La teoría del autosecuestro de priistas. Rocha en el laberinto del triunfalismo

OBSERVATORIO
    De hecho, Rocha no ocupaba la intervención de los ejércitos de los capos para ganar la elección; ahora tampoco los necesita para gobernar.

    Había lanzado un día antes Rubén Rocha Moya el llamado a la unidad y reconciliación sin que se le notara la intención de echarle sal a la todavía sangrante herida poselectoral. No obstante, desde la visión del triunfador es difícil eludir la retórica temeraria del más fuerte y lanzó la conjetura de que pudieron ser autoinfligidas las privaciones de la libertad que el Partido Revolucionario Institucional denunció en perjuicio de algunos de sus cuadros directivos y candidatos, antes y durante la votación del 6 de junio.

    Sin mencionar por su nombre a quienes mete en el complot de la autovictimización, de seguro se refiere al Secretario de Organización del PRI de Sinaloa, José Alberto Salas Beltrán, supuestamente “levantado” en su domicilio horas antes de que se abrieran las casillas electorales, o la candidata de la coalición Va por Sinaloa a la Alcaldía de Badiraguato, Guadalupe Iribe, que denunció el secuestro de un hermano mientras transcurrían los comicios.

    Pero esto es algo más serio de lo que se supone y así resultara cierta la percepción del virtual Gobernador electo, el tema amerita llevarse ante las fiscalías y tribunales en vez de trivializarse en los rescoldos de la guerra por el poder, ya resuelta por cierto. ¿En qué orden es preciso practicar la “operación cicatriz” en Sinaloa? Primero los más dolidos sin la saña de la arrogancia que es como escarbar en carne viva.

    Podría ser que Rocha tenga las pruebas para sostener la afirmación de que los priistas “delinearon eso, empezaron a divulgar, no era en muchos de los casos la delincuencia, eran ellos, algunas incluso desapariciones de ellos las ponemos en duda, porque pueden ser autosecuestros” y al tratarse de actos punibles que alteraron el orden público podría ser llamado a aportar su hipótesis dentro de las carpetas de investigación si es que éstas existen.

    En cierta manera los dirigentes nacional y estatal del PRI contribuyen a que cobre fuerza la rumorología de la violencia asestada a sí mismo. El silencio que guarda Jesús Valdés Palazuelos en Sinaloa, y Alejandro Moreno Cárdenas en el ámbito nacional le deja el espacio libre al burlesco y grotesco cuchicheo popular del harakiri político. Excepto la batalla legal que abrió en Ahome Marco Osuna para denunciar hechos de violencia generalizada del 6 de junio, el partido hecho trizas en la jornada electoral luce con la dignidad también pulverizada.

    Se trata de dos cuestiones distintas, vinculadas por la circunstancia electoral. El triunfo de Rocha Moya no da elementos para impugnarlo porque se trata de una mayoría asignada por la vía democrática. Los sinaloenses les asestaron un rotundo rechazo a los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática y optaron por traer a Sinaloa la alternancia incuestionada que tardó décadas en llegar porque el accidente político de 2010 eligió como Gobernador a un priista, Mario López Valdez, disfrazado de panista.

    Lo otro es que la violencia electoral que brotó el 6 de junio en diferentes puntos de Sinaloa trae un terrible mensaje implícito que las mismas células criminales se encargan de divulgar y festejar para acentuar la idea de que ganaron la elección con la fuerza de las armas, capacidad de movilización de sicarios y potencialización del miedo, lo cual difunden a través de youtubers y plataformas digitales. Cuidado con esto porque la siguiente celebración del hampa podría ser por la conquista del dominio pleno sobre instituciones y ciudadanos.

    De hecho, Rocha no ocupaba la intervención de los ejércitos de los capos para ganar la elección; ahora tampoco los necesita para gobernar. Al margen de que células del narcotráfico se hayan aprontado o bien creado en redes esa estrategia para decirse facilitadores del resultado que arrojaron las urnas, es importante el deslinde de quien está a punto de ser declarado Gobernador electo, no tanto por dejar en claro las cosas sino más bien para disipar de una vez por todas la impertinente sombra que podría acompañarlo a lo largo del sexenio 2021-2027.

    Lo que hizo no fue desmarcarse sino darle más revuelto a aquello que poco a poco desvanecía en la conversación pública. Al soltar la presunción de que el PRI usó la violencia y las amenazas como estrategia política, llegando al extremo de suponer que los “levantones” son autosecuestros, reposiciona en las audiencias mediáticas un asunto que está lejos de sus atribuciones resolverlo o calificarlo ya que compete a la procuración y administración de justicia determinar si se trata de delitos auténticos o autofabricados.

    Y lo hizo en el mismo contexto en que convocó a los sinaloenses “a reconciliarse y transitar en sana paz” con un posicionamiento correcto, esperanzador y propio de quien tomará las riendas del estado el próximo 1 de noviembre. Tratándose de un hombre de horizontes amplios, creyente de la mediación y solidario con las víctimas, quizá solamente tuvo un lapsus de la altanería que asedia a los victoriosos y que luego la realidad se encarga de moderar.

    Reverso

    En su origen de maestro,

    Bien sabe que en el diccionario,

    La palabra autosecuestro,

    No es un término ordinario.

    Comparsa interminable

    No tiene la culpa Luis Guillermo Benítez sino los mazatlecos que lo reeligieron como Alcalde, así podría resumirse la respuesta a las próximas reclamaciones por las tropelías que cometa Su Graciosa Majestad “El Químico”. Pero no, el error fue de los partidos políticos incapaces de construir liderazgos confiables para competir contra la carnestolenda oferta política del Movimiento Regeneración Nacional. En fin, Mazatlán ya eligió a su rey feo del carnaval para los siguientes tres años y si no pues ahí está la asunción al trono, con oropel, confeti y banda, en el ostentoso concierto de Los Recoditos.