responde a falta de interés, sino a una combinación de factores como información limitada, estigmas en torno a la salud mental y ausencia de rutas claras de atención. En ese contexto, los servicios de salud suelen convertirse en el último recurso dentro de la trayectoria de búsqueda de ayuda.
Pero, por otro lado, aun en los casos en que se busca ayuda, con frecuencia las familias se enfrentan a limitaciones en el acceso. Más del 80 por ciento de quienes requieren atención en salud mental no la reciben (Secretaría de Salud [SSA], 2022, p. 32), y las oportunidades de acceder también varían según el territorio, pues mientras en algunos estados existe mayor capacidad de detección y atención, en otros las oportunidades son más limitadas.
En ese sentido, nos enfrentamos al reto de ampliar la cobertura, pero también de fortalecer y acompañar a los distintos entornos en los que ocurre la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes: la escuela, la casa, la comunidad. Ahí existen oportunidades reales para apoyar, pero no siempre se activan ni se articulan; y cuando esas conexiones no se dan, el apoyo se vuelve intermitente o incluso inexistente. Cada espacio actúa por separado, sin continuidad, y lo que se podría acompañar o atender de forma oportuna se diluye. El problema no es que no haya puntos de contacto, sino que no están suficientemente conectados entre sí.
Desde una perspectiva de política pública, se requiere pasar de respuestas fragmentadas a trayectorias de detección, acompañamiento y atención más claras, articuladas y sostenidas en el tiempo. No se trata únicamente de ampliar servicios de salud, sino de fortalecer la capacidad de los distintos espacios y actores (escuela, familia, comunidad) para actuar de manera oportuna y coordinada.
Esto implica fortalecer herramientas en escuelas y familias, generar información clara sobre cómo actuar y construir rutas de apoyo accesibles. También implica reconocer que no todo malestar requiere una respuesta clínica; en muchos casos, lo que las niñas, niños y adolescentes necesitan es escucha, contención, conexión y acompañamiento cercano que evite que las dificultades escalen.
En los últimos años, México ha avanzado en la construcción de un enfoque más preventivo y comunitario en salud mental. El siguiente paso es consolidar una respuesta más articulada, que conecte lo que ocurre en la escuela, en la familia, en la comunidad y en los servicios de salud.
En este esfuerzo, las organizaciones de la sociedad civil podemos contribuir sensibilizando y acercando intervenciones a territorio, fortaleciendo redes comunitarias y generando puentes entre las familias y las instituciones. En Save the Children trabajamos para promover entornos protectores, impulsar la prevención y contribuir con evidencia para mejorar las respuestas desde la política pública.
La salud mental de niñas, niños y adolescentes no es un tema aislado. Es un reflejo de las condiciones en las que crecen. Atenderla implica coordinar mejor las respuestas y asegurar que cuando una niña o niño necesite apoyo, lo encuentre de manera cercana, clara y continua.
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La autora es Nancy Ramírez, directora nacional de Incidencia Política y Temas Globales en Save the Children México
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Save the Children (@SaveChildrenMx) es una organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo.
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Referencias
- Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones [CONASAMA]. (2025). Respuesta a solicitud sobre información en materia de salud mental de niñas, niños y adolescentes en México (Folio 343053400013825). Plataforma Nacional de Transparencia.
- Dirección General de Información en Salud [DGIS]. (2025). Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones. Demanda de tratamiento por condiciones de salud mental 2024.https://www.conasama.salud.gob.mx/Observatorio/index.html
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI]. (2022). Encuesta Nacional sobre Discriminación [ENADIS] 2022. https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/enadis/2022/doc/enadis2022_resultados.pdf
- J. J. Caraveo-Anduaga, & N. A. Martínez-Vélez. (2019). Salud mental infantil: Una prioridad a considerar. Salud Pública de México, 61. https://www.researchgate.net/publication/332235704_Salud_mental_infantil_una_prioridad_a_considerar
- Secretaría de Salud [SSA]. (2022). 2º Diagnóstico operativo de salud mental y adicciones.https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/730678/SAP-DxSMA-Informe-2022-rev07jun2022.pdf