La CIA ha operado en México a lo largo de décadas. A veces de acuerdo con el Gobierno mexicano, a veces por la libre. De los casos de cooperación ya revelados con documentación oficial estadounidense destacan los de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, aunque muchos años antes el ex agente de la Central de Inteligencia de los años 60 y 70, Philip Agee, acantonado en nuestro País en 1968, lo dio a conocer en su libro “Inside the Company. CIA Diary” (1975).
Ambos, uno como Presidente de México, y el otro como Secretario de Gobernación, fueron “liaisons” (enlaces) con la CIA. No estamos hablando de funcionarios de segundo o tercer nivel, sino de un Presidente y de un Secretario de Estado. Para completar la lista, antes y después de Díaz Ordaz (1964-1970) y Echeverría (1970-1976), otros dos presidentes mexicanos colaboraron la CIA: Adolfo López Mateos (1958-1964) y José López Portillo (1976-1982).
Gerardo Arreola, reportero de La Jornada, lo entrevistó en 2008 y dice sobre Agee: “Su libro no fue el único, pero sí el primero que exhibió en extenso, y desde dentro, los trapos sucios de la CIA. Mostró que más allá de sus comprensibles relaciones con el Gobierno de Estados Unidos, Díaz Ordaz y Echeverría eran parte del Proyecto Litempo, el más importante de la agencia en México en los años 60, que incluía operaciones conjuntas y cooperación para la represión interna”.
“Como ‘oficial de caso’ de la CIA, Agee trabajó en México con un cargo de fachada, como agregado olímpico en la Embajada estadounidense, lo que le permitía moverse con holgura cuando todo en el País estaba condicionado por los juegos de 1968”.
Agee y muchos agentes más trabajaron bajo el mando de Winston Scott, quien operó en México de 1956 a 1969, con el propósito principal de espiar y contener las actividades de la ex URSS y Cuba durante el periodo más caliente de la Guerra Fría.
El año clave de las acciones de la CIA en el periodo de Scott fue 1968. La Agencia siguió muy de cerca el Movimiento Estudiantil y también las actividades de los Juegos Olímpicos, particularmente las de las delegaciones deportivas de la Unión Soviética y de Cuba. En México, extradeportivamente, no pasó nada con los atletas soviéticos y cubanos. No se fugaron ni hicieron declaraciones contra el capitalismo y el Gobierno de Estados Unidos. Lo único cierto es que fueron dos de los principales rivales deportivos de los estadounidenses. Y la única protesta de carácter político, por cierto, muy poderosa e impactante, fueron las de los velocistas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, quienes, al recibir las medallas, con un guante negro alzaron el puño que simbolizaba la protesta del Black Power contra el racismo blanco en Estados Unidos.
En estos días, la CIA tiene los ojos puestos sobre los narcos y los políticos coludidos con ellos y no por los comunistas, aunque no le guste nada el populismo asistencialista de Morena. Por eso anda muy activa en México, tal y como lo vimos en Chihuahua.
A diferencia del pasado, los colaboradores cercanos de la CIA en México no son la Presidenta o algún Secretario de Estado, sino la Gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y quizá algún otro del cual todavía no sabemos. Y también el Ejército Mexicano, el cual ha mantenido por décadas relaciones de colaboración con la Agencia de Inteligencia.
Ningún Gobernador está habilitado constitucionalmente para establecer acuerdos con la CIA. Se tendrá que investigar por qué ha sido así en Chihuahua y ver qué procede. Por lo pronto, muy seguramente le va a pesar electoralmente al PAN esta colaboración ilegal de la Gobernadora.
El caso Chihuahua confirma lo que he comentado varias veces en esta columna: la CIA, y otras agencias estadounidenses están metidas hasta el cuello en México y lo van a hacer más por la celebración de la Copa Mundial de Futbol y las elecciones de 2027. Van a vigilar más a los narcos y a los extranjeros que lleguen a México a propósito del futbol. Pero lo que más les interesa es la relación del crimen organizado con la política mexicana.
Es por esta razón que, en Sinaloa, los partidos políticos, candidatas y candidatos, deben tener mucho cuidado en lo que deciden y con quién se relacionan. Trump está urgido de pretextos para intervenir en México, máxime que la guerra con Irán no le está saliendo nada bien; así que los partidos, y especialmente Morena, por ser el partido gobernante, no puede cometer ningún error.
En Sinaloa, el calor de la contienda interna de los morenos amenaza con ser más intenso que el calor veraniego en nuestro estado. Al parecer no hay nada decidido en la candidatura a Gobernadora o Gobernador. Ningún aspirante cede, ni mujeres ni hombres. Tere Guerra no baja la guardia, ni Imelda Castro, ni Juan de Dios Gámez, ni tampoco Enrique Inzunza.
Claudia Sheinbaun parece cada vez más fortalecida al interior de Morena. Ya desplazó a Luisa María Alcalde, quien se había convertido en una rémora e integra a Citlalli Hernández y, muy seguramente, a Ariadna Montiel, para dirigir al partido y reforzar su posición para elegir a los candidatos a las gubernaturas. Palenque parece debilitado en este proceso, pero ante un animal político del tamaño de López Obrador, todo se puede esperar.